«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Sevilla, 1986. Periodista. Ahora en el Congreso.

Fútbol e identidad

18 de septiembre de 2026

Dice un amigo que el Barcelona y el Real Madrid adolecen de los mismos males que España: el primero de separatismo y el segundo de globalismo. Ambos fenómenos explican nuestros males, una pinza contra España que se agrava cuando el balón echa a rodar porque siempre encontramos una disculpa hacia el club de nuestros amores. Entonces se desatan las pasiones futboleras y la irracionalidad, el apoyo incondicional y el tribalismo —que no es lo mismo que la identidad— que ensucian la pelota, la que Maradona decía que no se mancha. 

Si damos por válida la premisa de Arrigo Sacchi (el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes) debemos echarla al suelo y colocar el balompié en su lugar natural. Esto es, tras la familia, la salud, el trabajo y los amigos. Es el deporte universal, casi una religión, y a estas alturas no vamos a descubrir que también un negocio formidable que genera 500.000 millones de euros al año, más que el PIB trimestral de España. 

Como ocurre en todos los sitios donde manda el dinero, el aficionado queda relegado a la ingrata tarea de pagar y callar, rasgo globalista que ahora sufren los ceutíes, que ven cómo sus impuestos no acaban en la frontera que debería protegerles, sino en mantener al invasor. Cuando el Estado no aparece lo hacen las instituciones, ahora tantas en declive, por eso estamos seguros de que en otra época el Real Madrid se habría ofrecido a jugar un partido benéfico en la ciudad afectada, tal y como hizo por las riadas en Badajoz en 1997.

Ahora tres futbolistas, entre ellas las dos estrellas del club, Mbappé y Vinicius, no mostraron el mensaje de apoyo a los ceutíes antes del partido contra el Elche. Mbappé salió lastimosamente a dar explicaciones el día después, pero las imágenes del túnel del vestuario le dejan en evidencia: intentó echar al utillero que repartía las camisetas. Hablamos de tres deportistas de élite, multimillonarios y extranjeros. Ninguno es de origen magrebí, sin embargo, consideran que los europeos invadidos en Ceuta no son de los suyos. Los suyos —por sus frutos los conoceréis— son quienes ocupan la playa del Trampolín, así que las niñas españolas violadas son daños colaterales de los flujos migratorios que no merecen crítica alguna. Y menos de un país racista, en palabras de Vinicius, cuando pidió que España no organizara el Mundial 2030, quién sabe si esto también nos lo acabará robando Marruecos. 

Ya hemos dicho alguna vez que el fútbol dejó de ser del aficionado cuando a principios de los noventa la ley de sociedades anónimas deportivas arrebató la propiedad a los socios. Sin embargo, hoy nos encontramos con que, incluso en aquellos que formalmente pertenecen a sus socios, estos no deciden nada. Uno es el Real Madrid de Florentino, y digo bien, de Florentino, que cambió los estatutos para que sólo pueda presentarse a la presidencia del club quien avale el 15% de un presupuesto que el año pasado sobrepasó los 1.200 millones de euros. Calderilla. 

De las mocitas madrileñas hemos pasado a Anas Laghrari, el marroquí que mece la cuna en Chamartín y hace suculentos negocios con el club. Dicen que es el hombre fuerte del presidente llamado a sucederle, aunque ni siquiera tuvo que mediar cuando Florentino retiró por su cuenta la cruz del escudo del Madrid para hacer negocios en Oriente Medio.

Decíamos al inicio que si el Madrid es ejemplo del peor globalismo (gradas repletas de extranjeros, precios antinacionales, proyección de ‘club del mundo’ y no de España, Starbucks en el estadio…) el Barcelona representa el separatismo antiespañol. En 2009 Del Nido Benavente dijo que Laporta había empequeñecido al Barsa porque el murciano, gallego, vasco o extremeño que es culé se siente avergonzado del catalanismo cerrado del presidente. Justo ese año Florentino inicia su segunda etapa y elimina la bandera de España de la camiseta blanca. Qué ganas del próximo clásico español.

Nota final: a la hora en que el autor envió la columna se desconocía que este viernes el presidente del Real Madrid visita Ceuta junto a Emilio Butragueño y Pirri, nacido en la ciudad autónoma.

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