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DEFENSA DE LA LIBERTAD Y DE LA DIGNIDAD HUMANA

Benedicto XVI y su legado para las Américas

Velas en memoria del papa emérito Benedicto XVI. Europa Press

Joseph Ratzinger, pontífice emérito –quien fuera nombrado Papa Benedicto XVI, el 19 de abril de 2005, y decidiera renunciar el 28 de febrero de 2013–, deja un legado para las Américas y el mundo entero que inspira sobre todo a las voces conservadoras, dentro y fuera del catolicismo, a la defensa de los valores tradicionales de Occidente.

Tres viajes al continente americano

Fue en tres oportunidades al continente americano: a Brasil en 2007, que fue su primera estadía en Hispanoamérica, donde inauguró la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM) en el Templo de la Aparecida; en abril de 2008 a los Estados Unidos, donde visita Washington y Nueva York, ofreciendo un discurso en la sede de la ONU; y en marzo de 2012 a México y a Cuba.

En su discurso en Brasil, en la relevante Conferencia el 13 de mayo de 2007, hace un especial señalamiento crítico en torno al lado oscuro del fenómeno de la globalización y su carencia de valores éticos, adelantándose una vez más a lo que vendría lustros más tarde y que hoy oprime a todo Occidente.

«En el mundo de hoy se da el fenómeno de la globalización como un entramado de relaciones a nivel planetario. Aunque en ciertos aspectos es un logro de la gran familia humana y una señal de su profunda aspiración a la unidad, sin embargo, comporta también el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo. Como en todos los campos de la actividad humana, la globalización debe regirse también por la ética, poniendo todo al servicio de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios», dijo.

Y en especial se refirió a la realidad de América Latina, en dos vertientes político-sociales preocupantes: los regímenes autoritarios y el voraz libre mercado cuando no respeta la dignidad humana: «En América Latina y el Caribe, igual que en otras regiones, se ha evolucionado hacia la democracia, aunque haya motivos de preocupación ante formas de gobierno autoritarias o sujetas a ciertas ideologías que se creían superadas, y que no corresponden con la visión cristiana del hombre y de la sociedad, como nos enseña la doctrina social de la Iglesia. Por otra parte, la economía liberal de algunos países latinoamericanos ha de tener presente la equidad, pues siguen aumentando los sectores sociales que se ven probados cada vez más por una enorme pobreza o incluso expoliados de los propiosbienes naturales”.

En su discurso en Nueva York, ante la ONU, el 18 de abril de 2008, Ratzinger subrayó apreciaciones importantes y de gran actualidad que hoy nos hacen mucho sentido, por ejemplo, cuando dijo que los derechos humanos deben incluir el derecho a la libertad religiosa.

En 2022 vemos cómo en Nicaragua el régimen del dictador Daniel Ortega mantiene una furiosa persecución contra los católicos, a quienes han asesinado y apresado. En Colombia, Chile, Argentina y México vemos homicidios contra sacerdotes, irrupciones en plena misa, vandalizaciones de templos por parte de supremacistas feministas progresistas, con la complacencia de gobiernos o liderazgos de izquierda, desinstalación de capillas en aeropuertos y sedes públicas, profesores y estudiantes expulsados por defender su fe y valores conservadores, e incluso intentos judiciales de prohibir la tradición del pesebre en espacios públicos.

«Es inconcebible -siguió el Papa Benedicto XVI en tono severo- por tanto, que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos –su fe– para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos. Los derechos asociados con la religión necesitan protección sobre todo si se los considera en conflicto con la ideología secular predominante…».

Este pensamiento papal se adelantaba a la llegada de la hegemonía woke actual en los Estados Unidos, y al supremacismo progresista en todo el resto del continente, y acentuado en México, Colombia, Chile, Brasil y Argentina.

En 2012, en su discurso en León, Guanajuato, en el centro de México, tierra cristera, Ratzinger puso énfasis una vez más en el respeto irrestricto a la dignidad humana, y en cómo ésta se expresa a fondo en la libertad religiosa «Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad. Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la coherencia de vida. Así podrán compartirla con los demás, como misioneros entre sus hermanos, y ser fermento en la sociedad, contribuyendo a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona humana, creada por Dios, y que ningún poder tiene derecho a olvidar o despreciar. Esta dignidad se expresa de manera eminente en el derecho fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena integridad».

