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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

¿Cuándo nos acostumbramos a morir?

Los mismos que colmaron las redes con el ‘Je suis Charlie’ hace unos años, guardan hoy silencio ante los atentados que vive Europa periódicamente. No tardarán además en señalar a aquellos que sí denuncian las atrocidades islámicas en todo el mundo por «remover» el pasado.

Nuevo atentado islámico en Europa. Nuevo atentado islámico en Bélgica. Lieja fue el escenario escogido por los radicales para una nueva atrocidad en nombre de Alá. El atacante, un preso que había salido de permiso días antes, asesinó a tres personas y se atrincheró en una escuela donde finalmente fue abatido por los agentes de Policía.

El enésimo ataque terrorista en suelo europeo ha puesto en evidencia dos (preocupantes) tendencias: los sistemas de seguridad no son efectivos para hacer frente a esta amenaza y los ciudadanos se han terminado por acostumbrar a la violencia en nombre de Alá. Motivos no les faltan, pues los yihadistas han atacado el Viejo Continente en innumerables ocasiones en los últimos años ante la inoperancia de las autoridades.

El alcalde de Londres, Sadiq Khan, pidió a los ciudadanos europeos que se “acostumbraran” a los ataques islamistas porque era algo “inevitable en las grandes ciudades”. Más allá de lo desafortunado de sus declaraciones -pues el laborista admitió que no estaban en condiciones de luchar contra el yihadismo-, sí parece que acertó en su diagnóstico: el terrorismo se ha convertido en rutina para los europeos.

Los mismos que colmaron las redes con el ‘Je suis Charlie’ hace unos años, guardan hoy silencio ante los atentados que sufre Europa periódicamente. No tardarán en señalar a aquellos que sí denuncian las atrocidades islámicas en todo el mundo por «remover» el pasado. La multitud ha desaparecido de las marchas ciudadanas y ni siquiera en Internet se ha vivido un clima de repulsa a la altura de los hechos. ¿Por qué?

Un preso de permiso mata a 3 personas al grito de 'Alá es grande' en Bélgica

¿Por qué los medios ocultan la nacionalidad de los atacantes cuando estos proceden de Oriente Medio? ¿Por qué esas mismas cabeceras niegan el carácter islamista de este tipo de ataques? ¿Por qué siempre se tacha a los terroristas de «locos y lobos solitarios» a pesar de contar con un plan de acción medido? ¿Por qué se culpa a los occidentales -tal y como aseguró el presidente francés, Emmanuel Macron- de no haber sido capaces de integrar a estos asesinos en la sociedad?».

Generaciones completas de europeos han vivido bajo el paraguas de la UE. La creación del espacio comunitario ha sido siempre uno de los grandes logros esgrimidos desde Bruselas hasta que sus numerosas fallas se convirtieron en evidentes a ojos de la opinión pública. El espacio Schengen, que elimina los controles en los pasos fronterizos, retiró una competencia clave del Estado y permitió la entrada de centenares de terroristas de Siria e Irak listos para atentar.

La llegada de islamistas procedentes de Europa acrecentó un fenómeno que se lleva gestando durante años gracias a la connivencia de las autoridades: la creación de barrios donde los imanes radicales han tomado el poder, la sharia se ha ido implantando y las Fuerzas de Seguridad tienen restringida su entrada. París, Londres o Bruselas son algunos de los ejemplos más evidentes.

Yihadismo en Europa: cuando morir se convirtió en rutina para los ciudadanos

El islamismo está en guerra contra Europa y sus planes para el continente son más que evidentes. Una contienda que resultará imposible vencer en las condiciones actuales. Los gobiernos occidentales han salido al campo de batalla con los ojos vendados, cargados de complejos, sin escudo y mucho menos espada.

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