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Crítica: Fast & Furious 7, el absurdo más divertido de la saga

Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Un año más tarde del que debería haber sido su estreno, Furious 7 aparca por fin en las pantallas de todo el mundo por todo lo alto: es más absurda, divertida y entretenida que nunca. Dando rienda suelta ‘a todo gas’ a su característica sobredosis de testosterona, la séptima película de la franquicia es pura diversión en la que la inverosimilitud es pretendida y descarada y su mejor forma de hacer reír al público pasa, primero, por saber reírse de uno mismo a carcajadas.

Furious 7 no engaña a nadie. Ni promete diálogos filosóficos más allá de «tú eres mi familia y amigo» ni da vueltas para recrear el realismo de una persecución callejera. La película, dirigida por James Wan y protagonizada por Vin Diesel, Paul Walker, Michelle Rodríguez, The Rock, Tyrese Gibson y Ludacris, es una exagerada absurdez de principio a fin sin otro objetivo que enganchar y divertir a golpe de coches voladores, acrobacias o chistes en el 90% de los diálogos. Todo ello contenido en un guión que, sin más pretensiones que la burla de sí mismo, funciona con cohesión y fuerza consiguiendo que las dos horas y media de metraje viajen a toda velocidad.

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Y a pesar de todo, el esfuerzo para estrenar Furious 7 fue titánico y dramático. Por ironías de la vida, el fallecimiento en un accidente de coche de Paul Walker, uno de los protagonistas de la franquicia, paralizó el rodaje de la séptima entrega de la saga por tiempo indefinido. Con una buena parte de sus escenas sin grabar, el equipo tuvo que buscar la fórmula para salvar a un producto que parecía estar condenado al fracaso, lo que conllevó dar un giro completo al guión y encontrar la manera de culminar con dignidad el trabajo que comenzó Walker.

El resultado es un guión que no se nota forzado en una curiosa combinación entre los elementos que caracterizan a Fast & Furious con un homenaje al actor fallecido. Sin perder su coherencia y equilibrio, la película es, en esencia, un último adiós a Walker, que revive en pantalla a través de un increíble trabajo digital, dobles y tomas que habían sido desechadas, y que permite al intérprete despedirse con una emotividad -que no sensiblería- que deja incluso al menos aficionado a la franquicia con un nudo en la garganta. 

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Furious 7 es el punto y aparte de una etapa, pero deja claro que seguirá dando mucha guerra a ritmo de reggaeton y hip hop. Es un delirio de película que le conviene evitar si lo que busca es una cinta con profundidad pero que cumplirá con creces sus expectativas si es un incondicional de la fraquicia o si solo busca sentarse en un asiento, pasarlo bien y olvidarse del mundo durante dos horas frenéticas.

Puntuación: 3,5/5 

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