El concepto de nueva evangelización

Su enfoque ha sido peculiar, genial se diría, porque supo interpretar el espíritu del Evangelio para aplicarlo con sabiduría y misericordia en el devenir contemporáneo, aquejado por el marxismo posmoderno, como por el relativismo, y los excesos de las élites globalistas. 

Una de las principales claves para entender la herencia de Ratzinger es el concepto de nueva evangelización, que habría de enfocarse en todo el mundo, pero empezando por aquellos países que conforman a Europa, y con ello en la base histórica de la cristiandad, y que hoy, por mucho, con «el estómago saciado», rodeados de abundancia y prosperidad, se han olvidado de Dios y de la religión.

Benedicto XVI, en su homilía del 16 de octubre del 2011, en la Basílica Vaticana, ofrece claves para entender el proyecto de la nueva evangelización. Mencionó ahí que «sin Cristo, Palabra y Pan de vida, no podemos hacer nada (cf. Jn 15, 5)», y como conclusión aconseja: «Aprended de la Madre del Señor y Madre nuestra a ser humildes y al mismo tiempo valientes, sencillos y prudentes, mansos y fuertes, no con la fuerza del mundo, sino con la de la verdad».

La nueva evangelización, también recalcó, debe empezar por la familia, la familia cristiana, y el amor que sabe transmitir. 

Al papa emérito le tocó encarar el espinoso tema de los pederastas dentro de la Iglesia, e implementar medidas contra el encubrimiento de este deleznable crimen, cosa que hizo sin ambages. La revisión de la disciplina penal que databa del 25 de enero de 1983, el Código de Derecho Canónico, cuando fue promulgada por el entonces Papa Juan Pablo II, continuó con Ratzinger y ha sido ahora retomada por el Papa Francisco.

Ratzinger promovió la conciliación entre fe y razón, retomando e interpretando «Fides et ratio» de Juan Pablo II, haciendo ver que se trata de dos importantes características que deben convivir en el ser humano con armonía para su plenitud.

La más conocida de sus encíclicas es «Deus caritas est», Dios es amor, del 25 de diciembre de 2005, donde escribe: «En un mundo en el cual a veces se relaciona el nombre de Dios con la venganza o incluso con la obligación del odio y la violencia, éste es un mensaje de gran actualidad y con un significado muy concreto. Por eso, en mi primera Encíclica deseo hablar del amor, del cual Dios nos colma, y que nosotros debemos comunicar a los demás».

En ese texto concluye Ratzinger que en el cristianismo se explican «las grandes estructuras de acogida, hospitalidad y asistencia surgidas junto a los monasterios. Se explican también las innumerables iniciativas de promoción humana y de formación cristiana destinadas especialmente a los más pobres de las que se han hecho cargo las Órdenes monásticas y Mendicantes primero, y después los diversos Institutos religiosos masculinos y femeninos a lo largo de toda la historia de la Iglesia.”

Y se añade que: «Figuras de Santos como Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Juan de Dios, Camilo de Lelis, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, José B. Cottolengo, Juan Bosco, Luis Orione, Teresa de Calcuta –por citar sólo algunos nombres– siguen siendo modelos insignes de caridad social para todos los hombres de buena voluntad. Los Santos son los verdaderos portadores de luz en la historia, porque son hombres y mujeres de fe, esperanza y amor».

«El hombre está tocado por una verdad mayor que nosotros»

Cabe señalar algo que acaso es la más profunda aportación del Papa Benedicto XVI a nivel filosófico, en el ámbito de la cultura contemporánea, en tanto observación de los ecos de la Modernidad, y de la Ilustración.

Escribe en su libro Fe, religión y cultura, que pese a las muchas diferencias que podemos hallar entre las culturas del mundo, todas tienen puntos comunes con el cristianismo, porque todas buscan la verdad, a Dios, la comunión con él, y la vida eterna.

Puntos coincidentes todos que, a la par, son lejanos al racionalismo y al relativismo que vivimos hoy en día. Uno que, si no se atiende a tiempo, deja al hombre en un vacío de sentido. Pero las similitudes y cercanía entre las religiones y el cristianismo motivan a la alegría, ya que no se confirma en estos encuentros el relativismo, sino al contrario: que el hombre está «tocado por una verdad mayor que nosotros».

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