Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.
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Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

El caos de las elecciones estadounidenses

Desde hace más de dos siglos, el sistema político de los Estados Unidos ha funcionado, universalmente, como una especie de modelo de lo que debe ser una auténtica democracia. Ese carácter tan saliente lleva, asimismo, a la paranoia de los Estados Unidos como el origen de muchos males que afligen al mundo. La confluencia de tal ambigüedad se acelera, hoy, con ocasión de las elecciones presidenciales de 2020.

No se trata solo de las sospechas de fraude, a gran escala, en el proceso electoral. Políticos corruptos los ha habido siempre en la escena pública norteamericana. Incluso los llamaban “políticos”, así, en español, para indicar que se trataba de algo exótico o importado. Lo peculiar de ese gran país ha sido la gran nobleza de hacer públicos los casos de corrupción política, por ejemplo, mediante el cine. Recuerdo una gran película de 1949: All the King´s Men, con Broderick Crawford en el papel de gobernador aficionado a sobornar a todo el mundo.

Con la excusa de la epidemia del virus chino, el sistema ha incorporado una desproporcionada fracción de voto por correo

El asunto es, ahora, mucho más relevante. No importa tanto que, en las últimas elecciones presidenciales, haya habido un número de irregularidades tramposas. Es la misma imagen del proceso electoral la que resulta falible. Con la excusa de la epidemia del virus chino, el sistema ha incorporado una desproporcionada fracción de voto por correo. La “jornada” electoral se ha alargado días y semanas. El escrutinio de los votos no ha sido nada automático. Es lógico que, ante tales anómalas circunstancias, se hayan producido toda suerte de irregularidades, incluso, con la sospecha de la intervención extranjera. Tantas son las anomalías, que nunca se podrán sustanciar del todo. Cabe, incluso, la repetición de los comicios, lo cual supondría un fuerte quebranto. El resultado es que, sea quien fuere el candidato que jure el cargo de presidente el próximo 20 de enero ante la añosa Biblia, verá muy mermada su legitimidad.

El “ganador” no se sentirá exultante por el triunfo. Será una victoria pírrica

No sólo en los Estados Unidos, en todo el mundo, la opinión pública ilustrada se encuentra dividida en dos mitades entre los partidarios de uno u otro candidato. Cada bando se considera en posesión de la verdad y denigra al otro de forma radical e inmisericorde. Interviene el prejuicio más que el juicio, la pasión más que los razonamientos. El “ganador” no se sentirá exultante por el triunfo. Será una victoria pírrica. Lo que es más grave, los Estados Unidos han dejado de ser el modelo de democracia para muchos de sus ciudadanos y para el resto del mundo, más o menos, informado. Es una quiebra de una escala telúrica. Será la señal más visible del fin del imperio, que a sí mismo se considera “americano”, con el desprecio para el resto del continente.

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