Se han producido una serie de agresiones sexuales, manoseamientos y ataques con cuchillos en los baños termales de Havel en la ciudad de Werder (Alemania), unos hechos que han obligado a las autoridades del recinto a introducir cambios drásticos en sus protocolos de acceso y seguridad. Tras las primeras informaciones que hablaban genéricamente de «grupos de hombres», con el paso de los días se ha ido perfilando con mayor detalle el tipo de sospechosos implicados.
Los responsables del complejo, situado cerca de Potsdam, reconocen que la situación se volvió insostenible tras varios episodios de violencia y acoso tanto a clientes como a trabajadores. Andreas Schauer, director gerente de los Baños Termales Havel, explicó en declaraciones a distintos medios que hubo «problemas importantes con grupos masculinos», algunos de ellos bajo los efectos del alcohol, y que incluso se produjeron apuñalamientos en el aparcamiento.
A raíz de estos sucesos, la dirección decidió contratar seguridad privada y aplicar restricciones inéditas hasta ahora en el recinto. Entre las medidas adoptadas figura un sistema de control para evitar grandes desequilibrios entre hombres y mujeres: ningún sexo puede superar al otro en más de un 20%, y si se alcanza ese límite se limita temporalmente el acceso, aunque el aforo no esté completo.
Schauer también apuntó en Welt News que, aunque estas medidas suponen un coste elevado, resultan imprescindibles para garantizar la seguridad, y añadió que algunos visitantes proceden de entornos culturales donde no existen espacios de baño mixtos o desnudos, lo que obliga a extremar la prevención para evitar conflictos.
Inicialmente, medios como Remix News informaron de que «grupos de hombres» estaban detrás de los incidentes, sin que se ofrecieran datos sobre su identidad o nacionalidad. Con posterioridad, diversas fuentes han señalado que entre los principales sospechosos figuran hombres de origen extranjero, un extremo que vuelve a situar el debate sobre seguridad e integración en el centro de la discusión pública alemana.
Los hechos de Werder no son un caso aislado. En los últimos años, numerosas piscinas y complejos acuáticos en Alemania y Austria han registrado un aumento de incidentes como agresiones sexuales, peleas colectivas, faltas de respeto al personal y comportamientos violentos, lo que ha llevado a reforzar la presencia policial y a modificar normas de acceso en muchos establecimientos. En este caso, llama la atención que los sucesos se hayan producido en un complejo termal cubierto y de carácter más exclusivo.
Las estadísticas oficiales también reflejan un incremento de este tipo de delitos en instalaciones acuáticas. En Renania del Norte-Westfalia, el estado más poblado del país, los datos de 2024 indicaron que un 65% de los delitos contra la libertad sexual en piscinas fueron atribuidos a extranjeros, frente a un 35% cometidos por ciudadanos alemanes, sin que se haya detallado el origen de estos últimos.
En Baja Sajonia, las cifras han crecido de forma notable: los delitos en piscinas pasaron de 780 en 2023 a 1.286 en 2024, según datos del Gobierno alemán facilitados en respuesta a una pregunta parlamentaria de AfD. De los 116 casos de delitos sexuales registrados ese año, el 41,67% de los sospechosos eran extranjeros, entre ellos trece sirios y siete afganos.
Este panorama ha alimentado en Alemania un debate cada vez más intenso sobre las políticas de prevención, la gestión de la seguridad en espacios públicos y la adaptación de las normas sociales en un contexto marcado por una inmigración creciente, con voces que reclaman desde más vigilancia hasta reformas en los modelos de acceso a este tipo de instalaciones.