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María Zaldívar es periodista y licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Católica de Argentina. Autora del libro 'Peronismo demoliciones: sociedad de responsabilidad ilimitada' (Edivern, 2014)
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María Zaldívar es periodista y licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Católica de Argentina. Autora del libro 'Peronismo demoliciones: sociedad de responsabilidad ilimitada' (Edivern, 2014)

Latinoamérica pobre. Pobre Latinoamérica

Un día el mundo aceptó que una importante porción del continente africano sería siempre un territorio desdichado. Es hora de hacer lo mismo con América Latina y asumir que grandes proporciones de su población adoran el sistema político que lo empobrece: el socialismo. 

La América hispana es mortalmente socialista, se excita de emoción ante el  concepto de igualdad, los dictadorzuelos y la dádiva. El principal sentimiento que anida en su corazón es la envidia: envidia a Estados Unidos porque es un país pujante que vive su abundancia y su libertad sin complejos, porque no digiere la comprobación empírica de que el capitalismo que practica es la vía a sus éxitos. Pero Estados Unidos no es el único motivo de envidia para Latinoamérica. Latinoamérica también envidia al rico local, en Argentina, al rico argentino; en Chile, al rico chileno y en Bolivia, al rico boliviano. 

Porque Latinoamérica ha decidido instalarse y regodearse con su propio fracaso. El socialismo latinoamericano se da el lujo de despreciar la cultura y las normas que hacen girar al mundo y, como todo autoritario, pretende imponer las propias. De hecho lo logró en casi todos los países del subcontinente.

América Latina tuvo la oportunidad de abandonar la postración pero se llenó de “derechitas cobardes” que hicieron un enorme daño al sistema político

Según informes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el rebote estimado para la región no alcanzará a revertir los efectos de la profunda contracción de casi 7% anotada en 2020. Problemas estructurales, desigualdad, pobreza, miseria y marginalidad, hambre, escasa inversión y baja productividad son los indicadores recurrentes de esa parte del mundo que, como espejo, se complementan con estado grande como receta económica y populismo político ó centroderechas vergonzantes, lo que Santiago Abascal describe como “derechitas cobardes”. 

América Latina tuvo la oportunidad de abandonar la postración pero se llenó de “derechitas cobardes” que hicieron un enorme daño al sistema político, suficientemente pisoteado por la izquierda. En algún momento hubo una coyuntura favorable a la libertad y la república en Chile, Brasil, Argentina, Perú, Colombia, Paraguay, Ecuador o Uruguay. Si bien los derroteros de cada uno de ellos no son idénticos y algunos están aún a tiempo de evitar el colapso populista, la mayoría se quedó en intenciones. El discurso sonaba inspirador; luego los hechos no hicieron sino profundizar las respectivas decadencias. 

La historia reciente demuestra que prácticamente ningún país de la región ha podido sacarse el lazo de la izquierda porque no hay líderes que lo impulsen

Las derechitas cobardes de América Latina hicieron el daño de sembrar y regar el descreimiento general; pulverizaron el voto de confianza que las sociedades les extendieron con el objetivo de llevar adelante los cambios imprescindibles para virar de ser tercer mundo agobiado por el peso del estatismo empobrecedor a ser sociedades libres en las que el esfuerzo personal tuviese un rol protagónico en el desarrollo del individuo. El resultado fue un paso atrás y la vuelta al populismo y al discurso de la izquierda contra los valores del capitalismo. 

Hoy, América Latina exporta cerebros. De la Argentina se están yendo más profesionales que durante la crisis de 2001. El 80% de la población expresa intenciones de abandonar el país; no todos tienen los medios económicos para hacerlo; sin embargo, la diáspora que se inició tímidamente hace veinte años y que nunca se detuvo, hoy adquiere un nuevo impulso y viene a configurar un clima sombrío: una sociedad que se envejece, triste por el cisma familiar de despedir a los hijos, un presente de jóvenes “ni ni ni” (ni trabajan, ni estudian ni quieren hacerlo) fomentado desde el gobierno kirchnerista que los tiene de rehenes a través del otorgamiento de tarjetas alimentarias y dinero en efectivo que determinan  un futuro de inexorable decadencia. 

Además de pedir a Dios que esa gesta anticomunista tenga éxito, tendremos que invertir hasta el último aliento para liberarnos

La historia reciente demuestra que prácticamente ningún país de la región ha podido sacarse el lazo de la izquierda porque no hay líderes que lo impulsen; cada tanto, alguna voz se alza para describir la necesidad de un cambio de rumbo en materia económica. Pero la postración latinoamericana es moral, más allá de la debacle de su PBI. Latinoamérica sangra por sus valores cada vez que se entrega mansamente al adoctrinamiento de sus niños, la difamación de sus fuerzas armadas y la prostitución de sus políticos y jueces. Hay permiso para todo mientras se reemplazan los valores centrales de vida, libertad y propiedad.

El desembarco de los peores en lugares de decisión marca el ritmo de la caída. Ellos, sin pasado para defender, sin orgullo por la tradición de la que no son parte, sin principios morales ni sistema de valores garante de sus conductas están deshaciendo nuestras sociedades.  

Con la desintegración impulsada desde adentro, hoy se ve con ilusión el esfuerzo de un sector de la clase dirigente española por ayudarnos. La perniciosa influencia de lo peor de América Latina hizo pie del otro lado del Atlántico pero, a diferencia de quienes permitimos la colonización chavista, España reaccionó. Además de pedir a Dios que esa gesta anticomunista tenga éxito, tendremos que invertir hasta el último aliento para liberarnos. La libertad está en juego y, con ella, nuestra forma de vida y los valores que nuestros mayores abrazaron. 

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