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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

El discurso (II): la síntesis peor

24 de noviembre de 2023

Hay que seguir hablando del discurso de investidura de Sánchez. Tal fue su importancia. Habíamos comentado cómo el discurso era coincidente, casi palabra por palabra, con el de Otegui (aunque peor en tono): bipolaridad irreconciliable en el mundo, frentismo excluyente en España, oportunidad histórica para un cambio, dilema existencial.

Pero el discurso de Sánchez tuvo muchas aristas. Partamos de su inicio: una declaración de fe globalista. Se colocaba Sánchez y colocaba a España como parte de una corriente global definida por el feminismo, el cambio climático, los derechos humanos, el LGTBI y lo que él llamaba «progresismo». No lo hacía de cualquier manera sino de forma convencida y beligerante. Habla como quien explota aquí esa franquicia. Habla como un convencido, como un capataz. Ayer mismo el PSOE presumía de que BlackRock anuncie invertir en el inmobiliario de Madrid. Dinero americano, finanzas globales, ideario woke… Presumen de inversiones americanas como puede presumir Milei. ¿Tan lejos están? Sánchez es siervo absoluto de lo que llegue desde EEUU como lo es de Bruselas: el camarero español al que las machuchas teutonas Merkel y Von der Leyen guiñan el ojo.

Agarrado a Alemania y a al globalismo tecno-woke americano, Sánchez se siente seguro y ese globalismo lo iba desgranando como una auténtica imposición. Porque además todo es indiscutible, es cuasi-religioso. Con ello bloquea, pone un candado a su pacto para España. El globalismo como ideología y juego de vectores y poderes que recaen sobre nosotros es lo que blinda su política.

Pero lo extraordinario, la genialidad casi desquiciante del asunto es que ese globalismo activo, de vanguardia, a la vez lacayuno y activísimo, se combina con una vuelta interna al foralismo. Los pactos, el lenguaje y el escenario que se dibujan suponen el retorno (aunque nunca se abandonó) a lo foral: el País Vasco podrá decidir cómo se aplican allí, si se aplican, las leyes españolas. Esto se discute aunque sobre ello haya brumas, dudas. Pero por ahí van los tiros, por el pase foral (nótese que el País Vasco ha estado bajo el silencio del terrorismo y luego bajo el silencio y secreto de sus pactos).

Para Cataluña es algo similar. La ley de amnistía ya prefigura una bilateralidad por encima de lo constitucional o, mejor, constituyente.

Si el 78 supuso la creatividad inaudita del concepto Comunidades Autónomas y de las nacionalidades, algo novedoso, un invento español (la constitución fue copia y pega pero también inventiva patria desfachatada), si el 78 fue esa originalidad territorial y además la búsqueda de la homologación europea, la plena ‘occidentalizacion’, lo de ahora es la introducción en el ultraglobalismo (un atlantismo aun mayor que el de Aznar) y, en el interior, un desarrollo territorial neoforal que confedere España en dos niveles, con País Vasco y Cataluña en un escalón jurídico y constitucional distinto.

Estamos, por tanto, ante un globalismo-foralista. Progreso y reacción. La combinación del globalismo de vanguardia con la protección territorial ampliada para los llamados territorios históricos.

Es curioso esto: Sánchez estaría dando un moderno golpe de Estado kelseniano de tipo liberal. Ya no es un general liberalote entrando en el Congreso a caballo, sino un liberal de a pie con golpe leguleyo que trae liberalismo para todos (la versión socioliberal globalista wokizada) junto a la cláusula foral para Cataluña y País Vasco y sus zonas de influencia. Allí ese liberalismo ‘cosmopolita’ será aun más fuerte, sustituirá completamente al catolicismo, pero conservando un privilegio o veto jurídico, lingüístico y cultural.

Sánchez o más bien el PSOE y todo el Sistema, pues todos están en el ajo, pues este golpe es all-i-oli, ajo abundante y aceite para ir ligándolo en un batir de la población perpleja o narcotizada…

Pero acabemos, centrémonos: Sánchez ofrece socioliberalismo, globoliberalismo tecno-anglosajón, a la ultimísima (casi hasta ser nosotros campo de pruebas, ratoncitos del laboratorio posthumano) para una España sumisa (una Castilla simbólica ampliada que siga pagando eternamente su culpa negra y católica) mientras que a Cataluña y País Vasco se les ofrece una salida pseudocarlista, un poco antiguo Régimen, un poco Austria (con todo el favor de los Borbones) que respete sus fueros que son privilegio oligárquico disfrazado de catalanismo. Fueros y woke2030.

Pero esta es la creatividad del asunto y su muy pensada combinación, que excede en mucho, por supuesto, el oportunismo del personaje. Esto es un plan, casi una desembocadura secular y un golpe novedosísimo en la historia de España, que combina lo peor de cada tendencia de nuestra historia: liberalismo neoforal, es decir, globalismo con garantías forales. Por eso es lo peor: foralismo sin tradición, liberalismo sin igualdad ni nación.

Es, tal cual, la síntesis de lo peor posible. Y lo es porque está pensada por los enemigos de España. Síntesis que genera algo, otra cosa, ante la que el español parece lejos de poder reaccionar.

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