«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Ya ha superado las 200.000 entradas y se ha anunciado su estreno en Bélgica

Éxito en taquilla en Francia de la película del Sagrado Corazón pese a la censura impuesta por políticos y empresas públicas

Película del Sagrado Corazón. Redes sociales / Europa Press

Los cristianos no son ciudadanos de pleno derecho de la República francesa. No tienen los mismos derechos que los franceses considerados progresistas. A los tradicionalistas les investigan los servicios de información por considerárseles enemigos del Estado. Se reprimen con dureza sus manifestaciones, mientras los jueces y los policías consienten que numerosos delincuentes se muevan impunemente por el territorio, incluso los que tienen órdenes de expulsión. Los actos de odio, que el Estado apenas reprime o quedan impunes, se cuentan por cientos cada año. Y los funcionarios reconocen que son el objetivo del yihadismo.

A pesar de este trato, o quizás por él, el número de franceses que solicitan recibir el bautismo crece cada año. En la Semana Santa de este año, más de 17.000 adolescentes y adultos se bautizaron.

El último acto discriminatorio cometido por la República es la persecución a una película titulada Sacré Coeur: Son règne n’a pas de fin (Sagrado Corazón. Su reinado no tiene fin), de 95 minutos de duración y 900.000 euros de presupuesto. La cinta narra el nacimiento de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús a partir de las apariciones de Cristo ante la monja Margarita María Alacoque entre 1673 y 1675 y que condujeron a la instauración por la Iglesia de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús en 1856. Además de reconstruir las apariciones y el mensaje, da voz a docenas de personas que testimonian el efecto de esta devoción en sus vidas.

Algo desconocido para muchísimos católicos, incluso sacerdotes, ha hecho que parte del Estado francés no tema mostrarse como censor, desde antes incluso de su estreno. Las empresas públicas RATP, que gestiona los transportes públicos en la región parisina, y SNCF, de los ferrocarriles, se negaron a aceptar una campaña de carteles para promocionarla debido a su carácter «confesional y proselitista», según publicó Le Figaro. La calificaron de «sectaria e incompatible con la neutralidad del servicio público».

Al principio, Sacré Coeur estaba programada para estrenarse en sólo 155 salas del país, pero el agravio, difundido por las redes sociales y el grupo Bolleré, uno de los socios de la producción, aumentaron su conocimiento.

En la primera semana, acudieron a verla más de 42.000 personas. En la segunda semana, se añadieron 100 salas más a la lista; y a la tercera semana, la película contaba con 366 salas más. El martes 21 se registraron más de 10.000 espectadores. Antes de cumplirse un mes, ha superado las 200.000 entradas y se ha anunciado su estreno en Bélgica.

El éxito ha incitado el odio. La semana pasada, en Marsella, tercera ciudad francesa por población, su alcalde, el socialista Benoît Payan, canceló la proyección de la película en el castillo de La Buzine, de propiedad municipal, sólo una hora antes de su estreno, para lo que alegó un atentado a uno de los fundamentos del régimen republicano: el principio de laicidad. Aparte de su militancia en un partido masónico, Payan fue elegido gracias al voto de los musulmanes y depende de ellos para su reelección.

Uno de los directores, Steven James Gunnell, pidió en un vídeo a los marselleses que protestasen contra esta violación de la libertad de expresión: «No es posible que esta película sea boicoteada en Marsella. Marsella, la primera ciudad de Francia consagrada al Sagrado Corazón de Jesús!. En esta ocasión, la censura ha sido anulada. El pasado 25 de octubre, el tribunal administrativo de Marsella ordenó la reprogramación de las proyecciones de Sacré Coeur en La Buzine.

Ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad. El lema de la República francesa, elaborado a finales del siglo XVIII, ha sido refutado en numerosas ocasiones por sus más acendrados partidarios. Los primeros en sufrir la persecución de los republicanos fueron los habitantes de La Vendée, martirizados por docenas de miles. Junto a los católicos, otros franceses desprotegidos por el Estado francés son los judíos. Ante el aumento de la población musulmana desde finales de los años 60, llamada por los Gobiernos gaullistas, y su alianza con la izquierda contra Israel, los judíos se sienten tan inseguros que no para de crecer el número de los que abandonan Francia. La República francesa, sea la Primera, la Tercera o la Quinta, sigue persiguiendo a los católicos, aunque —eso sí— sin las guillotinas del pasado.

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