«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Existe el riesgo de que la Hermandad Musulmana se presente a las elecciones

Francia, laboratorio de sumisión: la estrategia de invasión islamista que debería alarmar a toda Europa

Emmanuel Macron anuncia una ley de eutanasia en las próximas semanas. Europa Press.
Emmanuel Macron anuncia una ley de eutanasia en las próximas semanas. Europa Press.

Hace exactamente un año se publicaba una entrevista a Florence Bergeaud-Blackler, intelectual francesa dedicada al estudio de la expansión y evolución de la Hermandad Musulmana en Europa y su influencia en las comunidades musulmanas locales en un contexto secular a lo largo de medio siglo. Allí, Bergeaud-Blackler explicaba que la Hermandad Musulmana tiene una visión y un plan secreto inaceptable en una democracia.

Agregaba que, como organización, pretende ser considerada como inofensiva, como un movimiento social de ayuda y que, en el entorno europeo, no utilizan la violencia física, sino psicológica, para hacer que la sociedad sea compatible con la ley musulmana. La Hermandad es literalista, legalista, dogmática y fundamentalista del islam, y pretende ser el motor de las diferentes corrientes dispersas del islam para guiarlas hacia el Califato global.

La Hermandad Musulmana se fundó en Egipto en 1928, cuando Hasan al-Banna y otros hermanos redactaron su credo. Poco después, al-Banna recurrió a Hitler y encontró en él una profunda inspiración, de quién aprendió el poder de la propaganda contra los judíos. La Hermandad formó su propia división de propaganda cuyo principio fundamental no es que todos los judíos sean malvados, sino que todo mal es judío. A partir de 1935, la Hermandad envió delegaciones a los mítines nazis en Núremberg y en 1938, encabezaron manifestaciones contra los judíos egipcios y celebraron la Conferencia Parlamentaria para Países Árabes y Musulmanes en El Cairo, donde distribuyeron traducciones al árabe de Mein Kampf y los Protocolos de los Sabios de Sión. Si bien tiene como objetivo el califato global, es en Europa donde disfruta de su mayor éxito. Por su afán universalista, en muchos países de Oriente Medio la Hermandad Musulmana está proscrita.

Pero esta semana la Hermandad Musulmana se volvió famosa. Un escándalo político sacudió al gobierno francés. Manos anónimas filtraron al diario Le Figaro un informe gubernamental de 73 páginas sobre la infiltración islamita en la sociedad francesa, que describe la ofensiva lanzada por los Hermanos Musulmanes como parte de una estrategia agresiva destinada a establecer la Sharia en el país.

A raíz de la filtración, el miércoles se convocó un consejo de defensa para abordar las alarmantes conclusiones del informe y tratar de responder a la agitación pública suscitada por su contenido. El presidente Macron se declaró sumamente enojado con la filtración del informe, así como insatisfecho por la falta de soluciones por parte de sus ministros. Una payasada completa, si consideramos que el gobierno de Macron está atado con alambre, que sus alianzas están siempre al borde de la ruptura y que el informe justamente llegó a la prensa de manos de sus más altos funcionarios a modo de zancadilla debido a la inacción del oficialismo respecto de la invasión islamista inexorable y del peligro electoral que representan para la casta francesa.

Y es más payasada aún, porque resulta evidente que ni la clase política, ni el gobierno ni el ciudadano de a pie necesita de ese puñado de páginas para darse cuenta de que Francia está penetrada hasta los huesos de una corriente que ha venido conquistando cada rincón físico y simbólico del país desde hace décadas.

Una encuesta de hace casi 5 años reveló que el 65% de los musulmanes adolescentes en Francia consideraban a las leyes del islam por encima de la República. La radicalización de los últimos años puede proyectar este porcentaje a niveles escandalosos. Sin ir más lejos, el fenómeno ha sido identificado por la despreciada y estigmatizada «ultraderecha» que, por denunciar lo mismo que dice el informe del gobierno, ha sufrido cordones sanitarios permanentes al punto de quedar marginada del gobierno (y ahora de la posibilidad de ser elegida), siendo la corriente política más votada.

