«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Cientos de banderas nacionales ondeaban al grito de "ley y orden"

Miles de holandeses se manifiestan contra la «invasión» migratoria que sufre el país días antes de las elecciones que apuntan a Wilders como favorito

Manifestación contra la inmigración. Redes sociales

Países Bajos dice basta a la inmigración ilegal. El pasado domingo 21 de septiembre, miles de patriotas salieron a la calle a manifestarse contra el caos migratorio que atraviesa el país, en una concentración celebrada en La Haya que refleja el creciente malestar de la sociedad neerlandesa.

La convocatoria había sido impulsada en redes sociales por una joven conocida como «Els Rechts», que reclamaba endurecer las políticas de asilo y cerrar las puertas a la inmigración masiva que, en opinión de muchos ciudadanos, ha desbordado ya la capacidad del Estado. Aunque la intención era una protesta pacífica, la tensión acumulada se transformó en choques con la Policía, en lo que para muchos es la consecuencia inevitable de ignorar durante años las quejas de la población.

En el centro de la capital política del país, cientos de banderas nacionales ondeaban al grito de «ley y orden». Muchos de los participantes acusaban al actual Gobierno interino de mirar hacia otro lado ante los problemas de seguridad y convivencia generados por la entrada masiva de inmigrantes. «Estamos hartos de que nos llamen extremistas por defender a nuestro propio pueblo», señalaba un asistente.

La presión social aumenta a pocas semanas de las elecciones anticipadas del 29 de octubre, que fueron convocadas tras la caída del Gobierno por las discrepancias sobre la política migratoria. Geert Wilders, líder del Partido por la Libertad (PVV), quien no intervino en la protesta y lidera todas las encuestas, ha insistido en que el fondo del problema sigue siendo la pasividad de las élites ante la crisis migratoria.

Durante la manifestación, algunos grupos bloquearon carreteras y se registraron incidentes con la Policía, que empleó gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a los concentrados. También hubo daños en la sede del partido progresista D66, fuerza política que defiende las fronteras abiertas y ha sido señalada por muchos como corresponsable de la situación actual.

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