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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

El suicidio de la vida religiosa ( y VI)

Trinitarios: 529 en 1973 habían aumentado a 631 en 2013 y eran 10 más que en 2012. Meritissimus cum laude. Deberían instruir a todos los demás en como lo están haciendo.

Rogacionistas: Todavía con mejores resultados que los Trinitarios. En 1973 había 271 En 2013 eran ya 510. Y 8 más que en 2012. Como en España sólo tienen, o tenían, una casa en Tarragona el notabilísimo incremento se debe a que lo están haciendo muy bien en otros lugares.

Reparadores: El caso de los anteriores no se repite con estos. Eran 2.870 en 1973 y en 2013 habían descendido a 2.291, con pérdida de 2 religiosos sobre el año anterior. Han perdido el 21% que para lo que está ocurriendo no es un mal resultado aunque lo sea en sí.

Guanelianos: También de escasísima implantación en España parece que no lo están haciendo mal en otros sitios. En 1973 eran 532 y cuarenta años después habían aumentado a 566. Con un incremento de 11 sobre el año anterior de 2012.

Palotinos:  Con excelentísimos resultados. En 1973, 2.020 que habían pasado a 2.378 cuarenta años después. Y con un incremento de 14 respecto al año anterior.

Padres Maristas: Que no hay que confundirlos con los Hermanos. Estos rompen la línea de buenos resultados de este capítulo. En 1973 eran 2.266 y en 2013 apenas quedaban ya 905. Y eran 38 menos que el año anterior. Se han dejado el 69% del instituto en lo que parece una caída imparable al abismo.

Hermanos de San Juan de Dios: Eran 2.527 en 1963 y a 1 de enero sólo quedaban 1.134. Catorce menos que el año anterior. Se han dejado el 56% de la orden

Sociedad de San Pablo: Eran 1.213 en 1973 y todavía se conservaban 1.020 en 2013. Dos más que el año anterior. Han perdido sólo el 17%

Padres Blancos: Tengo escasa simpatía por su fundador, el cardenal Lavigerie, y por su famoso toast de Argel que tanto entusiamó a León XIII, pero no por ello me voy a alegrar de su notable decadencia. Eran 3.604 en 1973 y cuarenta años después apenas quedaban 1.619. 37 menos que en 2012. Se ha quedado en la gatera el 56% de los religiosos.

Monfortinos: En 1973 eran 1.683 y en 2013 apenas quedaban ya 881. 11 menos que el año anterior. Han perdido el 48% de la congregación

Tercera Orden Regular de San Francisco: En 1973 eran 894 y en 2013 quedaban todavía 844. Con una pérdida de 26 respecto al anterior año. Como para echar las campanas a vuelo.

Amigonianos: Eran 551 en 1973 y cuarenta años después ya sólo quedaban 412. Aunque eran 20 más que el año anterior. No es mucho para lo que estamos viendo haberse dejado el 26% de la congregación pero dado su escaso número el porvenir no es halagueño. 

Las cifras son oficiales. Están tomadas de los Annuarios Pontificios. Achacarlas a malquerencia mía hacia los religiosos es una estupidez. Son las que ellos han conseguido. No he tenido la menor parte en ello. Se ve que algunos quieren que se mantengan ocultas y que yo soy un malvado, no por publicarlas, que publicadas están, sino por traerlas al Blog. Sin duda por traumas que no he digerido y que me atormentan. Aunque no tenga la menor conciencia ni de traumas ni de tormentos. 

A los responsables de la situación parece que lo que quieren es el oscurantismo y que no se hagan públicos sus fracasos y sus miserias. Manteniendo la colosal mentira de que seguimos en el mejor de los mundos. Cuando es un mundo al que si no se le pone rápido remedio, se acaba. Porque son cincuenta años en los que, salvo rarísimas excepciones, y en congregaciones de escasa relevancia, se camina aceleradamente hacia la muerte. La estupidez de que son menos pero mejores no se la cree nadie. Son muchos menos, mucho más viejos y muchísimo peores. ¿Dónde están los santos de hoy? ¿Un P. Rubio, un P. Pío, un Fray Lepoldo, un Hermano Gárate?

Y ante este descomunal descalabro la Congregación para los Religiosos ocupada en los Franciscanos de la Inmaculada. Como para correrlos a cantazos. 

El Pueblo de Dios tiene derecho a conocer la situación de la vida religiosa, tan importante para la Iglesia, y no a que se le oculte sin otro fin que el de engañarle. Porque eso es lo que hay. El hundimiento general de la vida religiosa con todo lo que ello supone de trágico para la Iglesia. Hoy apenas son ya poco más que un club de ancianos mundanizados y desmotivados que contemplan felices como se derrumba la obra de sus fundadores. Y el culpable debo ser yo. Lejos de nosotros la funesta manía de pensar que alguien dijo en el absolutismo español. Sigamos creyendo en el trampantojo que se nos quiere vender y no nos enteremos que está tan mal anclado, en la realidad y en Dios, que cualquier día se viene abajo. A eso nos aproximamos. Aceleradamente. 

Ya veréis como los datos del año que viene, y que si Dios me da vida os volveré a presentar, son todavía peores que los de éste. O se vuelve a lo que nunca se debió abandonar o la muerte es segura y próxima. Pero con contadísimas excepciones no se atisba nada en ese sentido. 

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