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Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Poeta, columnista y ensayista. Sus últimos libros son 'Verbigracia', (2022) poesía completa hasta la fecha; y 'Gracia de Cristo' (2023), un ensayo sobre el sentido del humor de Jesús en los Evangelios
Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Poeta, columnista y ensayista. Sus últimos libros son 'Verbigracia', (2022) poesía completa hasta la fecha; y 'Gracia de Cristo' (2023), un ensayo sobre el sentido del humor de Jesús en los Evangelios

Moción y pedagogía

14 de diciembre de 2022

No puede extrañarnos que los inmovilistas estén en contra de la moción de censura, siquiera sea por razones etimológicas. Implica algo tan cansado como el movimiento. Los herederos de don Tancredo siempre piensan que estarse muy quieto y muy callado es la mejor estrategia.

Veamos si lo es o no. Hay unanimidad entre los tancredistas y los mocionistas en que los pasos que ha dado Pedro Sánchez y los que se propone dar son de una enorme gravedad política e institucional. Lo ha explicado gráficamente alguien tan perspicaz y ponderado como el profesor Diego Garrocho: «Desmontar la democracia tornillo a tornillo llama menos la atención que derribarla de golpe. Por eso es tan importante vigilar y denunciar cada paso destinado a desmantelar nuestra arquitectura institucional». La pregunta ante tanto destornillamiento de nuestro Estado de Derecho es qué hacer.

La primera ventaja de la moción de censura es institucional. Pone en juego al Poder Legislativo. Sólo se habla del asalto al Judicial con razón, porque el Legislativo está asolado desde el principio. Las leyes se hacen por Decreto o abusando de la disciplina del voto de partido, de modo que el Legislativo es un órgano subordinado a los deseos del Ejecutivo, poco más que una correa de transmisión. La moción de censura traslada el peso de gravedad al Parlamento, le da un protagonismo constitucional y lo pone a cumplir su función básica de controlar al Gobierno. Para proteger al Poder Judicial no es mal expediente recordar que antaño fueron tres poderes independientes, tres, como soñó el Barón de Montesquieau.

La moción conlleva una confianza sincera en el buen juicio de los españoles de a pie

Un segundo problema se ataja de cuajo con la moción. Se habla de que las audacias institucionales de Sánchez, que ponen nuestro sistema en almoneda para mayor aprovechamiento del nacionalismo, no le están suponiendo un gran coste electoral. No está mal que sus señorías se ganen el sueldo también como pedagogos de la sociedad española y que, durante dos días, expliquen desde su tribuna los peligros de las medidas pedrosanchescas.

Los tancredistas temen que si hacen lo mínimo van a movilizar al máximo a los votantes de izquierda. Lo mejor es —psch— no sacarlos del sopor. Qué asombroso optimismo. ¡Cómo si Sánchez no fuese a programar todas las alarmas para despertarlos cuando llegue la hora de votar! Tampoco por prudencia se debe renunciar al homenaje de convencerlos con honradez, yendo de frente, exponiendo las buenas razones y no administrándoles el cloroformo del conformismo. La moción conlleva una confianza sincera en el buen juicio de los españoles de a pie.

Ninguno de estos argumentos se debilita por el hecho de que la moción de censura vaya a perderse. Es al contrario: si la razón para no presentar la moción de censura es que al final se pierde, se está perdiendo de antemano. Se le regala a Sánchez preventivamente la misma legitimidad que dicen que le concedería no perder la moción, pero a coste cero, por aclamación tácita y agachonamiento general. Es un explícito reconocimiento de su superioridad.

En cambio, si se presenta la moción, el presidente tendrá que oír en sede parlamentaria la explicación detallada de todos sus desmanes jurídicos y políticos. Y eso será lo de menos. Lo de más es que toda España verá cómo los que le apoyan (Bildu, ERC, Podemos) morderán, como siempre, la mano socialista que les da de comer, humillando más aún al votante clásico del PSOE. La situación del PNV tampoco será nada estética y su mala conciencia se trasladará a su discurso. Para calmarla querrán sacarle más al Gobierno de España, y lo sacarán ante nuestros ojos en vivo y en directo.

Sí se movilizan, y cuánto, contra los partidarios de la moción. Así (…) terminan haciendo en la práctica oposición a la oposición

Que Sánchez tiene una mayoría parlamentaria que le respalda es obvio y se ve cada día. La moción de censura no servirá para destacar lo evidente, pero sí para poner sobre el tapete de esa mayoría sus mutuas desconfianzas, sus desprecios simétricos, su falta de respeto a la legalidad y su naturaleza Frankenstein y vampírica. 

Es posible desoír todas estas razones o no compartirlas, y preferir no movilizarse ni para la censura ni para la oposición frontal. Pero, en cambio, sí se movilizan, y cuánto, contra los partidarios de la moción. Así consiguen un extraño resultado, tras las sumas y las restas, y es que terminan haciendo en la práctica oposición a la oposición.

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