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Nacido en Madrid, de madre inglesa, casado y padre de cuatro hijos, es un empresario, abogado y articulista que pasó más de una década inmerso en el mundo de la política madrileña. Sus pasiones son escribir, la empresa y la política.
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Nacido en Madrid, de madre inglesa, casado y padre de cuatro hijos, es un empresario, abogado y articulista que pasó más de una década inmerso en el mundo de la política madrileña. Sus pasiones son escribir, la empresa y la política.

No es mi intención hacer una crítica de esta serie coreana, tremebunda, por cierto, y con un atractivo -el éxito es indiscutible- que escapa a la normalidad europea o a eso tan vagamente cálido o familiar que denominamos los valores occidentales, que incluyen por supuesto a los EEUU.   

Cada vez hay más evidencias que, pese a que la UE aún tiene la mayor economía del planeta, el centro del poder político, militar y, por supuesto, económico, y ahora hasta la cultura está mudando hacia el Pacífico y Asia.

La fortaleza económica de China es indiscutible. Muchas veces apabullante. También la del resto de tigres asiáticos

En La Gaceta de la Iberosfera se han tratado con mucho conocimiento iniciativas como la de AUKUS, que tanto revuelo han causado en Europa, sobre todo en Francia.  Un pacto de seguridad y defensa esencial para hacer frente al desafío chino.

La fortaleza económica de China es indiscutible. Muchas veces apabullante. También la del resto de tigres asiáticos como Corea, Taiwán, Vietnam, Singapur y Japón, que siempre será una referencia de sociedad muy avanzada.

Frente a esta mudanza del centro del mundo hay dos posibilidades: gruñir sobre los desequilibrios de aquellas sociedades con nostalgias eurocentristas; o tratar de competir y reconocer algunas de las mejores prácticas de aquellos países tan lejanos.   

La Gran Bretaña de Boris Johnson es un ejemplo. No dejen de escuchar su discurso en la última conferencia tory. Es un digno seguidor de aquel sueño de Margaret Thatcher de convertir a su país en un Singapur europeo con impuestos bajos, salarios y productividad alta, y pleno empleo. Estos cuatro pilares son el futuro de una sociedad potente del siglo XXI. 

Para tener impuestos bajos no hace falta destruir los colchones sociales europeos. Son compatibles en su parte más razonable si hay crecimiento, pleno empleo y salarios altos. También hace falta una revisión integral del gasto público desde la eficiencia y la austeridad. En España, para gasto desorbitado y económicamente ineficiente no hay que irse muy lejos, sólo apuntaremos que Mariano Rajoy inició sus gobiernos con una deuda del 60% del PIB y hoy estamos en el 130% al menos. Y creciendo.

La productividad se logra con varios factores entre ellos la tecnología. Veremos en qué queda el esfuerzo en digitalización que promete el Gobierno de Pedro Sánchez. En España, tenemos una tradición malísima cuando el Estado decide dónde se debe invertir. Pero, además, para mejorar en productividad hace falta libertad de empresa y desregulación para que puedan adaptarse al mercado y a la evolución de los tiempos, y en esto desde hace ya una década no progresamos. Al contrario, cada vez hay más burocracia y más trabas. El sistema autonómico es de nuevo una fuente de legislación absurda.

La productividad también requiere de una educación excelente y en todos los niveles, incluida la formación profesional. En esto tampoco hemos mejorado nada, ni parece que haya ninguna intención de hacerlo, al contrario, cada vez la educación es más laxa en España.

El ‘juego del calamar’ es un símbolo de lo que se nos viene encima. Podemos seguir gruñendo o empezar a competir… y en todos los frentes

Los sueldos altos son clave para la movilidad social y evitar la frustración social. Poco a poco se va imponiendo la idea que la inmigración ilegal es la razón principal que impide una subida de los salarios. Es el gran lastre que tira de los salarios hacia abajo impidiendo que crezcan. E incluso merman en capacidad de compra. Este será el gran caballo de batalla de los próximos años. Incluso el globalista máximo, Michel Barnier, el temible látigo de la UE en la negociación del Brexit. ha pedido un referéndum al respecto de la inmigración para Francia. Nuestra economía se encuentra hoy con la paradoja de tener el índice de desempleo más alto de Europa y con sectores que no pueden crecer por falta de mano de obra.

No voy a estropear la serie de televisión que da título a esta columna -que, no recomiendo, por cierto, es un peñazo, muy cruel y con poco sentido, quizás demasiado “asiático” para mi ya muy maduro gusto-. Pero sí apuntaré que el juego del calamar es un juego en el que todo vale, en el que es imposible el empate. Y donde el atacante empieza con un hándicap que pierde (es decir, mejora) cuando consigue superar el primer hito del juego. Es un símbolo de lo que se nos viene encima. Podemos seguir gruñendo o empezar a competir… y en todos los frentes.

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