La Comisión de Igualdad y Derechos Humanos de Reino Unido (EHRC) ha confirmado formalmente que los espacios de un sólo sexo, como baños, vestuarios y cambiadores, deberán regirse por el sexo biológico y no por la identidad de género. La medida supone uno de los giros más relevantes de los últimos años en el debate británico sobre la ideología trans y la protección de los espacios femeninos.
La nueva guía, publicada este jueves 21 de mayo, llega después de la histórica sentencia del Tribunal Supremo británico, que determinó que la definición de «sexo» recogida en la Ley de Igualdad debe entenderse como sexo biológico, no como identidad de género.
Bajo el nuevo código de buenas prácticas, los trans —varones biológicos que se identifican como mujeres— no deberían utilizar, por regla general, los baños o vestuarios reservados exclusivamente a mujeres. Del mismo modo, los hombres trans no deberían acceder de forma general a instalaciones reservadas sólo a hombres.
La EHRC recomienda que, cuando sea posible, las instituciones y organizaciones habiliten espacios neutros o instalaciones separadas para dar respuesta a estos casos sin comprometer los espacios protegidos por sexo.
La guía se aplicará a una amplia variedad de lugares públicos y privados, entre ellos gimnasios, hospitales, restaurantes, centros de trabajo, centros comerciales, colegios e instalaciones deportivas.
El nuevo código entrará ahora en un periodo de revisión parlamentaria de 40 días antes de convertirse formalmente en una orientación estatutaria con autoridad legal. Una vez aprobado, tribunales y organismos administrativos deberán tenerlo en cuenta al interpretar las obligaciones derivadas de la Ley de Igualdad.
La decisión ha sido recibida como una victoria por sectores conservadores, feministas críticas con la ideología de género y grupos defensores de los derechos de las mujeres. Para estos colectivos, la guía devuelve claridad jurídica tras años de ambigüedad institucional, presión activista y conflictos en torno al acceso de varones biológicos a espacios femeninos.
El fallo del Supremo y la nueva guía de la EHRC validan una tesis defendida durante años por estos sectores: que las protecciones legales basadas en el sexo deben asentarse en la realidad biológica y no en la autoidentificación subjetiva.
El giro británico se produce además en un contexto internacional más amplio. En Estados Unidos, la segunda Administración de Donald Trump ha impulsado una revisión de políticas de género promovidas durante años por el progresismo en instituciones federales, educativas y deportivas. Reino Unido parece ahora avanzar en una dirección similar: recuperar criterios objetivos en materia de sexo, seguridad, privacidad y protección de mujeres y niñas.
La medida también refleja un cambio político interno. Tanto gobiernos conservadores como laboristas han empezado a distanciarse de las posiciones más radicales sobre autodeterminación de género, especialmente ante la creciente preocupación social por el impacto de esas políticas en cárceles, hospitales, deportes, colegios y espacios reservados a mujeres.
Los grupos progresistas y activistas trans han reaccionado con dureza. Acusan a la EHRC de legitimar la discriminación contra personas trans y sostienen que las nuevas reglas podrían excluirlas de la vida pública o generar situaciones humillantes en entornos cotidianos como el trabajo, los restaurantes o los gimnasios.
Sin embargo, el eje de la decisión es otro: la recuperación del principio de que los espacios femeninos existen para proteger la privacidad, la seguridad y la dignidad de las mujeres como categoría basada en el sexo. Durante años, ese principio fue relativizado por el avance de la autodeterminación de género; ahora, Reino Unido empieza a reconstruir una frontera legal clara.