En todos los países de Europa Occidental pasa lo mismo, sobre todo los gobernados por los progresistas: alfombra roja para quienes irrumpen vulnerando las fronteras. En el Reino Unido el trato es, sin duda, el más exquisito. La última dosis de radicalización administrada a los trabajadores británicos es la reserva para solicitantes de asilo, que suelen ser afganos, pakistaníes, iraquíes o eritreos, de cuatro chalés adosados con suelo radiante, baño-suite y cargadores para coche eléctrico. Cada una de las viviendas, construidas en un pueblo del condado de Suffolk (ribereño con el mar del Norte), se vende en más de 300.000 libras.
La avalancha de inmigrantes ilegales que entra en el Reino Unido es tan grande que las autoridades, en vez de deportarlos o cortarles todo subsidio, los colocan en hoteles de tres o cuatro estrellas o alquilan viviendas por todo el país, con lo que elevan los precios para los nativos. A finales de julio, el número de personas que había cruzado el canal de La Mancha ascendió a 25.436, según el Ministerio de Interior. En el mismo período de 2024, la cifra fue de 16.842; y en los siete primeros meses de 2023, de 14.732.
Los solicitantes de asilo gozan de un estatuto todavía más privilegiado. Más de 32.000 aspirantes a la condición de refugiados habitan 210 hoteles a lo largo del país. Esta política de alojamiento, comenzada por los Gobiernos conservadores (2010-2024) y mantenida por el Gobierno socialista, supone un gasto diario de casi siete millones de euros para los contribuyentes, a los que, encima, los políticos están recortando subsidios. En junio de 2023, con el conservador Rishi Sunak como primer ministro, 51.000 peticionarios estaban repartidos en 400 hoteles y el gasto rondaba los nueve millones de euros diarios.
El Gobierno laborista se ha comprometido a poner fin a este programa en 2029, pero mientras tanto sigue con él. ¿Van a consistir los «alojamientos alternativos» para los extranjeros en viviendas de lujo?
Ningún punto del Reino Unido parece librarse de estos invitados no solicitados. Según publicó el diario The Sun, el 31 de agosto, en un pueblo del condado de Suffolk, en la costa del mar del Norte, el Gobierno alojó a un grupo de solicitantes de asilo en cuatro viviendas nuevas, de tres habitaciones cada una, valorada cada una de ellas en 300.000 libras. Los cuatro inmuebles adosados están equipados con baños en suite, cocinas con electrodomésticos de últimos modelos y comodidades como la calefacción por suelo radiante y puntos de carga para vehículos eléctricos.
Los solicitantes de asilo que viven en las propiedades lo hacen sin pagar alquiler, que para una vivienda similar en ese pueblo oscila en torno a las 1.200 libras mensuales. Las casas han salido del mercado de vivienda al haberlas arrendado la empresa Serco, que cotiza en bolsa y cuyo principal cliente es el Gobierno británico, mediante un contrato con el Ministerio del Interior.
En el momento de publicarse el reportaje, sólo se había instalado una familia, que llegó por vías legales. ¿Se trata de algunos de los miles de afganos que instalándose en el país con la excusa de tener su vida en peligro o de haber trabajado para las fuerzas británicas?
Mientras tanto, los últimos datos del Consejo del Condado de Suffolk indican que en 2024 había casi 800 personas esperando la entrega de una vivienda por parte de los ayuntamientos o de alguna asociación benéfica.
Los nuevos vecinos han irritado a los habitantes. Susan, de 64 años, dijo al The Sun: «Estamos pagando todo esto. ¿Por qué nos esforzamos tanto para que los solicitantes de asilo lo consigan todo gratis?». Laura Garland, de 40 años, madre de dos hijos, declaró que había muchos contribuyentes nacidos en Gran Bretaña que no podían acceder a una vivienda. Por último, Clive Bloomfield, de 62 años y residente del pueblo desde siempre, lamentó que «nuestras opiniones no parecen contar».
Sin embargo, siempre hay gente que aplaude esta invasión y la discriminación de sus compatriotas. Lizzie Simmonds declaró que ella y su madre habían estado proporcionando suministros básicos a los recién llegados del pueblo y añadió que los inmigrantes merecían las oportunidades que el Reino Unido podía ofrecerles.
Como la avalancha de inmigrantes y el abuso gubernamental no se pueden parar mediante encuestas, manifestaciones ni juicios, a los ciudadanos sólo les queda el voto. Una nueva encuesta, conocida a finales de agosto, confirmaba el primer puesto para el partido Reform, de Nigel Farage, que tendría la mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes. Lo malo es que faltan casi cuatro años para las próximas elecciones, pero también puede ocurrir que para entonces el Partido Conservador haya desaparecido y el Laborista se quede por debajo de los cincuenta diputados.