'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

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Sykes-Picot, la frontera que ISIS promete derribar

1 de junio de 2016

Sykes-Picot es el símbolo de cómo franceses e ingleses disponían de lo ajeno con un lápiz azul y otro rojo, y constituye uno de los objetivos declarados del ISIS, acabar con “la línea Sykes-Picot”, como la llaman. “Nosotros no la reconocemos ni la reconoceremos nunca. No es la primera frontera que romperemos, con la ayuda de Dios, romperemos más, pero empezamos con esta”.

Hace cien años que Mark Sykes y François Georges-Picot colorearon un mapa de Oriente Medio. Un 16 de mayo de 1916 firmaron un acuerdo secreto que preveía, tras la desaparición del Imperio Otomano, repartir zonas de influencia entre Francia y el Reino Unido de Gran Bretaña. Y a día de hoy seguimos viendo sus efectos. Las actuales Siria, Líbano, el sur de Turquía y el norte de Iraq hasta Mosul corresponderían a Francia, mientras que lo que hoy serían Jordania, Iraq, parte de Palestina y el norte de Arabia serían el botín inglés. Aunque una de las piezas clave del acuerdo fue que Jerusalén quedaría bajo mandato internacional.

Muchas cosas sucedieron después. En primer lugar, se dejó a Rusia de lado en las negociaciones tras no concederle la promesa de los estrechos turcos, Estambul y la salida rusa a aguas calientes. Tras lo cual Lenin decidió revelar el secreto en dos diarios en 1917, y con ello seguir la cadena de enfados. Tras los rusos se enfadaron los árabes, porque se descubrió la traición inglesa con ese tratado. Reino Unido había prometido en el año 1915 mediante Lawrence de Arabia y el comisario inglés en El Cairo una gran nación árabe a cambio de las revueltas del sur del Imperio Otomano (factor crucial para la desaparición de éste) a Hussein, el emir de La Meca. Aquella Gran Arabia que se creía Lawrence, y con él los árabes, tendría la extensión de las actuales Arabia, Palestina, Jordania, Iraq, Siria y el Líbano.

Aunque no es exactamente cierto que Sykes-Picot determinara las fronteras de Oriente Medio, y que sea la principal fuente del conflicto local, sí es verdad que influyó en su configuración. En todo problema que arrastra la historia hay muchos factores entrelazados. Y esto porque el acuerdo que finalmente recortaría la región se firmó tras la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Sèvres, y cambió bastantes cosas. De las consecuencias más relevantes de esta Primera Gran Guerra es necesario destacar la ruptura y caída del Imperio Otomano, como quisieron Sykes y Picot, aunque el primero no viviera para verlo. Este dato es fundamental, pues con ocho siglos de historia en la maleta suponía el bastión musulmán sunní de Asia Menor. Ese referente que hoy pretende restablecer el Estado Islámico.

Fue entre todos estos papeles donde también se generó el problema kurdo, y tras los que se crearon naciones sin ningún tipo de sentido, historia e identidad, como Jordania. Aunque más que en los Tratados, todo sucedió por la gestión inglesa, francesa y de la Sociedad de Naciones tras 1919. Una de las conclusiones clave consiste en que el color del cristal con el que Occidente miraba era el concepto de Estado-nación, y en Oriente Medio no es tan sencillo, pues el factor que principalmente lo explica todo se llama religión.

No sabe España la suerte existencial que tiene. Una nación con cinco siglos de fronteras estables e identidad determinada no es tan fácil de ver, es más bien una rareza de coleccionista. Aunque como suele suceder con tantas cosas extraordinarias, no sabemos apreciarlas.

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