El principal centro de registro de solicitantes de asilo de Países Bajos, ubicado en Ter Apel, vuelve a estar completamente desbordado, en medio de un aumento constante de inmigrantes y episodios de violencia que evidencian el deterioro del sistema.
Las instalaciones albergan actualmente a más de 2.170 personas, superando ampliamente su capacidad oficial de 2.000 plazas. En apenas una semana, el número de inmigrantes creció en 136 personas, obligando a las autoridades a activar medidas de emergencia.
El organismo responsable de la acogida, la Agencia Central para la Recepción de Solicitantes de Asilo (COA), ha tenido que reabrir y mantener operativos centros que estaban previstos para cerrar, en un intento de contener la presión. El problema ya no es puntual, sino estructural: todos los centros de acogida del país están llenos.
Para gestionar el desbordamiento, se están utilizando de forma permanente instalaciones temporales en localidades como Hardenberg, Epe y Harderwijk. Sin embargo, el cierre de anteriores centros de crisis ha agravado la situación, concentrando aún más la presión en Ter Apel.
La saturación no sólo genera problemas logísticos, sino también consecuencias económicas. En octubre de 2024, un tribunal obligó a las autoridades a pagar 50.000 euros diarios por superar la capacidad permitida, lo que derivó en una compensación total de cinco millones de euros al municipio afectado. Pero el colapso del sistema no se limita a cifras: la inseguridad empieza a formar parte del día a día.
En 2024, dos solicitantes de asilo de origen tunecino fueron víctimas de un violento ataque dentro del centro. Según la Policía, fueron golpeados, amenazados e incluso apuñalados por un grupo de agresores. Las investigaciones apuntan a la participación de varios individuos, entre ellos un menor de origen argelino. El caso refleja un fenómeno cada vez más visible en distintos puntos de Europa: centros saturados, tensiones internas y dificultades crecientes para garantizar la seguridad.
La situación en Ter Apel se ha convertido así en un símbolo de las limitaciones del modelo de acogida europeo, que enfrenta un aumento sostenido de llegadas sin una capacidad real de absorción.