El Papa y Tierra Santa

Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Entiendo todas las preocupaciones del Santo Padre sobre Tierra Santa y todos sus intentos por llevar la paz a aquella convulsa región. Entran directamente en su ministerio como vicario de Aquel que nació, vivió, murió y resucitó en Tierra Santa.

Pero ante un Papa tan mediático creo que conviene no exagerar su papel. Que dista muchísimo del de Supermán. Pareció que la reunión tripartita, cuatripartita si se quiere por la presencia también junto a Francisco, Peres y Abbas del Patriarca ortodoxo de Constantinopla, que hoy es algo así como la nada con sifón, o incluso sin él, iba a ser algo importante para logra la paz en aquella convulsa tierra. 

Todo el montaje estuvo muy bien e incluso pudo parecer a algunos que se estaba ante algo importante y que el Papa era figura decisiva en la diplomacia mundial. Pues todo aquello quedó en nada en poco más de horas veinticuatro. Y están a tiro limpio una vez más los judíos y los palestinos. También, una vez más, los palestinos son los que ponen los muertos. Aunque tampoco está de más recordar que todo empezó por el asesinato de tres jóvenes judíos a manos palestinas. Y sabido es que los judíos no suelen ser partidarios de que les toquen los cataplines.

 

Bendito sea el Papa por todas sus gestiones en favor de la paz. Y por sus oraciones. Las primeras parece que son muy prescindibles. Las segundas, Dios lo sabe. A mí no me parece mal que el Papa, tal vez sugestionado por adhesiones sin cuento, se haya dado cuenta de que en la política mundial no es pieza relevante. Que Peres, a punto de desaparecer se apunta a un bombardeo, que lo importante en Gaza no es Abbas sino Hamas, que tener un amigo rebino argentino es como tener un primo en las Seycheles y que los Happy Ramadán no llevan a nada.

 La intervención papal en el conflicto no sirvió de nada. Y los abrazos ante el muro resultaron grotescos ante las bombas y los muertos. No me cabe duda de que Francisco montó el número con las mejores intenciones. Pero, como era normal, los hechos no las secundaron. Que las cosas complicadas no se resuelven cantando un tango. Por sentimental que sea. Como aquel gorrión que tenía un alma así. Ser amigo de un rabino no arregla nada. Aunque pueda desarreglar. 

 

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