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LA GACETA DE LA SEMANA

Del secesionismo sanchista al parque eólico… ¡con motor diésel!

Sánchez se aplaude en Galicia. Europa Press.
Sánchez se aplaude en Galicia. Europa Press.

Secesionismo sanchista. La sesión parlamentaria para debatir la amnistía a la trama de delincuentes del procés fue transparente. El independentismo habló desde la tribuna en catalán para repetir, ya llenándose la boca, que la independencia está a la vuelta de la esquina. Y, además, señaló con nombres y apellidos a jueces y funcionarios que deberán caer en desgracia por haberse atrevido a proteger los derechos democráticos de todos los catalanes, incluso de aquellos irresponsables que siguieron aborregados las consignas de la mafia nacionalista. En Madrid, las desarrapadas izquierdistas aprovecharon para cargar contra la Corona. Por su parte, el facilitador y promotor de todas estas porquerías, Partido Secesionista Oligarca Estatal (PSOE), lució su nueva naturaleza, disgregadora del constitucionalismo, la igualdad y cualquier condición moral. Que se anden con ojo Puigdemont y ERC: un día de estos Sánchez declara la independencia catalana y se los merienda. 

Más se perdió en Navarra. Tras la operación en marcha entre PSOE y EH Bildu, Navarra comenzará a transitar su destino vasco. Es decir, la absorción política y territorial por parte de las Vascongadas. Es este un proyecto históricamente ansiado por el nacionalismo sabiniano y sus derivadas, la derecha (PNV) o la izquierda revolucionaria (ETA). Ahora los socialistas lo han asumido con esa naturalidad que perfecciona cualquier cinismo de manual. El primer paso del irredentismo es hacerse con la alcaldía de Pamplona. Luego vendrá lo demás, la Gran Nación Vasca. 

La nueva casta. Esa cosa obscena de «no judicializar la política» comencé a oírsela a los indepes y a la comparsa Colau cuando era alcaldesa. Aunque la idea venía de más lejos: del populismo izquierdista que desembarcó en España el 15M. Se trata, en síntesis, de que los políticos puedan hacer y deshacer a su antojo sin que ningún tribunal pueda juzgarlos. Es decir, un golpe dictatorial de determinada casta política, por encima de la cual no habrá nada ni nadie. El fenómeno podría recordar a un viejo y exitoso libro (La nueva clase, 1957) escrito por el disidente yugoslavo Milovan Djilas. En él denunciaba la aparición en los regímenes comunistas de una elite dominante, burocrática, superior a todos los demás estratos sociales. Yo no apostaría mucho contra una deriva similar en la España socialista.

 Jesús, qué boquita. Doña María Jesús (Montero), que me recuerda siempre a una curranta doméstica que ha tomado el control de la casa y se pasea por las zonas nobles en bata a cuadros y con un pitillo en la boca, ha vuelto a proclamar una mentira gorda. No sería novedad, pero el periodismo debe (o debería) fiscalizar sin descanso a estas locuaces guerreras del sanchismo. «Nosotros bajamos los impuestos a la clase media y trabajadora», ha dicho. Además de tomar por imbéciles a dichas clases, la ministra remató, dirigiéndose a VOX: «Ustedes bajan los impuestos donde gobiernan con el PP a los ricos, a las multinacionales». O sea, enriqueció su bulo con la pimienta del radicalismo, ingrediente que el PSOE ha asumido gustoso, en competencia con la extrema izquierda. 

Menos marisco y más mortadela. Informa la briosa María Durán que «los españoles viviremos este 2023 las Navidades más austeras desde antes de la pandemia, debido, sobre todo, a la inflación desbocada». El panorama se antoja triste como un fiambre italiano. No hay berberecho ni apenas almeja gallega. Todo es coherente, sin embargo, con el régimen en el que España ha comenzado a vivir, o a subsistir. 

Pobre Pablo. Parece que Iglesias anda cabreado. Ya saben, lo suyo no ha acabado muy bien: ni alcanzar los cielos, ni sorpasso, ni nada republicanamente memorable. Aunque, digamos, nos ha procurado más de una década de feísmo, mugre política y contaminación ambiental. También pudo comprarse un chalé con piscina y tal. Ahora se dedica a cosas menores y va por ahí escribiendo que nadie le hace caso. Explica en prensa digital que lo del lawfare es asunto más de periodistas que de jueces. Ya, en los tiempos de ministro, deslizaba de vez en cuando la fantasía de maniatar a los medios, a los medios críticos con él, se entiende. Lo último que le he leído (consideren mi sacrificio) son unos párrafos afectados, diría incluso inspirados por una profunda desazón. Y es que el complot de su otrora Yolanda contra Irene ha sido un durísimo golpe.

Si no es ecológico, al menos que lo parezca. Cuenta Rebeca Crespo que un parque eólico en Escocia estuvo funcionando durante un tiempo con motores diesel. Es un ejemplo menor pero simbólico de la gran estafa verde, el entramado de corrupción mundial protagonizado por publicistas (antes conocidos como científicos), políticos, medios y grandes empresas del sector. La verdad sobre esta inmensa podredumbre ha sido silenciada y el ciudadano, mero espectador, sufre un medido bombardeo de propaganda apocalíptica. Lo del parque escocés a motor es como el reciente caso de una cumbre para salvar el planeta a la que acudieron sus participantes en más de 400 aviones privados. ¿No es maravilloso?  

“Pero no gobierna la derecha”. Esa es la cuestión, Hamlet. 

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