El presidente de Polonia, Karol Nawrocki, ha impulsado una apuesta decidida por la energía nuclear como eje central del futuro energético del país, descartando el gas natural como solución de transición y vinculando directamente el modelo energético a la seguridad nacional en un escenario internacional cada vez más inestable.
Antes de su participación en el Foro Económico Mundial de Davos, Nawrocki trasladó a empresarios y responsables políticos su visión estratégica: pasar directamente del carbón a la energía nuclear, sin depender de un combustible —el gas— que considera vulnerable a las tensiones geopolíticas y a la dependencia exterior.
A comienzos de año, el Parlamento polaco aprobó casi por unanimidad una ley que respalda la construcción de la primera central nuclear del país en Lubiatów-Kopalin, en la región de Pomerania. El proyecto contará con una inversión superior a 60.000 millones de zlotys (unos 14.000 millones de euros) y marca un punto de inflexión en la política energética nacional.
Las negociaciones para el contrato de ingeniería y construcción (EPC) de la central deberían cerrarse a mediados de este año. Paralelamente, se iniciarán los trabajos preparatorios del emplazamiento y de las infraestructuras asociadas. El Gobierno prevé que la solicitud formal para obtener el permiso de construcción sea presentada ante la Agencia Nacional de Energía Atómica en los próximos meses.
Desde el Ejecutivo subrayan que la decisión responde a criterios estrictamente pragmáticos y estratégicos. La energía nuclear, argumentan, ofrece una vida útil de entre 60 y 80 años, muy superior a la de las energías renovables, y no requiere los costosos sistemas de respaldo que estas necesitan. Además, permite sustituir progresivamente las centrales de carbón sin provocar el colapso económico de las regiones industriales.
Fuentes cercanas a la Presidencia explican que Nawrocki considera el gas natural un riesgo estructural. «El objetivo del presidente es evitar una transición precipitada que sustituya el carbón por gas y apostar directamente por la energía nuclear. La estabilidad es prioritaria, no solo desde el punto de vista económico, sino como elemento esencial de la seguridad nacional», señalan.
El planteamiento es compartido por antiguos responsables del sector energético, que advierten de la excesiva dependencia del gas importado. Polonia carece de recursos suficientes y se ve obligada a importar cerca del 80% del gas que consume, lo que lo convierte en un vector especialmente expuesto a crisis internacionales, conflictos y presiones políticas.
Según el calendario oficial, la construcción del primer reactor comenzará en 2028 y la central entrará en funcionamiento en 2036. Con este movimiento, Varsovia busca garantizar autonomía energética, competitividad económica y reducción de emisiones, reforzando su posición estratégica en una Europa cada vez más marcada por la incertidumbre.