El camino al Supremo y los milagros de la estadística

¿CONSIGUIÓ BIDEN 80 MILLONES DE VOTOS?

Si Trump no tiene razón, lo que pasó el viernes, cuando un tribunal de apelación de Pensilvania rechazó volver a juzgar la demanda previamente rechazada por la campaña del presidente para detener el proceso de certificación de los votos del estado, alegando que los demandantes no habían probado su caso, es un golpe de muerte a las pretensiones del magnate neoyorquino.

Pero si Trump tiene razón, y estamos ante el mayor fraude de la historia norteamericana, el juez Stephanos Bibas les habría hecho un gran favor, al poner el caso más cerca de su verdadera meta, el Tribunal Supremo, después de haber podido presentarlo ante el pueblo americano. En palabras de Jenna Ellis, del equipo jurídico del presidente, “la maquinaria judicial partidista en Pensilvania sigue encubriendo las acusaciones de fraude masivo”.

Y sigue, en un comentario aparecido en su cuenta de Twitter: “Estamos muy agradecidos por haber tenido la oportunidad de presentar pruebas y datos a la lesgislatura del estado de Pensilvania. ¡A por el Supremo!”.

El presidente ha ido a un punto que no es disputable, sea o no prueba admisible: los propios números de la elección

De hecho, el propio presidente ha hecho este domingo unas declaraciones por teléfono a la cadena Fox en las que la entrevistadora, Maria Bartiromo, le ha hecho confesar que si no llegan al Supremo, darán el caso por perdido. Trump sigue convencido de haber sido víctima de un fraude en el que ahora están colaborando los medios con un insólito apagón al respecto: “Es imposible que Biden consiguiera 80 millones de votos, superara a Obama en las comunidades negras más pro Obama y en otras fracasara estrepitosamente”.

En medio de todas las declaraciones juradas, historias de votos irregulares, de sacas perdidas, de votantes múltiples y de máquinas diseñadas directamente para manipular elecciones, el presidente ha ido a un punto que no es disputable, sea o no prueba admisible: los propios números de la elección.

Aquí uno puede ignorar las pruebas, puede pensar que todas las trampas de que hablan Giuliani y Powell son menudencias o directamente falsedades. Pero quedan los datos, los números oficiales, y sus numerosas paradojas y perplejidades, como esa de que haya votado más gente a Biden que al propio mesías Obama. No sé si recuerdan la adoración francamente irreverente con que la prensa rodeó al primer presidente negro, del que solo faltaba esperar que caminase sobre las aguas. Obama era puro carisma, mientras que Biden, un hombre de la Nomenklatura desde que soltó el biberón y que ha intentado en vano en numerosas ocasiones ser candidato presidencial, apenas puede conseguir que un puñado de personas aguante sus balbuceantes incoherencias seniles. ¿De verdad este hombre ha sido más votado que Obama?

Y eso, al mismo tiempo que el perdedor recibía más votos que ningún otro presidente que se presentara a su reelección, once millones más que en 2016 (Obama ganó la reelección con 3,5 millones de votos menos que en sus primeras presidenciales).

El xenófobo, homófobo y racista Trump, además, consiguió una mayor proporción del voto de las minorías que ningún otro candidato republicano desde Nixon. Más curiosidades: Trump ganó a lo grande en Florida, Ohio e Iowa, y desde 1852, con la excepción de unas elecciones altamente sospechosas perdidas por Nixon contra Kennedy, ningún candidato ha perdido las elecciones. Por lo demás, cuando Iowa y Ohio se decantan por un candidato, otro tanto hacen Michigan, Pennsylvania y Wisconsin, y lo mismo puede decirse de Ohio y Florida.

Biden, del que se nos dice que ha conseguido un número récord de votos, también obtuvo un récord de derrotas en número de condados: solo obtuvo un 17%, 524, frente a los 873 de Obama en 2008. Casi milagrosamente, ganó exactamente allí donde más lo necesitaba.

Otra curiosidad es que, normalmente, el ganador de las presidenciales suele arrastrar para su partido ganancias en las legislativas. No fue así en este caso. Los republicanos mantienen el Senado y obtuvieron ganancias en la Cámara: los 27 puestos que estaban en disputa, todos ellos, fueron para el GOP.

Además de las encuestas, los expertos se fijan en muchas otras mediciones que, históricamente, han tenido un margen de error mucho más pequeño que las primeras, y todas ellas favorecían a Trump: asistencia a mítines, seguimiento en redes sociales, búsquedas en Internet o número de pequeños donantes. Puede fallar uno, quizá dos, pero ¿todas?

La propia noche electoral fue una fuente de singularidades estadísticas, con Trump venciendo holgadamente en todos los estados dudosos, una interrupción de horas y, al volver el recuento, una avalancha de votos solo para Biden. Hablamos de enormes remesas de votos en las que no era extraño una proporción búlgara del 90% a favor del demócrata. En Georgia, Biden se impuso a Trump después de que este fuera ganador indiscutido con el 89% escrutado. En las siguientes 53 remesas de votos contados, Biden superaba a Trump exactamente en idéntica proporción en todas ellas, 50.05% sobre 49.95%.

Si, al final, se da por ganador a Biden, desestimando las alegaciones de fraude, habrá que cambiar todos los manuales de estadística y probabilidad.

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