Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.
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Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

Las tres generaciones perdidas

potencia imperial

Dejó dicho Cicerón: O témpora, o mores! (“¡Hay que ver el desastre de las costumbres de los tiempos actuales, comparados con los de antes!”). El uso del plural para “los tiempos” supone una añoranza de una época anterior, más equilibrada.

La noción de la actualidad como época exige la idea de “generación”. El término demográfico equivale a la distancia, en años, que separa la edad de los padres de la de los hijos. Se trata de un promedio, como corresponde a su valor agregado. La convención es la de considerar los 30 años como la unidad generacional. En la práctica, literaria, la “generación” se reserva, más bien, para el estrato de los jóvenes (20 a 30 años), sobre todo, cuando asisten a algún acontecimiento relevante.

Nuestros “tiempos contemporáneos” (más o menos, el siglo XX y lo que llevamos del XXI; es decir, cuatro generaciones demográficas) han sido, especialmente, intensos, por cualquier lado que se mire. El más positivo ha sido el colosal desarrollo de la economía, la ciencia y la técnica. Me refiero, sobre todo, a Europa, que comprende el actual territorio de la Unión Europea más el Reino Unido, Suiza, Ucrania y Rusia.

La tercera hecatombe se ve acompañado de una aguda crisis económica, consecuencia del atasco de los movimientos de población

Como contraste, la época contemporánea europea, ha estado marcada por tres masivas hecatombes. Equivalen a gigantescas mortandades, cada una con millones de muertos, de forma extraordinaria e imprevista.

La primera hecatombe corresponde a la I Guerra Mundial (1914-1918), que concluyó con la “gripe española” de 1918. Ambas desgracias colectivas se cebaron, especialmente, con la población juvenil europea. Con respecto a ese episodio, se acuñó la etiqueta de la “generación perdida”, por las numerosas bajas de los acontecimientos dichos. La “gripe española” alcanzó a todo el mundo y produjo decenas de millones de decesos. Fue la primera pandemia de la historia, en sentido estricto.

La segunda hecatombe correspondió a la II Guerra Mundial (1939-1945), cuyas principales operaciones se desarrollaron en Europa y en el Pacífico asiático. Una vez más, se perdieron millones de vidas jóvenes.

La tercera hecatombe es la que padecemos desde hace más de un año, como producto del “virus chino”, en seguida, replicado con otras cepas geográficas, aún más letales. Se ve acompañado de una aguda crisis económica, consecuencia del atasco de los movimientos de población sobre el espacio. Afecta, de modo llamativo, a Europa, con millones de víctimas mortales y de unas insólitas tasas de desempleo.

La sociedad que salga de ese doble infortunio no volverá a ser la misma de antes. Es decir, no se logrará la anhelada “resiliencia”

Los tres acontecimientos jalonan la lenta, pero, acumulada, decadencia económica y demográfica de Europa. Su papel hegemónico mundial desciende de forma inexorable. 

Importa, especialmente, en Europa, la fase actual de la “generación del desastre”, producto de la pandemia y de la crisis económica. La sociedad que salga de ese doble infortunio no volverá a ser la misma de antes. Es decir, no se logrará la anhelada “resiliencia”. Puestos a aceptar cientificismos, lo que avanza, más bien, es la “entropía”, esto es, la degradación, el desorden. Nos encontramos ante el cambio revolucionario más profundo de los tiempos contemporáneos. No es consuelo, para los europeos, que las desgracias se extiendan a todo el mundo. Todavía, no tenemos perspectiva para evaluar los ingentes daños de la gran tragedia del siglo XXI. Nos encontramos sumidos en ella.

Las dos primeras hecatombes significaron la nueva hegemonía de los Estados Unidos de América. En esta tercera, el desenlace será la señal de su declive y el correspondiente auge de una nueva potencia imperial, la de China. Aquí, sí que se hará pertinente el lamento de Cicerón.

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