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Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936) es escritor. Ha sido en dos ocasiones Premio Nacional de Literatura. Ha ganado el Planeta, el Fernando Lara y el Ondas. Como periodista de prensa, radio y televisión ha hecho de todo en medio mundo. Ha sido profesor de Lengua, Literatura e Historia en trece universidades de Europa, Asia y África. Sigue en la brecha.
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Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936) es escritor. Ha sido en dos ocasiones Premio Nacional de Literatura. Ha ganado el Planeta, el Fernando Lara y el Ondas. Como periodista de prensa, radio y televisión ha hecho de todo en medio mundo. Ha sido profesor de Lengua, Literatura e Historia en trece universidades de Europa, Asia y África. Sigue en la brecha.

Instrucciones para salir del armario progre

No las doy yo, aunque podría, pues soy un experto en la materia… Pasé de ser el progre más progre de todos los progres en illo témpore ‒desde 1954 hasta 1967, más o menos‒ a ser lo que a los ojos de los retroprogres actuales soy ahora: el facha más facha de todos los fachas. ¡Cuánto honor! No estoy seguro de merecerlo, pero no seré yo quien me oponga a un elogio.

Es otro progre que dejó de serlo ‒el periodista, humorista y comentarista político estadounidense Dave Rubin, autor del bestseller No quemes este libro, recientemente editado en España por Planeta‒ quien explica, con amenidad, conocimiento de causa y aceptable pluma, cómo se las apañó él para dejar de ser un hombre de izquierdas y empezar a ser lo que ahora es: un liberal en toda la extensión de la palabra. O sea: un fascista, un racista, un machista y un homófobo, según la neolengua inventada por la mafia progre…

Lo último tiene guasa, pues la persona así calificada es, por confesión propia, homosexual que las pasó de a kilo cuando se decidió a salir del primer armario en el que durante varias décadas estuvo. Ya saben: el de sus preferencias sexuales, que la izquierda, por cierto, condenó en otros tiempos, no muy lejanos, con virulencia análoga, por ejemplo, a la del Islam, que es ahora su religión preferida. Lean mi aportación a esa quema de brujas en el segundo volumen de mis Memorias (Galgo corredor. Los años guerreros) y sabrán algo más, de primera mano, acerca de tal asunto. Vivir para ver y para llevarse las manos a la cabeza y tentarse las partes nobles.

Y bienvenido al club de quienes un día salimos del armario de la mayor impostura moral…

El libro al que aludo es, a su modo, de autoayuda (horresco referens), se lee o más bien se bebe, por su agudeza y ligereza, como si fuese un martini bien servido, con su aceitunita y todo, más una pizca de angostura, y aunque se dirige al lector o bebedor estadounidense, resulta altamente instructivo y aleccionador para los españolitos acojonados por la dictadura progre y el totalitarismo podemita.

Una columna de prensa da poco de sí… Me limitaré a entresacar algunas frases de las primeras páginas del libro con miras a que sirvan de anzuelo y de estímulo para la lectura de éste. Si en Estados Unidos lo ha leído tanta gente, sería de gran utilidad, a mi juicio, que aquí, en la España sovietizada y anestesiada por el gobierno de Sánchez, sucediera algo similar. Despierta, español, despierta.

Aquí van esas frases, a palo seco, pues donde están las cosas, como escribía Ortega, huelga contarlas o, como añadió Hemingway, sobra explicarlas… 

«El título original de este libro era Por qué dejé la izquierda». 

«El que fue el bando de la libertad de expresión y de la intolerancia (…) prohíbe hoy que determinados oradores hablen en las universidades, boicotean a las personas que no están a la última sobre los tipos de identidad de género y obliga a los cristianos a traicionar su conciencia».

«La izquierda también excluye a los adultos sensatos, que no quieren pagar muchos impuestos, se oponen a la apertura de las fronteras, son partidarios del mercado libre y abrigan una sana desconfianza hacia el socialismo».

«En vez de ser incluyente y justa, la izquierda actual es autoritaria y puritana. Ha sustituido la batalla de las ideas por la de los sentimientos y ha cambiado la sinceridad por la indignación».

«Sea cual sea el motivo que te ha traído hasta este libro, voy a suponer que estás atrapado en un purgatorio político con progresistas «tolerantes» que te tienen secuestrado».

«Sigues políticamente en el armario y es hora de salir de él. Este libro te enseñará cómo».

«Deja de preocuparte por si eres un nazi un fascista (…) El capítulo 4 te confirmará el hecho (ridículamente obvio) de que no lo eres».

«Ármate de una serie de datos que te permitan combatir las falsas creencias políticas más extendidas de nuestra era, desde la brecha salarial hasta el cambio climático».

«No te rindas nunca a la mafia progre (…) Es un perrito ladrador y, a la larga, si no le das lo que quiere ‒en este caso que te disculpes o cedas‒ se rendirá y pasará enseguida a ladrar a su siguiente objetivo».    

«Deja de odiar a Occidente, a tu país y al hombre blanco heterosexual (…) Los hombres blancos heterosexuales no son malvados (de hecho es racista y sexista creer eso) y los valores occidentales fundamentados en los derechos individuales son las piedras angulares de las sociedades libres. ¡Defiéndelos con orgullo!».

«Sigue con tu vida (…) Estar conectado es importante, pero no es saludable si no puedes desconectar. El último capítulo de este libro te concede autorización expresa (y por escrito) para dejar de politizarlo todo en la vida».

 Et alii…

Y por último: «Vivimos en una época en la que las personas de las sociedades más libres del mundo temen decir lo que piensan por miedo a una manfia espoleada por la indignación (…) El mundo necesita urgentemente personas como tú, sin miedo a la verdad y con valor suficiente para defenderla sin que les importen las consecuencias».

Si tú, lector, eres así, ¡avanti, a toda máquina!… Y bienvenido al club de quienes un día salimos del armario de la mayor impostura moral, política e ideológica que ha conocido la humanidad.  

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