'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

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Alleluya

17 de agosto de 2016

Es evidente que en una sociedad abierta occidental cada uno es libre de mantener el criterio e ideología que le parezca oportuno, siempre y cuando se respeten los derechos y la libertad de opinión y acción ajena. Por ello no debería sorprendernos que al fin algunos obispos españoles hayan levantado su voz para condenar a la “ideología de género”, una ideología que se pretende imponer en la sociedad española, como si fuera un nuevo dogma de fe.   

Sorprende aun más que tal postura, lógica por parte del episcopado, produzca escándalo y condena por parte de aquellos que desean imponer esos criterios por encima la opinión y del sentir de un sector, sin duda mayoritario de la población española. No habría más que hacer una encuesta y preguntarle a la gente, si consideran que la condición sexual de una persona es una cuestión electiva o un condicionante biológico de nacimiento, independientemente de las prácticas sexuales que cada uno prefiera. Nadie pretende negar la homosexualidad, lo que se le critica a esta postura es la voluntad demiúrgica de un colectivo que pretende subvertir  el orden biológico para generar un ambiente más propicio a sus inclinaciones sexuales.

Lo que resulta sorprendente  es la falta de reacción anterior de dichas autoridades eclesiásticas a un desafío tan directo y flagrante de ese principio y otros similares, que atentan directamente contra  principios esenciales de la ideología y forma de entender la vida de la comunidad cristiana, en cualquiera de sus formas: católica, ortodoxa o protestante.   Por no mencionar otros credos…

Igualmente resulta, cuanto menos chocante, que un partido político, que se adscribe teóricamente al centro derecha, haya pasado por este tema con tal grado de laxitud,  tolerancia e incluso connivencia, sino abierta colaboración, en la elaboración y promulgación de dichas leyes. Lo menos que se puede pensar es que dicho grupo político nada tiene que ver con los ideales y principios que  teóricamente defiende. ¿A qué juegan entonces?

Desgraciadamente en el fondo es bastante simple, y preocupante a la vez, pues siembra una profunda duda intelectual sobre la idoneidad de un sistema democrático exclusivamente electoralista, si el simple acumular votos, y recibir apoyos mediáticos de grupos organizados, vengan de donde vengan,  es la realidad a la que nos lleva dicha práctica, a la hora de gobernar estamos lastrando e invalidando la racionalidad del propio sistema.

Cualquiera es consciente de que la simple acumulación de votos, favorables o desfavorables, no es garantía ni de verdad ni de justicia, existen principios más allá del control humano tanto individual como colectivamente:  biológicos,  geológicos, climáticos, antropológicos, éticos…si pretendemos en base a unos criterios condicionados por los intereses de unas minorías, respetables en su condición, aunque que nadie se engañe minorías al fin y al cabo,  el resultado puede ser un desastre para el conjunto de la sociedad.

El influir en la sociedad ejerciendo presión para defender posturas particulares es normal y lógico, aunque es un tema que hay que vigilar muy de cerca, sobre todo en los regímenes que pretenden basar su legitimidad en la democracia, ya que si somos objetivos, nos daremos cuenta inmediatamente que en ningún momento ni lugar de la historia las mayorías han gobernado. Toda sociedad ha sido dirigida por grupos que se ponen al frente y la colectividad les sigue, por ello es muy importante tener un control sobre la influencia que determinadas ideologías pueden ejercer sobre el conjunto social.  

Habrá por tanto que ver hasta donde están los obispos  y la Iglesias en general, dispuestos a mantener  su oposición a dichos intentos de erosionar sus principios más elementales, ya que no puede haber indiferencia ante un ataque tan letal al orden natural según la visón cristiana  del mundo, (no solo cristiana) y hasta donde están dispuestos a comprometerse para defender sus principios y la libertad de sus feligreses. Es axiomático que en Occidente existe una clara separación entre lo temporal y político de lo religioso y trascendente: “Al Cesar lo que es del Cesar y a de Dios lo que es de Dios…” pero en estos casos ¿Hasta dónde ha de callarse la Iglesia cuando se están atacando las raíces y bases de su propio credo? No solo ante aquellos que pretenden eliminar toda religión de la sociedad,  sino también de aquellos que afirmándose afines, para obtener los votos conservadores, de hecho colaboran o ceden indiscriminadamente ante tales presiones electorales…

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