«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La causa del déficit de suministro es la escasa producción de energía eólica y solar

El fracaso de la «utopía verde» alemana: necesita energía nuclear francesa para mantener la luz encendida

Carteles de campaña de Friedrich Merz y Olaf Scholz.

Este otoño, Alemania afronta un nuevo episodio de tensión eléctrica. La caída simultánea de la producción solar y eólica ha provocado que el país genere menos energía de la que consume, obligándolo a importar electricidad del extranjero. Paradójicamente, tras el cierre definitivo de todas las centrales nucleares nacionales, buena parte de esa electricidad llega desde las plantas nucleares francesas que Berlín tanto criticó. Durante la mayor parte de octubre, la producción diaria no ha logrado cubrir la demanda interna.

El almacenamiento disponible en baterías apenas garantiza media hora de suministro, y las centrales de carbón y gas que aún podrían estabilizar el sistema no están operando a plena capacidad. La reserva estratégica de carbón, prevista sólo para emergencias, continúa sin activarse.

«La causa clara del déficit de suministro es la escasa producción de energía eólica y solar. Alemania depende considerablemente de las importaciones», explicó al diario Bild el economista energético Manuel Frondel, profesor del Instituto Leibniz RWI. En la misma línea, el profesor Andreas Löschel, de la Universidad del Ruhr (Bochum), subrayó que incluso cuando las centrales de carbón y gas podrían compensar la escasez, en ocasiones permanecen inactivas porque la electricidad importada resulta más barata, pese a que esas plantas están gravadas con impuestos.

Para hacer frente a los periodos de baja producción renovable, la ministra de Economía, Katherina Reiche (CDU), ha propuesto levantar nuevas centrales de gas con una capacidad total de hasta 20 gigavatios. Estas instalaciones estarían pensadas como energía de reserva, por lo que requerirían subvenciones estatales para seguir siendo rentables. Sin embargo, Der Spiegel reveló que la Comisión Europea ha limitado la expansión a un máximo de 12 o 12,5 gigavatios, al considerar que financiar esas plantas con dinero público equivaldría a otorgar ayudas estatales ilegales. Con ello, Bruselas restringe la capacidad de Alemania para garantizar un suministro eléctrico estable en momentos críticos.

No obstante, la Agencia Federal de Redes alerta de que, para mantener la seguridad energética, Alemania podría necesitar hasta 36 gigavatios adicionales de generación controlable. Una cifra que revela hasta qué punto la política energética alemana, guiada por el cierre nuclear y la fe ciega en lo «verde«, ha dejado al país expuesto a la dependencia exterior.

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