Pero ver por escrito, con membrete oficial y todo, el avance del plan de invasión islamista es algo que la cuna de lo políticamente correcto jamás habría soñado. Y sin embargo, ahí está: negro sobre blanco, como una herejía institucional.

La izquierda, ni corta ni perezosa, se apresuró a denunciar la «islamofobia» del informe ¡que está repleto de datos!; cosa que no sorprende porque para la izquierda los datos son siempre una expresión de intolerancia. Jean-Luc Mélenchon, líder del partido La France Insoumise cree que «la islamofobia ha traspasado un umbral», pero su respaldo al islamismo tiene sentido ya que más del 70% de los musulmanes apoya a esta fuerza y lo último que necesita es que un partido exclusivamente musulmán le coma los votos.

Lo cierto es que el documento proporciona pruebas fehacientes de la sumisión de la sociedad francesa a las exigencias islamistas, incluso en lo que respecta a costumbres que no comparte. El informe, preparado por altos funcionarios, desnuda la naturaleza antirrepublicana y subversiva de los Hermanos Musulmanes. Sin embargo reconoce que el movimiento no fue considerado una amenaza prioritaria, lo que permitió que su ideología se filtrara subrepticiamente, para así absorber fondos europeos, consolidar alianzas internacionales y reclutar a una juventud cada vez más radicalizada.

No se trata de redes terroristas, sino de una ofensiva de largo plazo cuyo objetivo es subvertir el sistema normativo para allanar el camino a la aceptación de la sharía. La estrategia comienza por el adoctrinamiento en escuelas, y se extiende a todo tipo de instituciones deportivas, financieras, culturales o de fomento; hasta el lobby de la Hermandad en el Parlamento Europeo. La red, financiada por Qatar y Kuwait mayormente, forma a sus propios educadores que transmiten contenidos que legitiman el antisemitismo, la yihad, la misoginia y la homofobia. La cosmovisión impartida determina que la sharía es ley suprema, que la democracia es una amenaza para su fe.

Se forja así una élite militante que domina el lenguaje republicano y derechohumanista a su antojo para infiltrarse sin levantar sospechas. No busca coexistir, sino transformar mediante el clientelismo, la colonización del tejido social y la explotación estratégica de los derechos democráticos. Una vez legitimados, vigilan el discurso público y atacan a quienes discrepan, presionan a autoridades y lanzan campañas coordinadas de intimidación en redes.

Asimismo, describe que el uso del velo es una herramienta política. Su presencia masiva en el espacio público no es una postura religiosa sino política, razón por la cual es necesario que muchas mujeres circulen cubiertas con velos y burkas típicos para obtener legitimidad visual. El velo como soporte identitario es una constante que se viene repitiendo en los medios, la industria de la moda, el espectáculo, etc.

El informe hace especial hincapié en la estrategia artera de la acusación de «islamofobia» como arma para cancelar críticas, desacreditar y silenciar opositores y en su corolario: la victimización, que ha demostrado ser un brillante método para ganarse los corazones woke. La subversión del marco normativo es esencial para esta estrategia ya que permite controlar el debate público permitiendo la judicialización por «islamofobia».

La investigación presenta un diagnóstico alarmante acerca de la extensión de la red, que ha crecido últimamente gracias a la propaganda coordinada de la «causa palestina», el nuevo tótem de la izquierda desde la invasión y el pogromo realizados por el gobierno de Gaza a Israel el 7 de octubre de 2023.

