«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
la ce alega «motivos de seguridad»

Von der Leyen ordena el borrado automático de sus mensajes en pleno escándalo por el Pfizergate y limita el acceso a la información en la UE

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.

La Comisión Europea ha admitido que la presidenta Ursula von der Leyen ha configurado su aplicación de mensajería para eliminar automáticamente los mensajes que recibe. Una práctica que, lejos de reforzar la seguridad, eleva las sospechas sobre la falta de transparencia en el corazón del Ejecutivo comunitario.

La revelación llega tras una investigación del medio Follow the Money, que solicitó acceso a mensajes de la líder europea de enero de 2024. En esa fecha, el presidente francés Emmanuel Macron escribió a Von der Leyen a través de la aplicación encriptada Signal para presionarla respecto al acuerdo comercial con Mercosur. La Comisión tardó más de un año y medio en responder a la petición de información, y confirmó que la jefa del Ejecutivo comunitario había recibido ese mensaje pero que, al activar la función de «mensajes que desaparecen», no era posible acceder a su contenido.

Según Bruselas, Von der Leyen aplicó esta configuración «para prevenir posibles filtraciones de datos importantes«. Sin embargo, los documentos publicados por el citado medio muestran que no se trata de un caso aislado: el Ejecutivo comunitario ordena a todos sus funcionarios activar esta opción de borrado automático.

La explicación no convence a los defensores de la transparencia. Shari Hinds, de Transparency International EU, alerta de que esta política supone «una barrera absoluta para acceder a las comunicaciones» y que «socava la transparencia que las normas europeas deberían garantizar«.

La Comisión, por su parte, insiste en restar importancia al contenido del mensaje de Macron, y asegura que sólo repetía posiciones públicas ya conocidas del Gobierno francés. El portavoz comunitario Balasz Ujvari se ha negado a detallar los plazos concretos de borrado, alegando motivos de seguridad.

El caso estalla en un contexto especialmente delicado para Von der Leyen, envuelta todavía en el llamado Pfizergate. La presidenta se ha negado a entregar los mensajes que intercambió con el consejero delegado de Pfizer, Albert Bourla, en el marco de la multimillonaria compra de vacunas contra la COVID-19. En febrero, el Tribunal General de la Unión Europea dictaminó que la Comisión actuó de forma ilegal al bloquear el acceso a esos mensajes y criticó la falta de explicaciones plausibles sobre su desaparición.

La combinación de ambos escándalos deja a Von der Leyen bajo la sombra de una sospecha: utilizar la supuesta seguridad como coartada para borrar huellas incómodas y blindar su gestión frente al escrutinio público.

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