'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

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Viviendo al límite

20 de agosto de 2013

Les quiero mucho. Lego todas mis deudas a mis lectores. Estoy a punto de saltar por los aires. Escribo esto mientras J. Q. manipula una bombona de butano con un purito en la boca. Desvelo sólo sus iniciales por respetar su anonimato. De lo contrario, ustedes sabrían que me refiero a Javier Quero. Dice, mientras agita con alegría la bombona, que va a hacer una paella, pero creo que todo esto responde a un plan para acabar conmigo y quedarse con mi cuenta de Twitter, que es lo único que tengo de valor; aparte de las seis casas en la playa, los tres yates, las minas de cobre, el Rolls-Royce Phantom Drophead Coupé, y la herencia del tío Gregoriè, el hombre más rico de París. Tan rico, tan rico, que se lo comieron los leones durante un safari. Para vengar su memoria, viajamos al lugar de los hechos, matamos a los leones, y los examinamos con varios forenses. Fue una pérdida irreparable: su billetera jamás apareció.Estamos de vacaciones. Paraíso ribadense. Ritmo de vida extenuante. Nos levantamos temprano, a primera hora de la tarde. Nos duchamos –los días impares- y acudimos a El Español, el bar mágico donde Leopoldo Calvo-Sotelo tomaba su aperitivo. En la playa practicamos diferentes modalidades olímpicas para mantenernos en forma; en forma esférica. Levantamiento de botellín de cerveza, ingesta de pulpo, movimiento circular de los pulgares de los pies enterrados en la arena –divertidísima práctica-, y la más agotadora de todas: el chapuzón.Miente la gente que dice que se baña en el Cantábrico. Lo único posible aquí es bañarse contra el Cantábrico. Morir ahogado es fácil. Sólo tienes que introducirte en el agua con decisión, volverte hacia tus amigos inexpertos, y exclamar con gravedad: “Llevo desde niño bañándome en esta playa. Conozco perfectamente las corrientes”. Lo dije ayer. Y la respuesta fue inmediata. En el primer golpe de mar, perdí una lentilla. Buscándola entre la espuma, una segunda ola me golpeó el culo, lanzándome contra una roca y rasgándome el traje de baño. Una tercera, más alta que la factura de la luz, me revolcó sobre mi propio eje. Torbellino letal. Pánico en la playa. Lo siguiente que recuerdo es verme tumbado en la orilla, con Quero dispuesto a hacerme el boca a boca. Mano de santo. Tan pronto como detecté sus aviesas intenciones, recuperé el conocimiento y hasta las ganas de correr por el arenal.Sospecho que Madrid está vacío. Da igual el lugar por el que te metas, y lo mucho que te alejes de la civilización. Estés donde estés, encontrarás a un madrileño disfrazado de Coronel Tapioca y con una caña sin desembalar, caminando con cara de circunstancias. Anoche me topé con uno así, en lo alto de un monte asturiano, a cien kilómetros de la playa más próxima, apuntando con su caña de pescar a una perdiz. Los osos estaban tan divertidos contemplándolo que ni siquiera se lo comieron.Asturias es siempre patria querida. No creo que haya nada mejor que los chorizos a la sidra, si dejamos al margen la sidra sin chorizos. Me han enseñado a escanciar y confieso que lo hago con arte. A una distancia de un metro, ya logro encestar en el vaso la totalidad de los chorizos y buena parte de la sidra.Está siendo una gran semana. Los políticos están callados y molestan poco. Y yo, aquí, en familia. Sosiego. Amalgama de aromas florales en el jardín. Y un creciente olor a butano en casa que no me permite centrarme en lo que escribo. Es difícil teclear sabiendo que en cualquier momento tu amigo encenderá de nuevo el mechero para avivar su purito, y saltaremos todos por los aires. Tal vez sea este un artículo póstumo y yo sin saberlo, escribiendo frivolidades. Debería decir algo solemne y trascendente, algo importante para la Humanidad, para la posteridad… Está bien, lo diré: ¡viva el albariño! ¡Tres sidras por la hurra!

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