Florence Bergeaud-Blackler sostiene que las manifestaciones francesas en apoyo a Palestina se apalancan en las redes de la Hermandad Musulmana, activas en todas las universidades, y que sólo una minoría de estudiantes se manifiesta. La mitad de los manifestantes no son de la universidad sino activistas formados por el tejido del «entrismo». Pero el problema, según explica la investigadora, no son las cifras; y toma como ejemplo el caso de Samuel Paty, el profesor decapitado, que ha servido como aleccionador para el resto de los docentes. Actualmente, más del 70 % del profesorado no imparte temas que puedan terminar en su propia tortura y asesinato: “con un asesinato, una decapitación, puedes influir en 100.000 personas«.

El entrismo se implementa mediante un «ecosistema de fraternidad» integrado por asociaciones civiles organizadas alrededor de las mezquitas, como epicentro de actividades comunitarias destinadas imponer a los cargos electorales locales e intervenir en la vida privada ejerciendo un control social que impone el uso del velo, la barba, la vestimenta islámica y la observancia del ayuno del Ramadán. La Hermandad tiene por objetivo regular la vida del musulmán desde su nacimiento hasta su muerte.

Gracias a la publicación del informe, el gobierno no puede ocultar las pruebas que confirman la amenaza existencial de toda la nación. Durante la semana, el partido de Emmanuel Macron solicitó medidas para frenar la invasión islamista, como prohibir a las menores de 15 años usar el velo musulmán en espacios públicos o tipificar como delito la coacción contra los padres que obligan a sus hijas a usarlo. Superficialidades que ya se han intentado con nulo éxito. Mientras tanto, avanzan las zonas de Francia en las que el gobierno no tiene siquiera la posibilidad de entrar, mientras se naturalizan los actos terroristas y el miedo o la cobardía hacen retroceder a todo el tejido social y jurídico ante la conquista descarada.

Justamente, una de las razones por las que su ministro Retailleau “desclasificó» este informe son las elecciones locales de 2026 en Francia, en las que, según el político, existe el riesgo de que la Hermandad Musulmana se presente a las elecciones logrando gobernar ciudades y municipios, como ya ocurre en el Reino Unido en proporción alarmante.

Alexander del Valle, ex asesor de defensa nacional de Francia advirtió en una entrevista que: “Diez años después de la llegada de Jomeini al poder en 1989, la fatwa contra Salman Rushdie traumatizó a Inglaterra. Nos hemos dado cuenta de que una gran parte de las asociaciones que representan al Islam en Inglaterra, estrechamente vinculadas al medio paquistaní y a los círculos radicales indio-musulmanes, se han radicalizado y han apoyado la fatwa iraní. Una gran parte de la opinión pública quedó atónita al ver esta demostración de fuerza por parte de unos islamistas, hasta entonces pacíficos, que retomaron la causa llamando al asesinato y desencadenando violencia, manifestaciones e intimidaciones. Veinte o treinta años después del inicio de la inmigración islámica, ya tenemos una primera generación de musulmanes ingleses que están empezando a despertar interés en lo que Gilles Keppel ha llamado el voto musulmán. Bradford, Leeds y otros lugares de Inglaterra se han convertido en bastiones islámicos, alentados por la propaganda de la Hermandad Musulmana«.

Para confirmar estas predicciones, esta semana la concejal musulmana Rukhsana Ismail se convirtió en alcaldesa de Rotherham, la ciudad que fue epicentro de la violación y tortura de miles de niñas británicas ¡durante décadas! a manos de bandas de musulmanes pakistaníes cuya cultura y moral les permitía considerar a esas pequeñas menos que un perro; mientras el gobierno y la sociedad las abandonaba a su suerte. David Cameron encargó en Gran Bretaña una investigación similar sobre la Hermandad Musulmana hace una década con similares resultados. ¿Qué ocurrió? Nada. Aquel informe no sirvió de nada, como no servirá hoy el informe francés.

Ambas naciones, como muchas otras de Europa occidental, están condenadas demográfica, electoral, cultural, jurídica, económica, educativa y organizativamente. Es necesario ser realistas. Pero este informe lapidario debe ser un llamado urgente para el resto del viejo continente, porque está al borde del precipicio.

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