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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Redistribución de la renta

12 de enero de 2015

El concepto de la redistribución de la renta es un principio que ha ido imponiéndose paulatinamente a lo largo del pasado siglo y creo que está llegando a unas cotas difíciles de mantener, pues obviamente desincentiva la creación de riqueza, de la que al fin y el cabo vivimos todos. De lo que no se habla, o se prefiere no hablar, es de la redistribución a modo de seguro colectivo con la justificación de “riesgo sistémico”, de los errores cometidos por particulares al frente de instituciones públicas y privadas que acabamos pagando todos. Errores monumentales que encarecen nuestro sistema más allá de cualquier cálculo razonable. Practicas irresponsables perfectamente conocidas  por sus ejecutores, que para colmo en muchas ocasiones han dado lugar al enriquecimiento desproporcionado e inmerecido de infinidad de individuos. No precisamente especuladores: a pesar de lo que el público crea, el especulador, bien entendido, es una persona o institución esencial, que asume un riesgo a cambio de un beneficio, si gana, gana, si pierde, pierde, y es el aceite que lubrica el sistema económico, el temible es el agiotista o el que maneja los beneficios de su posición para lucrarse sin riesgo.  

Cuando oigo hablar del “riesgo sistémico” con ocasión del fiasco de Grecia, me echo a temblar, pues ese es un ejemplo perfecto de un riesgo particular socializado a través de las instituciones europeas que acabaremos pagando todos. Si Grecia hubiera suspendido pagos, una serie de bancos e instituciones, sobre todo alemanas y francesas, hubieran tenido problemas que hubieran amenazado sus beneficios durante muchos años y a los que habían invertido en dicha deuda, pero seamos sinceros, era un problema suyo y no de todos, no tenía por qué afectar a la moneda única. Querían un interés más alto, un beneficio que de salir bien  no pensaban compartir con los demás aunque  no quieren asumir el riesgo de su inversión. ¿Qué ocurrió? Dichas instituciones y los clientes de dichas instituciones, votantes, tienen un enorme peso en los gobiernos de dichos países, han maquillado su problema como si fuera de Europa. Que sería un problema dentro de Europa, sobre todo para Francia y Alemania, que tendrían que soltar dinero, si no querían ver caer sus bancos o enfrentarse a sus votantes,  no cabe duda, pero no un problema de Europa. Han transferido sus quebrantos a las naciones, y por tanto directamente a los ciudadanos, que son los que pagan los impuestos que en última instancia ponen el dinero para abonar la deuda del país en cuestión. Con ello han comprometido el sentido, el propósito y la fiabilidad de la Unión y ESO SI QUE ES GRAVE. Es un chantaje.

Un chantaje al que estamos todos sujetos desde hace una serie de años por la increíble lenidad de los organismos de control institucional, tanto en América como en Europa y Oriente, al permitir fusiones de todo tipo, sobre todo bancarias y financieras, cuyo tamaño repercute en la estabilidad de todo el sistema “too large to go bust…” decían en América, y lo malo es que tienen  razón, demasiado grandes para caer, pues arrastrarían en su caída a toda la sociedad, ESE ES EL CHANTAJE. Claro y meridiano. Un seguro colectivo en  que nos embarcan a todos asegurando la impunidad de sus monumentales errores de juicio en el más inocente de los casos. Para colmo casi sin responsabilidad legal. Esa es otra forma de redistribución de renta. 

¿Quiénes son responsables?: los legisladores que lo han permitido, (no se trata de inmiscuirse en la iniciativa privada no seamos cínicos, todo mercado desde épocas remotas tiene unas reglas de operación),  los organismos de control específico, comisiones nacionales bancos centrales, judicatura, los consejos de administración de las grandes entidades…  En fin, el sentido común: a ningún ingeniero naval se le ocurriría construir un buque sin cámaras estancas, de manera que una vía de agua sea la causa de que todo el buque se hunda. Hasta que esto no se corrija, y volvamos a la filosofía de la compartimentalización de los riesgos.  En una palabra ¿no se habla hoy en día del “desamor”?  pues eso, hay que “desfusionar” aunque entiendo que va en contra de la esencial tendencia de unión del capital y la eliminación de la competencia, mientras tanto estaremos en riesgo permanente de que el sistema reviente en cualquier momento, cuando ya no quede más dinero de verdad que echar a la hoguera…

 

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