Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.
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Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.

Bidenistas en el seno de Morena

Las últimas declaraciones de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que reiteran sus pontificias y monárquicas peticiones de perdón por lo ocurrido hace medio milenio en la tierra sobre la que hoy se asientan los Estados Unidos Mexicanos, han dejado en un segundo plano las maniobras que se están produciendo con la vista puesta en la futura conducción de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y con la sucesión del propio AMLO, algo que ocurrirá, como máximo, en 2024. Unas maniobras que están conectadas con la pugna que mantienen Donald Trump y Joe Biden por la presidencia del Imperio norteamericano. 

…disipados los sahumerios indigenistas y las quejas por la conquista del Imperio mexica, al que se pretende atribuir una anacrónica soberanía mexicana, aparecen con cierta nitidez las dos facciones que pretenden suceder a AMLO

Como es sabido, al menos desde los masónicos días en los que Joel Robert Poinsett, heraldo de la Doctrina Monroe y, no por casualidad, apodado, El azote del continente, se instaló en el México de Iturbide, la política de la nación hispana está fuertemente determinada por los intereses gringos, con los que en no pocas ocasiones han colaborado relevantes personalidades mexicanas cuyas acciones facilitaron la enorme pérdida territorial sufrida en el siglo XIX. Con las fronteras asentadas, el influjo del país del norte persiste y se deja notar en el mundo político mexicano en general y en el entorno de Andrés Manuel en particular. En definitiva, disipados los sahumerios indigenistas y las quejas por la conquista del Imperio mexica, al que se pretende atribuir una anacrónica soberanía mexicana, aparecen con cierta nitidez las dos facciones que pretenden suceder a un AMLO que tiene más sintonía con Trump de la que cabía prever en enero de 2017. De hecho, Trump y López Obrador coinciden en su oposición al librecambismo y al globalismo hasta tal punto, que puede afirmarse que el norteamericano encuentra en AMLO a un aliado al otro lado del Río Bravo.

Prueba de ello es el hecho de que el controvertido presidente mexicano, que mantiene en su gobierno a figuras vinculadas a la Fundación Open Society como Irma Eréndira Sandoval, Secretaria de la Función Pública, y Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación del Gobierno de México, cooperó con la política trumpiana de control de los flujos migratorios pagados por Soros y los demócratas. Por añadir un nuevo argumento en favor de este juego de semejanzas entre los dos líderes, ha de destacarse la política nacionalista que, en el ámbito energético, emprendió Andrés Manuel con su lucha en contra del guachicoleo, al que ha seguido un plan de reforma nacional para restaurar el principio de propiedad nacional de tan estratégicos recursos.

Mario Delgado Carrillo se perfila como un apóstol de la agenda progresista-globalista cuyo representante más visible, dentro del actual contexto electoral norteamericano, es Biden

Más allá de la, en ocasiones, desbordante personalidad de AMLO, se mueven varias facciones que se han hecho visibles durante el proceso de elección del  comité directivo nacional de Morena. Los más identificados con López Obrador han apoyado al candidato Porfirio Muñoz Ledo, frente al que se han alineado una serie de grupos que cabe adscribir a la izquierda indefinida por su defensa del feminismo, el indigenismo, con el que el propio AMLO coquetea, y por su marcado carácter globalista. Tan confusa corriente tiene un rostro, el de Mario Delgado Carrillo, peón del veterano Marcelo Ebrard, actual ministro de Relaciones Exteriores que ha usado su posición para encontrar los apoyos transnacionales del Partido Demócrata e imponer a su candidato en 2024. Los vínculos de Ebrard con el partido representado por un burro son conocidos. Don Marcelo es un hombre ligado plenamente al ala obamista-clintoniana. No en vano, en 2016 trabajó para Hillary y Bill Clinton como movilizador del voto hispano durante la campaña por los demócratas. En aquellos días, atacó con dureza a Trump, a quien acusó de xenófobo, racista y, por supuesto, de fascista. 

Por su parte, Delgado, que ya se reunió con Nancy Pelosi en la frontera y que ha alcanzado la presidencia del partido gracias a un proceso electivo basado en una encuesta abierta, se perfila como un apóstol de la agenda progresista-globalista cuyo representante más visible, dentro del actual contexto electoral norteamericano, es Biden. La disputa por la sucesión de López Obrador está abierta, si bien plantea numerosas incógnitas. Entre ellas la posibilidad de que AMLO llegue cargado de energía al final del sexenio, es decir, al año 2024, momento en el que podría influir decisivamente en su sucesión. A esta opción ha de añadirse, lo sabremos a partir de la semana que viene, la posibilidad de que un nuevo influjo trumpiano, derivado de una victoria en las urnas que las encuestas niegan, bloquee, en una realidad distorsionada por los efectos del COVID-19,  la vía por la que transita Mario Delgado.

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