Un inmigrante argelino de 34 años que reside ilegalmente en Francia ha sido detenido y puesto a disposición judicial acusado de violar a una mujer de 79 años en su propio domicilio, tras ganarse su confianza en un supermercado del distrito 20 de París. El ataque tuvo lugar en abril de 2024, y desde entonces el sospechoso permanece en prisión preventiva.
Según la investigación, el hombre conoció a la anciana el 14 de abril, alrededor de las seis y media de la tarde, cuando se ofreció amablemente a ayudarla a llevar sus compras. Ella aceptó su ofrecimiento y, en agradecimiento, lo invitó a subir a su casa para compartir una copa de vino. Lo que comenzó como un gesto de cortesía terminó, según la fiscalía, en una agresión sexual violenta. La víctima declaró que el individuo la tocó contra su voluntad y acabó violándola, pese a sus repetidas súplicas para que se detuviera.
Después del ataque, el agresor habría abandonado el piso diciéndole a la víctima que «quizá se volverían a ver». Esa misma noche, la mujer contactó con la policía para denunciar los hechos. Al día siguiente, durante una visita de los agentes a su domicilio, el presunto agresor llamó por teléfono y fue escuchado por uno de los policías, que lo oyó identificarse con un nombre falso. Poco después, los investigadores lograron arrestarlo. Las pruebas de ADN obtenidas de la ropa y del pecho de la víctima confirmaron su implicación directa.
Durante los interrogatorios, el acusado negó en un principio cualquier contacto físico, aunque más tarde reconoció que sí hubo acercamientos de carácter sexual, insistiendo en que no llegó a producirse una penetración. Su abogado, Julien Zanatta, defiende que la acusación se basa principalmente en el testimonio de una persona «frágil y con problemas cognitivos», alegando que incluso sus familiares han mencionado episodios anteriores de falsas acusaciones.
Ante el tribunal, el hombre proclamó su inocencia: «No violé a esa mujer», aseguró. De profesión mecánico, lleva nueve años viviendo sin papeles en el departamento de Seine-Saint-Denis. No tiene antecedentes penales y las evaluaciones psiquiátricas no han detectado trastornos mentales, aunque la policía lo describe como alguien que «vive en la clandestinidad», sin domicilio estable, sin empleo formal y con una fuerte dependencia del alcohol. La defensa sostiene que el ADN únicamente demuestra su presencia en la vivienda, pero no una violación.
El caso ha reavivado el debate sobre el incremento de agresiones sexuales cometidas por inmigrantes en situación irregular, especialmente contra mujeres de edad avanzada. En los últimos años, Francia ha registrado varios episodios similares que han conmocionado a la opinión pública.