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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

La Devotio Ibérica

9 de octubre de 2015

La devotio ibérica era una institución existente en la Hispania prerromana. El guerrero, o devoti, consagraba su vida a su jefe, al que tenía la obligación de proteger en el combate. A cambio de su protección, el jefe lo mantenía y le proporcionaba un mayor status social. El guerrero, además, juraba ante una deidad compartir la suerte de su jefe en el campo de batalla. Si el líder moría, al devoti no le quedaba más remedio que quitarse la vida. Se cree que la devotio es la explicación del legendario valor de los iberos y explica la heroica resistencia de las ciudades de Numancia y Sagunto.

Lejos de haber caído en el olvido, parece que la devotio ibérica sigue estando muy presente entre los políticos españoles, en especial en el espectro del centro derecha. Y es que sólo una institución como la descrita puede explicar que el Partido Popular camine inexorablemente hacia la mayor derrota de su historia sin que ni una sola voz discordante se alce para cuestionar el liderazgo del político de Pontevedra.

Mariano Rajoy, con una valoración que no supera el tres sobre diez, es el líder peor considerado de todo el arco político. Nunca un presidente del gobierno ha tenido una valoración tan exigua. Y no se trata, como quieren hacernos ver algunos, de un simple problema de comunicación.

Durante cuatro años Mariano Rajoy ha demostrado su incapacidad para atajar la corrupción existente en su partido. Ha traicionado los principios compartidos por gran parte de su base electoral, asumiendo como propio gran parte del programa de José Luis Rodríguez Zapatero. Ante la cuestión catalana ha sido capaz de cabrear a todas las partes. Mientras que para los catalanistas Mariano Rajoy es la viva imagen de la intransigencia, para los catalanes que quieren seguir siendo parte de España ha trasmitido la más pasmosa imagen de inseguridad e impotencia. Su vacilación ante la pregunta de Alsina (¿Y la europea?) pasará a los libros de comunicación política como anti ejemplo de la convicción que debe mostrar un líder ante un momento difícil.

Si Ciudadanos ha vapuleado al Partido Popular en Cataluña, al que ha doblado en escaños, no ha sido sólo porque comunique mejor y presente líderes más jóvenes y más guapos. Los electores, hoy por hoy, consideran que Albert Rivera garantiza mejor la unidad de España que Mariano Rajoy.

Y no sólo en Cataluña. Empiezan a publicarse las primeras encuestas que sitúan a los “naranjitos” por delante del partido de Rajoy en algunos de sus otrora inexpugnables feudos. La situación ha llegado hasta tal punto que José María Aznar, el verdadero padre político del partido, ha tenido que levantar la voz alertando de la hecatombe que se avecina.

Pero en el Partido Popular nadie osa cuestionar el liderazgo del pachorrudo político gallego. Si nadie lo remedia, y parece que nadie va a tener los suficientes arrestos para hacerlo, dentro de dos meses y medio contemplaremos los rostros apesadumbrados de Soraya, Margallo y Cospedal en el balcón de Génova.

Será un momento difícil para los devoti. Mientras contemplan el cadáver de su jefe caído en la batalla, tendrán la certeza de que la Divinidad exige su pronta inmolación.

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