El cardenal Robert Sarah ha abordado los grandes desafíos morales y espirituales de nuestro tiempo, desde el aborto y la eutanasia hasta la inmigración, la descristianización de Europa y los abusos litúrgicos en la Iglesia, en una entrevista exclusiva concedida al medio francés Tribune Chrétienne. El purpurado guineano ha reafirmado la doctrina católica sobre la defensa de la vida, ha denunciado la cultura de la muerte que asola a Occidente y ha celebrado la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de devolver a Dios al centro de la vida pública.
Sarah ha recordado la posición inmutable de la Iglesia sobre el aborto: «El Concilio Vaticano II definió el aborto como un gran crimen, un crimen abominable. Esta es la postura oficial de la Iglesia«. En referencia a la decisión del Gobierno francés de incluir el aborto en la Constitución, ha sido tajante: «Incluir el aborto en la Constitución es una burla a Dios. Como país cristiano, incluir el aborto en la Constitución es un insulto directo a Dios«. Para el cardenal, Europa atraviesa una profunda crisis espiritual por haber renunciado a sus raíces cristianas.
El purpurado ha extendido su condena a la eutanasia, que considera «un acto que ninguna autoridad tiene derecho a aprobar». «Ningún gobierno tiene derecho a decidir sobre la vida o la muerte de una persona», ha afirmado, insistiendo en que el valor de la vida humana no depende de la voluntad de los hombres ni de las leyes civiles, sino de Dios.
Frente a este panorama de decadencia moral, Sarah ha destacado signos de esperanza en Estados Unidos, donde ha elogiado la política de Donald Trump por devolver a Dios un papel central en la esfera pública. «Excluir a Dios de la sociedad es suicidarse. Celebro la decisión de Trump de volver a poner a Dios en el centro de la vida pública», ha asegurado. A su juicio, la fe no debe relegarse al ámbito privado y las sociedades que pretenden borrar a Dios del debate público «acaban suicidándose espiritualmente».
El cardenal también ha denunciado la censura ideológica que se impone en Occidente y la violencia contra quienes disienten del pensamiento dominante. Al referirse al asesinato del activista estadounidense Charlie Kirk, ha expresado su indignación: «Vivimos en una democracia, pero ¿no queremos que alguien hable un idioma diferente al nuestro? Este asesinato afectó a todos. En un país civilizado, es horrible». Para Sarah, estos episodios reflejan un clima social asfixiado por la intolerancia ideológica y el odio hacia la verdad.
Aunque sus palabras tocan temas de fuerte contenido político, el cardenal ha aclarado que su misión no es partidista: «Nunca hablo en el ámbito político. Soy la voz de Dios, eso es todo. Algunos podrán aprovecharse de lo que digo, pero mi palabra no es la de un partido». En esa línea, ha recordado que la Iglesia «no puede reducirse a una causa o ideología particular». «La Iglesia es esposa y madre. No es para pobres ni para ricos, es madre de todos los pueblos. Debemos evitar las descripciones de la Iglesia que tienen un cariz político e ideológico«, ha subrayado.
En relación con la inmigración, Sarah ha pedido combinar la caridad con la verdad evangélica. «Los inmigrantes vienen a Europa porque piensan que cuando llegan aquí lo tienen todo, que tienen el paraíso… Pero ayudémosles a desarrollarse en casa para que se queden en casa«, ha dicho. Y citando a Benedicto XVI, ha añadido: «Si solo das pan a tus pobres, no has dado nada. Si acoges a los inmigrantes, dales a Dios y tu fe». A su juicio, la caridad sin evangelización está incompleta y Europa no puede renunciar a ofrecer su fe a quienes llegan a sus fronteras.
Al analizar la crisis espiritual de Europa, el cardenal ha sido contundente: «La persecución física que sufren algunos pueblos de África o Asia es menos grave que la persecución ideológica que sufren ustedes en Occidente. Sus valores cristianos están siendo anestesiados». Y ha advertido: «El hecho de que un Estado sea laico no significa que deba separarse de sus raíces. No podemos negar nuestras raíces cristianas«.
Sarah también ha abordado la situación litúrgica y doctrinal de la Iglesia, denunciando los abusos y el desprecio hacia la misa tradicional. «Hemos transformado la misa en un campo de batalla. Estamos profanando la Eucaristía. Los cristianos que practican hoy son los que asisten a la misa tradicional. ¿Por qué prohibírselo? Al contrario, debemos animarlos», ha declarado, en referencia al Motu Proprio Traditionis Custodes, que restringe el rito antiguo. El cardenal ha asegurado que «el Papa León XIV actuará en este sentido», mostrando su confianza en una rectificación del rumbo litúrgico.
No ha eludido tampoco los excesos morales que, según denuncia, se dan en algunos ambientes eclesiales: «Lo peor es que introdujeron la bandera LGBT en la basílica. Para mí, eso es un insulto a Dios, es un ataque físico a Dios«. Y ha precisado: «Toda persona debe ser respetada, pero también debe respetar las leyes y la doctrina de la Iglesia. Permitir que dos personas del mismo sexo se unan no tiene sentido».
Sobre el futuro de la Iglesia, Sarah ha pedido una conversión personal antes que reformas estructurales. «Démosle tiempo al Papa, pero no es él quien tiene que cambiarlo todo. El verdadero cambio está dentro de cada uno de nosotros», ha afirmado. Y ha concluido la entrevista con una oración que resume su visión espiritual: «Que Dios me haga un sacerdote santo al servicio de la Iglesia y del Señor. Oremos por los sacerdotes que hoy atraviesan momentos difíciles y que los obispos estén cerca de ellos».
Con esta entrevista de gran densidad espiritual, el cardenal Robert Sarah vuelve a levantar la voz frente a una Europa que, a su juicio, ha olvidado sus raíces cristianas y camina hacia el vacío moral. Su mensaje es claro: sin Dios en el centro, la civilización occidental se encamina a su autodestrucción.