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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.
Socio-Director de Eurogroup Human Resources.Orgulloso de colaborar con Intereconomía desde abril de 2012."""
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La TV y el marketing político se imponen a las ideas

13 de julio de 2014

Diseñar un eficaz «Plan de Marketing estratégico y emocional» de última generación constituye la base del éxito comercial de una empresa y, por tanto, es uno de los factores que influyen en el crecimiento de la misma. Igualmente, una acertada política de comunicación interna que transmita la estrategia de marketing a toda la organización será vital para que el citado plan se ejecute a la perfección.

El objetivo de todo ello es posicionar los productos o servicios de la compañía en el mercado para seducir a un público previamente segmentado. Y cubrir las necesidades de los potenciales clientes con el fin de fidelizarlos.

Actualmente, los partidos políticos están adaptando a su manera determinadas estrategias de marketing procedentes del ámbito empresarial. Del mismo modo, las redes sociales, que han revolucionado las políticas de comunicación de las empresas, también son utilizadas por los partidos para difundir su propaganda política. 

Tanto es así que el marketing engañoso de los dos principales partidos políticos españoles únicamente crea «pseudo líderes de papel». Es decir, políticos que han desgobernado de forma corrupta instituciones públicas, ayuntamientos, comunidades autónomas y, globalmente, nuestro país. El PP-PSOE nos ha vendido constantemente productos defectuosos.

El denominado «marketing político» es en realidad una metodología (integrada por la sociología, la comunicación y la ciencia política) que publicita las campañas electorales de los partidos. Pero este concepto está obsoleto en la actualidad debido a que los partidos se han convertido en organizaciones marketinianas que diariamente confunden a la sociedad a través de mensajes contradictorios, vacíos e incoherentes.

En España se están produciendo relevos generacionales en determinados partidos políticos. 

En el PSOE, los tres candidatos a asumir el liderazgo de este partido no han generado ni una sola idea en relación a la regeneración democrática que necesita nuestro sistema político. Y tampoco han aportado ninguna solución a los problemas que preocupan a la ciudadanía. Tales como, la corrupción política institucionalizada, la insostenible burbuja de deuda publica, el agujero negro del déficit, el desempleo de larga duración, la progresiva precariedad del mercado laboral, los «ninis», el independentismo catalán y vasco, etc. ¿Echarán de menos al Faisán?   

En el PP, desgraciadamente tanto para los votantes de este partido como para todos los españoles, aún no se ha producido la renovación de su cúpula directiva. El caladero de las Nuevas Generaciones del Partido Popular está rebosante de «ridiculums» vitae. Este contrastado hecho muestra que lo peor de la sociedad opta por hacer carrera, de manera profesional, en la política. 

El partido emergente Podemos, por mediación de la TV, y de un marketing mix cubano-venezolano y de corte totalitario y dictatorial, está recogiendo el desencanto de parte de la ciudadanía en relación a la corrupción del PP-PSOE y al bajo perfil de los políticos del bipartidismo. No obstante, los españoles debemos evitar que venga una nueva casta política todavía de peor calidad que la actual. 

Si los partidos políticos quieren aprender de las empresas, pueden comenzar por adaptar los métodos de atracción, detección y desarrollo del talento, así como los inteligentes procesos de selección que ejecutan multitud de compañías para elegir al candidato más cualificado e idóneo.

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