'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

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Los partidos políticos y la corrupción

14 de julio de 2014

Los ciudadanos se escandalizan con la corrupción pero no se detienen analizar las causas que la motivan, porque eso les obligaría a plantearse el sistema político en su conjunto. Habría que exigir que de verdad se tomaran las medidas para erradicar esta práctica generalizada.

¿Por qué existe la corrupción? Creo sinceramente que una gran mayoría de los que sienten vocación política no son corruptos, y sin embargo ésta existe y es obviada por la mayoría. ¿No será que el sistema de partidos se ha salido de sus cauces y se ha convertido en una gigantesca maquinaria de colocación y de poder? Creo que el mantenimiento de un aparato excesivo requiere de una financiación extraordinaria, mucho mayor que la que le conceden las actuales leyes, y por eso busca compulsivamente recursos para mantener esa estructura elefantiásica de políticos profesionales.  La corrupción no es una anomalía sino el medio normal de financiar en España a los partidos políticos, utilizando al sector público con su capacidad normativa para recaudar fondos para su propia subsistencia. Mientras no se ataje la causa, difícilmente se erradicaran las consecuencias.

Los profesionales de la política se reclutan desde su más tierna infancia en las llamadas “juventudes”, instituciones que deberían estar prohibidas. Nadie debería ejercer un cargo de responsabilidad pública sin una carrera personal anterior a la política y una ocupación a la que dedicarse cuando la abandone. Hemos caído en un sistema que no es más que una “partitocracia”, una hipertrofia política  que ahoga económicamente al sistema democrático y a la sociedad productiva en su conjunto además de corromperlo.

La necesaria financiación irregular de los partidos conduce a que algunos, a nivel personal, también busquen lucrarse en la impunidad. El efecto es doble no solo genera gastos propios de los partidos sino que sus miembros colonizan empresas y puesto públicos innecesarios, para proporcionar un sueldo a sus militantes. La solución: reducir drásticamente el personal de los partidos fuera y dentro de la administración. Mientras eso no ocurra tendremos corrupción, que nadie se engañe. ¿Es que nos hemos olvidado ya de cómo salió Felipe Gonzalez y su gobierno del poder? La alternativa, por desgracia, es una dictadura, nos guste o no, el fin del sistema: entre los partidos, la avaricia regionalista y la violencia revolucionaria de una izquierda trasnochada acabarán por cargarse el modelo de democracia que nos habíamos dado en la transición. Que aunque no perfecta podría haber funcionado.

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