«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La ley islámica se aplica de facto en algunos enclaves europeos

La proliferación de sistemas judiciales paralelos que aplican la sharía pone en jaque a Europa

Dos mujeres con burka. Europa Press

En el mosaico multicultural de Europa, la inmigración masiva ha traído consigo profundos desafíos al Estado de Derecho. Mientras los gobiernos europeos toleran e incitan la llegada de millones de inmigrantes ilegales, sobre todo de origen musulmán, han surgido sistemas informales de justicia basados en la sharía —la ley islámica— que operan en las sombras, al margen de las leyes nacionales. Estos juicios paralelos no son meras anécdotas o teorías conspirativas; informes oficiales, investigaciones periodísticas y casos documentados revelan su existencia en varios países, donde resuelven disputas familiares, matrimoniales e incluso penales, socavando la igualdad ante la ley e incluso los derechos de las mujeres.

Informes gubernamentales y estudios independientes exponen cómo la sharía se aplica de facto en enclaves europeos, amenazando la cohesión social. Además, estos mecanismos paralelos ocultan la verdadera magnitud de los problemas, ya que los delitos resueltos internamente no figuran en las estadísticas policiales, dejando un vacío en el conocimiento oficial sobre la violencia en barrios periféricos europeos.

El caso más alarmante se da en el Reino Unido, donde los «consejos de la sharía» funcionan como un sistema paralelo arraigado en comunidades musulmanas conservadoras. Según un informe independiente encargado por el Ministerio de Justicia británico en 2018, estos consejos —estimados en hasta 85— actúan como tribunales informales para resolver divorcios islámicos (talaq), herencias y custodias, con un sesgo sistemático contra las mujeres.

Aunque no tienen validez legal en el derecho británico, miles de musulmanes los utilizan, evitando los tribunales civiles. Por su parte, la investigación del Comité de Asuntos Internos del Parlamento británico, lanzada en mayo de 2021, recopiló evidencias que confirman cómo estos consejos promueven la poligamia y la herencia desigual, violando la legislación británica. A través de una serie de informes oficiales se documenta que estos consejos validan uniones poligámicas no registradas, dejando a esposas secundarias sin derechos legales y aconsejando a mujeres aceptar la situación para evitar «deshonra».

Sobre herencias, otros informes detallan la regla islámica estándar por la cual las hijas reciben sólo la mitad de la porción de los hijos, aplicada rutinariamente en disputas resueltas al margen de la ley británica de igualdad. Testimonios orales como los de Elham Manea y Pragna Patel alertan de que estas prácticas perpetúan un sistema paralelo que discrimina sistemáticamente a las mujeres y evade los tribunales civiles.

Una investigación de la BBC en 2013 reveló que en el consejo islámico de dharia de Leyton un líder religioso aconsejó a una víctima de violencia doméstica que «la policía es el último recurso… Si él se pone tan agresivo, empieza a golpearla, por supuesto que debe reportarlo, pero eso no está permitido (refiriéndose a la Policía)».

Nazir Afzal, fiscal británico, calificó este consejo de «peligroso» porque disuade a las mujeres de buscar ayuda, permitiendo que el abuso permanezca oculto y no entre en los registros policiales. Por su parte, un informe académico de 2011, liderado por la profesora Gillian Douglas (Universidad de Cardiff), documenta que los consejos de sharía dedican el 90% de su tiempo a cuestiones matrimoniales y operan mediante mediación obligatoria de reconciliación —enfocada en salvar el matrimonio en lugar de resolver disputas— al margen de cualquier notificación de disputas a las autoridades policiales.

En Suecia, Bélgica, Alemania y Países Bajos

En Suecia, un controvertido fallo del tribunal de Solna en 2018 ilustró la infiltración de principios similares a la sharía en el sistema judicial estatal. Un hombre musulmán fue absuelto de agredir a su esposa. Cuetionó la credibilidad de la víctima por no resolver el conflicto dentro de la «comunidad musulmana» y justificó la violencia como culturalmente aceptable en ciertos contextos. Este veredicto provocó numerosas condenas políticas y un debate nacional, evidenciando cómo normas religiosas pueden influir en algunas decisiones judiciales.

Bélgica va más allá, con ejemplos claros de radicalización institucionalizada. En septiembre de 2011, el grupo extremista Sharia4Belgium inauguró un tribunal de sharía en el distrito de Borgerhout, Amberes, mediando disputas familiares para inmigrantes musulmanes. Vinculado a figuras como Anjem Choudary, el tribunal desafiaba el derecho civil belga, negando igualdad en matrimonios y educación, y planeando extenderse a casos penales. Expertos legales advirtieron que esto obstaculizaba investigaciones de «crímenes de honor», como matrimonios forzados (penados con dos años de cárcel y 2.500 euros de multa en Bélgica). Aunque Sharia4Belgium fue disuelto en 2012 por incitación al odio, el caso ilustra cómo grupos radicales de origen musulmán establecen estructuras paralelas al margen del Estado de Derecho.

Alemania no escapa a esta tendencia. Un estudio de 2011 del Middle East Forum documentó cómo «jueces de paz» musulmanes —imanes y mediadores— resolvieron disputas penales en ciudades como Berlín y Frankfurt antes de que interviniera la policía, creando un «sistema de justicia paralelo». En 2007, un fallo judicial en Fráncfort citó el Corán para denegar protección a una mujer contra su esposo violento, argumentando que «el marido tiene derecho a golpear a su mujer moderadamente» bajo la sharíaa. La ministra bávara de justicia en 2012, Beate Merk, condenó estos «tribunales de sótano» por perpetuar desigualdades en custodia infantil y arbitraje marital. Por último, un informe de 2025 del Women’s Policy Centre alerta que estos foros islámicos niegan el acceso a la justicia estatal a mujeres y niños vulnerables.

En los Países Bajos, la preocupación también crece ante este tipo de tribunales islámicos. Un informe del Ministerio de Justicia de 2012 concluyó que mediadores islámicos resuelven divorcios y herencias bajo la sharía en comunidades marroquíes y turcas, evitando juicios civiles. Maurits Berger, en un estudio de 2013, documentó la existencia de estos foros que promueven la poligamia.

La sharía no es un espectro lejano, sino una realidad en enclaves donde el Estado cede terreno. En Francia, un informe desclasificado de 2025 sobre los Hermanos Musulmanes advierte de una «infiltración» que erosiona el laicismo, aunque sin tribunales formales. La consecuencia es clara, mujeres expuestas a violencia sin protección legal, niños criados en dualidad normativa y sociedades fragmentadas, con la verdadera escala de los abusos oculta por la falta de denuncias policiales.

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