«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
La Gaceta de la Iberosfera
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Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.
Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.

Sánchez en el velorio

9 de enero de 2023

Presentada públicamente 30 de julio de 1974 en el Hotel Intercontinental de París y encabezada por Antonio García Trevijano, el eurocomunista Santiago Carrillo y Rafael Calvo Serer, miembro numerario del Opus Dei, la Junta Democrática de España encontró rápida respuesta en otra estructura política apoyada por la Internacional Socialista, Willy Brandt y François Mitterrand: la Plataforma de Convergencia Democrática que, sin alusión alguna a España, afloró a la luz pública el 11 de junio de 1975. Si en la Junta destacaban los personajes aludidos, en la Plataforma, que hibridada con la primera dio lugar a la Platajunta, sobresalía la figura de Felipe González, siempre flanqueado por Alfonso Guerra, con Joaquín Ruiz-Giménez como principal representante de la democracia cristiana, a los que se sumaban miembros de los nacionalismo vasco y catalán. 

No son pocos los que en medio del duelo han subrayado la gran diferencia que separaba a Redondo del actual secretario general del sindicato socialista

Aunque desde hacía tiempo González había sido elegido para liderar el PSOE que debía desplazar al exiliado Rodolfo Llopis, la renuncia de Nicolás Redondo a presentar su candidatura a la secretaría general del partido ante el Congreso de Suresnes de 1974 allanó el camino del sevillano. Desde aquellos días hasta su retiro como sindicalista, Nicolás Redondo formó un muy reconocible tándem con Marcelino Camacho, su par en Comisiones Obreras. Fallecido el 4 de enero de este recién comenzado 2023, con su muerte se cierra un ciclo histórico que deja en la memoria imágenes de las grandes huelgas con las que se trataba de frenar lo inevitable: la desindustrialización de España a cambio de su entrada en el club europeo manejado, fundamentalmente, por las naciones que presidieron Mitterrand y Brandt…

No son pocos los que en medio del duelo han subrayado la gran diferencia que separaba a Redondo del actual secretario general del sindicato socialista: Pepe Álvarez. Si el primero unió a su apellido el apodo el de la Naval, del mismo modo que Camacho era el da la Perkins, el segundo permanece liberado desde los 22 años y trabaja en pos de la fragmentación del tejido productivo español, dadas sus conocidas simpatías por el secesionismo catalán.

Bien sabe Sánchez hasta qué punto están engrasados los engranajes sindicales, tan dóciles ante sus políticas y sus subvenciones

Antes de ser enterrado en el mismo Cementerio Civil de Madrid en el que reposan los restos de Pablo Iglesias Posse, Pedro Sánchez visitó la capilla ardiente de Redondo. De haber sido deudo del finado, la visita del presidente me habría inquietado ante el temor de que el doctor se comportara como los protagonistas de «Conducta en los velorios», el cuento de Julio Cortázar en el que unos extraños acaparan un velatorio ajeno hasta el punto de pronunciar el discurso de despedida del difunto y de llorar más que los propios parientes. En el caso de Redondo, no fue necesario tan luctuoso despliegue, pues bien sabe Sánchez hasta qué punto están engrasados los engranajes sindicales, tan dóciles ante sus políticas y sus subvenciones, que las tres huelgas generales que Redondo y Camacho le organizaron a González, al que no se vio por el tanatorio, son una quimera.

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