«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
No es la primera vez que Meloni rechaza la agenda fanática verde

Giorgia Meloni califica de «locura ideológica» la decisión de Bruselas de prohibir los coches diésel y gasolina a partir de 2035

Giorgia Meloni. Europa Press

La ruina de la industria alemana, la acusación de «fraude» de Donald Trump al «cambio climático» y el abandono por parte de Bill Gates de la histeria climática: la realidad reciente conspira cada vez más contra la empobrecedora Agenda Verde de la Unión Europea, y cada vez son más las voces que piden detener la demencia ecológica. La última voz en sumarse a este coro ha sido la de la presidenta del Consejo de Ministros de Italia, la soberanista Giorgia Meloni, que ha calificado de «locura ideológica» la decisión de Bruselas de prohibir los coches de gasolina y diésel dentro de diez años.

En una entrevista concedida al medio italiano Open, ha afirmado que «carece de sentido autoimponerse un veto a la producción de coches diésel y de gasolina desde 2035». No es la primera vez que Meloni reacciona contra una agenda fanática que está llevando a Europa a la ruina, y de hecho lo ha repetido en la Cámara de Diputados italiana y en el Consejo Europeo.

Meloni no se opone en absoluto al coche eléctrico, pero se niega a convertirlo en la opción obligatoria para los conductores europeos. Se decanta, más bien, por una «neutralidad tecnológica», basada en la libertad del consumidor y al fomento de soluciones alternativas como biocarburantes, combustibles sintéticos o hidrógeno. Por otra parte, añade la líder soberanista, la rígida medida de Bruselas expone a los países europeos a una dependencia estratégica con respecto a las baterías y materias primas chinas.

La oposición a la prohibición de los vehículos de combustión interna dentro de la Unión Europea es tan vieja como la absurda medida. Hace tres años, el entonces Gobierno soberanista polaco llegó incluso a proponer una coalición de países contra una directiva que hundía el sector europeo de la automoción.

De hecho, la drástica medida ya ha dividido Europa entre partidarios y opositores, incluso dentro de los propios países. Así, en Alemania, el país que más tiene que perder con la prohibición, su canciller, Friedrich Merz, es partidario de eliminar el veto, asegurando que Bruselas no debe imponer a los ciudadanos la obligatoriedad del coche eléctrico o alguna alternativa similar, pero sus socios de coalición, los socialistas del SPD, se inclinan por mantener el objetivo de «emisiones cero» que ha motivado la prohibición. 

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