Combatir a Uber: el error de los taxistas colombianos

SE DEBE APOSTAR POR LA FÓRMULA EN LA QUE GANAN CONDUCTORES Y CONSUMIDORES

Foto: Marc Kleen – Unsplash

El miércoles 25 de noviembre fue una jornada de protestas de taxistas en ciudades como Medellín, Bucaramanga, Bogotá, Cali, Manizales, Cartagena, entre otras.

El objetivo de la movilización era mostrar el rechazo por parte del “gremio amarillo” hacia las leyes que se discuten actualmente en el congreso que buscan regular las plataformas de economía colaborativa que prestan servicios de transporte como Uber, Didi, Cabify y Fory.

Se vieron mensajes como “la dignidad del gremio amarillo”, “estamos protestando por la ilegalidad” o “no al transporte público en carro particular”

Si bien, los taxistas tienen razón en que trabajar se ha vuelto difícil y el mercado cada vez es más exigente, la forma y las soluciones propuestas son erradas.

Es un hecho que el mercado del transporte público en el país padece múltiples regulaciones y costos de operación. Algunos de esos obstáculos son los costos de la gasolina, regulaciones y controles, tarifas, y especialmente, los cupos. Estos últimos suponen dispendiosas sumas de dinero que podrían denominarse como “corrupción legalizada” como barrera de entrada al mercado y control del flujo de vehículos de transporte público disponible en las distintas ciudades.

En lugar de ser administrados por las autoridades nacionales, los cupos los administran las autoridades locales. Este aspecto representa la principal desventaja del gremio con respecto a las formas alternativas de transporte –sin mencionar la evidente cartelización de las empresas de taxis que actualmente imponen control sobre las operaciones–.

No todos los taxistas, o más específicamente, los propietarios, quieren preservar el monopolio. Por su parte, asociaciones como el Movimiento Nacional de Conductores de Taxi (Monalcontax), se pronunciaron en contra del paro y a favor de la regulación y legalización de las plataformas digitales de movilidad.

Afirman en su comunicado que “para acabar con el monopolio de taxis solo existe un camino, y es la creación de otra modalidad de taxi que pueda operar en vehículos particulares”.

Existen dos opciones: en primer lugar, prohibir plataformas digitales y potenciar la concentración del poder de ciertos sectores en el ya reducido mercado de los taxis. Esta opción implicaría un peor servicio por la falta de competencia y peores precios. Pierde el consumidor.

En segundo lugar, está la opción de regular las plataformas digitales, preferiblemente con estándares mínimos, a la par que liberalizar el mercado de los taxis e igualar las condiciones para competir. Pierde el monopolio. Ganan el consumidor y los conductores –tanto de taxis como de vehículos particulares para servicio público–.

La tecnología es imparable. Algunos sectores políticos prometen absurdamente contener esa tendencia que nos envuelve, marca nuestra vida cotidiana y sobre la cual poco o nada podemos hacer para detenerla.

Las plataformas colaborativas llegaron para quedarse, no solo aplican para transporte, sino para otros mercados como servicios y hospedaje.

El mercado es una estructura donde demandantes y oferentes viven en constante intercambio de información. Eso exige un esfuerzo especial por parte de los oferentes para conocer las preferencias del consumidor y satisfacerlas de mejor manera.

No es cómodo, es exigente y a veces conlleva a procesos dolorosos por parte de los agentes, pero es gracias al mecanismo del mercado que se dan eficientes asignaciones de recursos.

Al inventarse el bombillo, los vendedores de velas protestaron fuertemente. Al traer el carro a Colombia, los arrieros se manifestaron. Y seguramente así seguirá pronunciándose cuanto gremio o sector económico se vea amenazado por competidores que presenten mejores prácticas, precios o calidad. Este debate seguramente se presentará en diferentes mercados.

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