(Madrid, 1966), licenciada en Derecho por la UCM. Compagina su profesión de asesoría de empresas con colaboraciones en Ataraxia Magazine, El Toro TV y la Fundación Denaes. Española por la gracia de Dios.

Hablen español, hombres de Dios

Todos los seres estupendos que durante décadas calificaron de exagerados y se rieron a mandíbula batiente del famoso ‘España se rompe’; también aquellos que callaron para no ser calificados como fachas españolistas por los muy progres catalanistas excluyentes o por los racistas del hecho diferencial vasco, RH- incluido; todos los que miraron a otro lado mientras se conculcaba el derecho básico de millones de niños españoles a estudiar en el idioma de su país pensando que era una moda que pasaría como tantas; todos ellos supongo que se habrán dado cuenta, a estas alturas, de que esto iba en serio. Lástima que sea el rufián Rufián el que les haya despertado, si es que todavía quedaba alguno por espabilar.

El día que se anunciaba el pacto entre PSOE, Podemos y ERC para que el español no sea lengua vehicular en la educación en ninguna región de España de forma obligatoria, el diputado catalán de ERC publicaba esta frase: «Más allá del ruido, la política». Interprétese como un: ustedes a lo suyo, que nosotros seguimos avanzando. Lo preocupante es que al PSOE -Partido Socialista Obrero ESPAÑOL ¿recuerdan?- y a Podemos transigir con esta condición para conseguir el voto de los golpistas a los presupuestos -a pesar de que la siniestra Celaá se haya puesto muy digna para negarlo- les habrá parecido una ganga, una nimiedad. Como diría María Jesús Montero, la primera prioridad es aprobar las cuentas más sociales y progresistas no sólo de la historia de España, sino del planeta Tierra. Así que todo vale.

La ventaja que ofrece la Ley Celaá es que su hijo no conocerá la frustración hasta que se integre en la vida real

De las leyes de educación que se han perpetrado en los últimos años en España, la Ley Celaá promete ser la definitiva. Si llega a aplicarse, ya pueden darse con un canto en los dientes los padres de aquellos niños que salgan del colegio sabiendo leer y escribir en el idioma que sea. La ventaja que ofrece la LOMLOE es que su hijo no conocerá la frustración hasta que se integre en la vida real. Yo tenía un profesor que se sentaba a leer el periódico la mar de tranquilo mientras hacíamos el examen después de decirnos: “copiad si queréis, ya os suspenderá la vida”. Y se fumaba un puro (en esa época se podía, qué tiempos aquellos).

Con este pacto contra la lengua española se matan -de forma literal- dos pájaros de un tiro. El nacionalismo fragmentario sale reforzado, cómo no, porque destruye los pocos obstáculos que pudieran quedar para tener la educación de los niños en sus sucias manos y, al mismo tiempo, España se hace cada vez más pequeña. El poco Estado que se vislumbra ya en algunas regiones terminará desapareciendo y crecerán generaciones enteras con la lección bien aprendida: el español fue una imposición de Franco porque en Cataluña, en Galicia y en las Vascongadas nunca se habló hasta entonces. Ya muchos lo creen a pies juntillas. A esto hemos llegado. La simplificación es perfecta: en Castilla se habla castellano, en Cataluña el catalán, en Vascongados el vascuence y en Galicia el gallego. Ignoran, de forma deliberada o no, que el español se hizo entre todos a lo largo de muchos siglos. 

Privar de facto a un niño de estudiar en español, no sólo supone una canallada para su futuro laboral, […] sino que lo desarraigará de la Historia

Mientras tanto, Asturias calienta motores con el bable; en Valencia y Baleares el pancatalanismo avanza como las ciencias, una barbaridad, y España se descompone y se balcaniza.

Privar de facto a un niño de estudiar en español, no sólo supone una canallada para su futuro laboral, pues le privará del conocimiento correcto – ortográfico y gramatical- de la lengua que hablan en el mundo más de quinientos millones de personas, sino que lo desarraigará de su Historia. 

Nunca sabrá que de la misma forma que España se desarrolló como nación junto con América, lo que imposibilita explicar la una sin la otra, también lo hizo la lengua. El castellano dejó de ser el idioma exclusivo de Castilla hace siglos para convertirse en español, aglutinando los modos y variedades de la península y muy pronto esparciéndose por la América Hispana -el español atlántico lo llamó Diego Catalán-, hasta convertirse en idioma universal.

¿Quieren nuestros nacionalistas diversidad? Salgan de su aldea mental, aireen su cerebro, desistan de la homogeneidad dictatorial que están imponiendo en sus regiones y ábranse a la libertad, ésa que tanto pregonan y de las que se dicen adalides. Dejen de exigir democracia en Madrid y suelten el rodillo totalitario que aplican en su casa.

¿Desean la hermandad entre los pueblos del mundo? Pues hablen español, hombres de Dios —sin perjuicio de sus idiomas locales—, que no hay nada más expansivo, más rico en modos y maneras que la lengua que se habla, con maravillosas peculiaridades, en toda la Iberosfera.

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