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El empresariado chavista, una pieza clave en la estructura del régimen a los mandos de Delcy Rodríguez

El negocio de bailar al son del chavismo
Foto: EuropaPress Foto: EuropaPress

Por supuesto que hay gente capaz de sorprenderse aún en esos momentos cuando ocurren cosas extrañas en la Venezuela capturada por el régimen criminal chavista. A pesar de que todo se ha visto ya, a pesar de que están ante los ojos de todos esas acciones de los elementos componentes del sistema, aún algunos dejan margen para la sorpresa.

Que el régimen organice otras elecciones fraudulentas y que los “opositores” que juegan con las reglas del sistema lo acepten, no tiene que ser sorprendente ya. Ha sido el juego durante 22 años y nada de nuevo tiene, como no sea que el cuento ya nadie lo cree. Por eso, cuando vemos que connotados dirigentes políticos que dicen ser opositores al régimen chavista, regresan al país luego de haberse declarado perseguidos políticos y nadie los encarcela, no tendría que haber sorpresas. Es claro que hablamos de una oposición falsaria, construida a la medida del régimen que requiere a esa oposición que soñaba Stalin, la organizada por ellos mismos según sus necesidades, antes de que se organice una genuina. 

Volvieron entonces los supuestos perseguidos, nadie los persiguió y, sin sorpresa, manifestaron su intención de participar en las próximas elecciones municipales y regionales que el chavismo prepara, con las condiciones fraudulentas de siempre. Ha sido sencillo entonces ver la práctica: si participas en las elecciones del régimen, tendrás a un empresario boliburgués que te financie y el régimen te perseguirá menos y hasta te dejará sentarse a su mesa. Si te niegas a participar, te negarán el agua y el pan.

Pero para que ese sistema funcione debidamente, se requiere de los empresarios afines al régimen. Esos que harán negocios al amparo del Estado chavista, asociados con elementos del régimen o como simples interpuestos o testaferros, siempre con dinero de origen ilícito y con negocios que solo funcionan en un entorno controlado por criminales: monopolios, concesiones estatales, contratos de obras, proveedores de comida para las herramientas de chantaje contra la población, etc.

De estos elementos, en este momento, se está encargando la ya conocida en España Delcy Rodríguez.

El negocio de bailar al son del chavismo

Dicho lo anterior, no debería entonces sorprender que en la última reunión anual de la patronal Fedecamaras, en vez de mensajes de aliento al empresariado perseguido, expropiado, confiscado y expoliado, se pronunciaran palabras incentivando la inversión en ese entorno mafioso. La organización desde la que en 2002 se organizara la toma de control del movimiento ciudadano que sacó a Hugo Chávez de la presidencia por 48 horas, es hoy agenciadora del legado del difunto. Antes, salió de la presidencia del ente empresarial un presidente encargado por horas del poder. Hoy, el presidente de la organización se atreve a decir que él no se considera distinto a quienes están en el régimen “porque todos somos venezolanos”. 

Es muy fuerte esa declaración. Es quizás la más importante declaración que pueda hacer un líder del gremio de empresarios en Venezuela, pues si se declara igual que los chavistas, podría entonces decírsele desde narcotraficante hasta violador de los derechos humanos, pasando por corrupto, drogadicto y comunista. Pero al señor Ricardo Cusano Maduro parecen no importarle esas nimiedades.

¿Por qué debería de importarle? Fue capaz de invitar como oradora especial a Delcy Rodríguez. Por supuesto, doña Delcy fue gustosa. Feliz. No hacía falta que se quitara el tapabocas para adivinar su sonrisa amplia y su alegría completa. Tan alegre estaba, que fue capaz de decir que los empresarios venezolanos son “los más envidiados del mundo” porque en ninguna parte del planeta se tienen “mejores condiciones para invertir” que en ese paraíso creado por el chavismo, donde la gente se va a pie por las fronteras a buscarse la vida en cualquier esquina del mundo ajena al socialismo del siglo XXI.

Pero al empresariado allí presente no parecía hacerle ruido nada de lo indicado, nada de lo declarado, nada de lo auspiciado. Fueron capaces además de darle el premio del “Empresario del Año” a Alberto Vollmer, miembro de una prominente familia de empresarios que, caídos en la decadencia de los linajes, decidió ayudar al chavismo en lo que necesite a cambio de financiamiento y condiciones especiales para desarrollar lo que queda de su negocio, fundamentalmente el ron que sale de su hacienda “Santa Teresa”, muy consumido en el mundo por inocentes bebedores que desconocen que en cada trago colaboran con un régimen de oprobio.

Ese es el modelo de empresario que el chavismo quiere y requiere. Y es Delcy quien lo premia.

Un modelo de empresarios listo para exportar 

Es por eso que Delcy Rodríguez fue recibida en España por el ya defenestrado José Luis Ábalos, ministro de transportes del sanchismo y segundo del partido en su momento. Porque es la agenciadora actual de los movimientos de empresas, interpuestos y fachadas, para promover al empresariado modelo que el socialismo requiere.

Solo debe revisarse un dato nada casual: los más connotados personajes de la boliburguesía, los empresarios del chavismo que vieron nacer, renacer o multiplicar sus fortunas gracias a las prebendas que el régimen les dio, han escogido España como asiento principal. Abandonando la antes codiciada Miami o la confortable República Dominicana, convertida ya solo en sitio vacacional.

Por Madrid se multiplican las inversiones inmobiliarias de los personajes más oscuros del capital boliburgués. Es más que obvio que el ladrillo se está utilizando no solo para legitimar capitales, sino también para incursionar en el mercado negro de las influencias en la actividad política. Pues si hay dinero para invertir y hay además pasaporte europeo, nacionalidad española y demás artilugios de ley, evidentemente habrá voluntad de financiar partidos y posiciones, medios de comunicación y campañas, líneas informativas y editoriales.

Basta con echarse una paseada por las páginas de los principales medios madrileños cuando se trata de hablar de Venezuela. Sorpresivamente se acepta como opositores legítimos a personajes vinculados por línea familiar y empresarial con la boliburguesía asentada en España. Y esos asentamientos boliburgueses no son clandestinos. Son celebrados en las páginas de las más prestigiosas publicaciones del corazón y en los principales salones públicos y privados. Alcaldes, presidentes de comunidades y ministros saben de quienes se trata. Dirigentes de partido de todo el espectro ideológico, también.

Es entonces claro el asunto: el empresariado chavista es una importante pieza en la estructura del régimen. Yo los llamo “la tercera pata de la mesa”, pues son los que permiten que el sistema chavista funcione, con el trasiego de recursos del régimen hacia la oposición falsaria. Porque en el socialismo del siglo XXI no hay uno sin dos, ni dos sin tres.

Queda la pregunta abierta ¿Por qué están esos empresarios asentados en España? ¿Para invertir o para financiar?

Ojalá no sea el tiempo el encargado de responder, sino la justicia.

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