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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

La custodia compartida no se debe de imponer

18 de febrero de 2015

Frente a toda acción hay una reacción y esa es la excusa que desde algunos sectores de la derecha, pero también de la izquierda moderada, se ofrece para justificar la imposición de la custodia compartida como régimen preferente en los procesos de separación, nulidad civil y divorcio. Un error de graves consecuencias, dado que relega a un segundo plano a los menores, verdadero sujeto a proteger, tan necesitados como están de estabilidad, coherencia y rutina. Y más a edades tempranas. Si la custodia compartida se acuerda entre las partes de forma voluntaria, evidentemente la Justicia debería limitarse a ratificar el acuerdo libremente firmado.

Alegarán ahora muchos que en España, desde hace lustros, apenas se conceden custodias a padres (9.7%). Padres que, añaden rápidamente, ven vulnerado su derecho de visitas. Verán, en primer lugar, hay que negar la mayor, puesto que los datos son incontestables: en los procesos contenciosos son menos del 10% los hombres que piden la custodia de los menores. Que sigamos siendo nosotras quienes nos ocupemos prioritariamente del cuidado de los hijos, y de ahí la famosa brecha salarial, mucho tiene que ver. Consideró el Consejo de Estado en septiembre de 2013 que la custodia compartida no debe de imponerse, dado que “exige un alto grado de cooperación”. Es de lógica. Pero es que además es el menor el que tiene el derecho a mantener relación con ambos progenitores.  Inseguridad y sufrimiento son sólo algunas de las consecuencias psicológicas que sufren los menores obligados en situaciones conflictivas intrafamiliares a una custodia compartida,  según el estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Virginia, “Overnight Custody Arrangements, Attachment, and Adjustment Among Very Young Children”.  Pero es que es de cajón. Piensen en un niño mudándose de habitación, de casa, de entorno, cada 15 días, cada mes, cada 3 meses. Y recibiendo una educación diferente, cuando no enfrentada, en cada domicilio. ¿De verdad creen que es bueno para él o están pensando en el padre o la madre?

La custodia debe de ser para el progenitor más apto, independientemente de si es el padre o la madre. Y disfrutando el otro progenitor de un derecho de visitas amplio y flexible, imponiendo duras sanciones penales en caso de incumplimiento. Con la salvedad de existir condena por maltrato o abuso, en cuyo caso el progenitor maltratador o abusador debería si acaso, ver a su hijo en un punto de encuentro. Por demás, los juzgados deberían solicitar informe, además de a sus servicios de psicosocial, a los cuales habría que dedicar unos cuantos artículos, a los servicios sociales municipales, que son quienes, caso de existir conflictividad en la pareja, suelen estar mejor informados del asunto.

En el fondo, dejando de lado los argumentos sexistas, que los hay a patadas y de todos los colores, existe un cierto buenismo infantil, tan propio de la socialdemocracia. El querer construir para el menor un mundo ideal, el de unos padres que conviven felizmente y con quienes el niño puede compartir todo su tiempo. Un mundo ideal que se rompe en el momento de la separación. Es la negación de la realidad.

A veces, también, por qué no decirlo, existe interés económico.  De ella para adjudicársela vivienda conyugal, de él para no pagar pensión alimenticia. Desligar lo económico, obligando a la liquidación de la sociedad de bienes gananciales del matrimonio, de la custodia, sería una buena idea.  

Lo que es una mala idea es convertir a un niño en un niño maleta y obligarnos a todos a tomar partido en una guerra entre hombres y mujeres.

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