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Abogado franco-argentino, director del Instituto Superior de Sociología, Economía y Política (ISSEP) en Madrid
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Abogado franco-argentino, director del Instituto Superior de Sociología, Economía y Política (ISSEP) en Madrid

Con la ruina causada por la seguidilla de gobiernos progres socialdemócratas –de signo sólo superficialmente opuesto– ante los ojos, mirando la decadencia social y cultural de la última década, frente al espectáculo de la disolución moral y el quiebre del tejido social, los argentinos estamos llamados este domingo a las elecciones de medio término.

Arrastramos una recesión de más de un lustro y, como si esto fuera poco, atravesamos uno de los encierros más largos e irracionales del mundo.

La economía acusó el golpe, pero los resultados sanitarios fueron también catastróficos.

Asistimos a la proliferación de ferias de chucherías que parecen hormigueros donde los que perdieron su sustento buscan ganárselo de otra forma.

Todo se ha vuelto precario, no sólo lo que vemos alrededor, sino nuestras libertades, nuestro trabajo, nuestros bienes, nuestra existencia misma.

En esta comedia, los partidos dominantes posan como archienemigos, cuando es la casta política toda entera la enemiga del pueblo

El gobierno criminal de los Fernández busca captar votos prometiendo a diestra y siniestra, aplicando su máxima ‘promete mucho y poco (o nada) cumple’. 

La oposición cómplice o la derechita cobarde, aquí hablamos del macrismo, intenta venderse como el último dique para evitar la deriva chavista… como si hubiéramos olvidado qué hizo cuando le tocó gobernar.

El proyecto de reforma del Ministerio Público impulsado por el kirchnerismo, muy justamente denostado, parece el calco del que impulsó el macrismo. El aborto promulgado por el kirchnerismo fue puesto en la palestra por el macrismo. La inflación macrista es hija, pero también madre, de la inflación kirchnerista.

Ninguno de los dos grandes partidos es responsable único de la decadencia, ninguno es –mucho menos– inocente de ella: son ambos culpables, son cómplices, se reparten la torta a nuestra costa.

Es urgente y necesario que candidatos como Javier Milei, Juan José Gómez Centurión y Victoria Villarruel sean elegidos

En esta comedia, los partidos dominantes posan como archienemigos, cuando es la casta política toda entera la enemiga del pueblo. Ninguno de los partidos oficiales tiene entre sus preocupaciones las preocupaciones de los argentinos: salud, trabajo, educación, seguridad. En el simulacro de la contienda electoral su única ambición es mantenerse en el poder para seguir gozando de privilegios y prebendas. 

En estas elecciones, podemos empezar a despertar saliendo de la falsa tensión entre kirchnerismo y macrismo, de esta polarización engañosa, y llevando al Congreso la mayor cantidad posible de enemigos de la casta.

Es urgente y necesario que candidatos como Javier Milei, Juan José Gómez Centurión y Victoria Villarruel sean elegidos para que voces viriles y libres comiencen a resquebrajar la hegemonía partidaria que está conduciendo la Argentina hacia su suicidio. 

El pueblo argentino tiene el domingo una oportunidad histórica para torcer el curso actual de las cosas y empezar a poner los medios para hacer descarriar la aceitada maquinaria de la casta política actual. 

No habrá renovación, ni rescate posible de la Argentina, si antes no hay renovación de sus dirigentes. 

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