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(Bilbao, 1965) periodista, máster de El País, publicar noticias y opiniones que escandalicen a los incondicionales de lo políticamente correcto y la «memoria histórica»— como Gaceta.es, Libertaddigital y Actuall. En la editorial Homo Legens ha publicado Eternamente Franco y Los césares del imperio americano. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara)
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(Bilbao, 1965) periodista, máster de El País, publicar noticias y opiniones que escandalicen a los incondicionales de lo políticamente correcto y la «memoria histórica»— como Gaceta.es, Libertaddigital y Actuall. En la editorial Homo Legens ha publicado Eternamente Franco y Los césares del imperio americano. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara)

Del jersey de Evo al sombrero de Castillo

Héctor Cámpora, quien fue presidente vicario de Argentina en 1973, encargado de guardarle la silla a Juan Domingo Perón, le dijo al ministro español Laureano López Rodó: “La Hispanidad es lo contrario del imperialismo”. Unas palabras similares serían hoy impensables en boca de un presidente hispanoamericano o un ministro español, incluso del PP. Quizás en las de Donald Trump.

La hispanofobia ha pasado de ser vicio de las elites criollas para justificar su conquista del poder, primero, y sus fracasos, después, a vicio de la izquierda. Ahí tenemos ese libro lamentable, tanto por su tesis como por su falta de fundamento, como Las venas abiertas de América Latina, escrito por uno de esos agitadores socialistas de los años 60 y 70. 

En su discurso de toma de posesión de la presidencia del Perú, Pedro Castillo clamó contra “los hombres de Castilla”, que arribaron a Perú para romper una unidad y una armonía que duraban 4.500 años. El peneuvista Juan José Ibarretxe superó las cuentas ridículas de Castillo cuando afirmó que los vascos llevaban existiendo “7.000 años como pueblo”. En cambio, hay historiadores sensibles que suspenden a los alumnos que recuerdan que los monarcas godos se titulaban ‘reyes de Spania’.

Las izquierdas están tan carentes de programas que han de recurrir a símbolos como el jersey, la coleta o el sombrero como si estuviéramos en sociedades analfabetas

Como todos los indigenistas, Castillo parte de una mentira, a saber: en América se vivía tan bien como en la Córdoba multicultural y tolerante de los Omeyas hasta que llegaron los españoles, con sus caballos, sus cruces y su mugre. Lo cierto es que el Incanato (fundado en el siglo XIII) era un régimen despótico, muy parecido al comunismo soñado por tantos, en el que el Estado ordenaba a sus súbditos hasta cuándo casarse y con quién. Las conquistas realizadas por los incas solían implicar exterminio de los varones (o su castración), esclavización de los niños y reparto de las mujeres. Por supuesto, sin mestizaje ni derecho alguno para las poblaciones del Imperio. En este régimen, Ione Belarra y Evo Morales no habrían podido soñar ni siquiera con acercarse de un miembro de la casa real inca.

Los indígenas no debían de hallarse tan a disgusto bajo el poder español como supone el relato indigenista cuando las tropas reales contaron con miles de reclutas nativos. Y en el caso del Perú, la emancipación se efectuó mediante la invasión de dos ejércitos, el de San Martín por el Sur y el de Bolívar por el Norte. Para Perú, la independencia supuso la mutilación del territorio virreinal, con el nacimiento de Bolivia, cuyo primer presidente fue, menuda casualidad, el propio Bolívar.

En su discurso, sólo le faltó a Castillo preguntarse “¿qué nos han dado los españoles?”. Entonces, se le podría haber respondido que la religión que la primera Constitución vigente en Perú, la de 1812, calificó de “única y verdadera” (no sé qué opinará el actual Papa), la lengua española, el hospital, la escritura, la imprenta, la universidad, la música polifónica, la rueda, la navegación, el caballo, el cerdo, la vaca, la gallina, la oveja, el gato, el trigo, el acero, la navegación a larga distancia, etc, etc, etc… y el sombrero chotano que cubre su cabeza. 

El sombrero blanco (que Castillo, de manera grosera no se quita ni en lugares cerrados) es como el jersey con el que Evo Morales recorrió Europa y la coleta de Pablo Iglesias. Las izquierdas están tan carentes de programas y de realizaciones que han de recurrir a símbolos como éstos, tal como si estuviéramos en sociedades analfabetas en las que son imprescindibles los colores o los dibujos para que la gente reconozca a ‘los suyos’. En cierto modo, la misma función que ejercían antes la corbata o la barba. Al menos Felipe de Edimburgo, que era griego de familia alemana, vestía el ‘kilt’ escocés con mayor prestancia y no pretendía descender de los Estuardo. 

¡Qué grande ha debido ser España cuando sus enemigos siguen alanceándola mientras yace exhausta en el suelo! 


Pedro Fernández Barbadillo es el autor de ‘Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio Español’

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