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‘El Jueves’, Samuel y el ‘agitprop’ de (casi todos) los medios contra VOX

las reglas del juego no son iguales para todos

Una pedrada lanzada en Sestao hirió a una diputada de VOX durante la campaña de las elecciones vascas el verano pasado. La sangre emanó de su ceja pero el portavoz de Podemos en el Congreso dijo que todo fue un montaje bañado en salsa. “Sólo hizo falta un poco de kétchup para que se tragaran un bulo”. La reacción de Echenique no fue aislada, vino acompañada de titulares que cuestionaban o banalizaban la agresión sufrida por la diputada Rocío de Meer a manos de grupos de extrema izquierda y separatistas vascos. El digital El Plural contaba la noticia con la misma siniestra equidistancia con la que Egin (“Ortega vuelve a la cárcel”) publicaba los crímenes de ETA: “VOX difunde la imagen ensangrentada de la diputada agredida en el mitin de VOX en Sestao” o “Ponen en duda la credibilidad del parte médico de la diputada de VOX publicado por Abascal”. Otro medio, Eldiario.es, no era capaz de admitir que la agresión se había producido, así que la ponía en boca del partido: “VOX denuncia una agresión en Bizkaia con piedras y botellas a su diputada en el Congreso Rocío de Meer”.

Claro que ha habido más y peores ejemplos. La plaza roja de Vallecas se convirtió en abril en el campo de pruebas donde la extrema izquierda, espoleada por Pablo Iglesias, practicó la gimnasia revolucionaria a costa de VOX. El acto electoral que Monasterio y Abascal celebraron durante la campaña madrileña acabó con 14 heridos -dos con la cabeza abierta- y un policía pateado en el suelo. Antes de llegar a la violencia física se oyeron cánticos de “gora a ETA, “puta España” y “pim, pam, pum”, tristísima constatación de que los cachorros de Iglesias han batasunizado Madrid dedicando vivas a quienes en este mismo barrio asesinaron a seis personas con un coche-bomba en 1995.

Entre los cabecillas de los ataques se encontraban dos escoltas de Pablo Iglesias detenidos días después por la policía. Aunque nada de esto se supo cuando ocurrió, pues el ministro Marlaska ocultó la información -suponemos- para no interferir en la campaña electoral. Ver a escoltas del Gobierno atacando a la oposición no sucedía desde la madrugada del 13 de julio del 36. Aunque todo el mundo pudo ver a quiénes lanzaban las piedras y quiénes fueron los agredidos, la reacción en muchos medios y partidos medios fue equidistante: Abascal fue a provocar. Lo dijeron Iglesias, Errejón y hasta el presidente del Gobierno, que aseguró que VOX fue “a montar bronca”.

Los sucesos de Vallecas enfangaron el terreno y desde ese momento Iglesias llevó la campaña hacia donde más cómodo se siente: la violencia. Días después aparecieron unas cartas con balas dirigidas al propio candidato de Podemos, el ministro Marlaska y la directora de la Guardia Civil. “Están amenazando la democracia”, sentenció Iglesias. Luego la siguiente carta la recibió la ministra Reyes Maroto, que señaló a VOX sin tapujos: “VOX busca el odio y la confrontación, espero que los madrileños paren a la ultraderecha; el odio de esa ultraderecha y del fascismo llega todos los días como un altavoz y acaba en una persona vulnerable haciéndose eco y mandando una carta deseando mi muerte”. Estas palabras le costaron una querella del partido de Abascal por injurias, calumnias y delito de odio.  

A esas alturas de campaña toda la izquierda se movía al ritmo de Iglesias en el eje democracia-fascismo que él mismo había instaurado. El objetivo era relacionar a VOX con la violencia sin importar quién lanza la piedra y quién pone la cabeza. El sobre con balas era ideal para usarlo como serpiente mediática pero la izquierda quería más y encontró un precedente para estigmatizar al adversario sin prueba alguna: el chat de militares jubilados contrarios al Gobierno. La brigada de información (Ferreras, Cintora, Escolar, Maestre…) encendió las alarmas como si hubieran interceptado los planes de una inminente sublevación militar, una especie de 18 de julio anunciado por whatsapp. Iglesias añadía más dramatismo: “No ha habido ninguna consecuencia para los militares retirados que hablaban de fusilar a 26 millones de españoles por rojos. ¿Cómo no van a sentir una impunidad absoluta como para enviarnos amenazas de muerte con balas de un fusil de asalto?”.

La sobreactuación era el hilo conductor en todas las tertulias patanegra en las que se fantaseaba con la posibilidad de que la ultraderecha gobernara. Curiosamente semanas antes se produjo otro acto vandálico aún sin resolver el lanzamiento de un artefacto incendiario contra la sede de Podemos en Cartagena. Fue el primero de los ataques denunciados por Iglesias un mes antes de las elecciones. “En este vídeo podéis ver el ataque de la ultraderecha, con material explosivo, a una sede de Podemos hoy mismo. El terrorismo callejero de los ultras no va a amedrentarnos. Frente a los violentos y sus blanqueadores: democracia, libertad de expresión y justicia social”. Iglesias señalaba a la ultraderecha sin que la policía lo hubiera corroborado. Tres meses después la autoría es un misterio tanto del atacante de la sede como del remitente de las cartas con balas. 

El último episodio de agitprop lo ha encontrado la izquierda en el asesinato de un joven, Samuel, en La Coruña. El ministro del Interior, conocedor de lo ocurrido, ocultó los datos acerca del móvil del crimen y de la nacionalidad de los agresores. Lo único que trascendió a la prensa fue que a la víctima le llamaron “maricón” mientras una jauría le golpeaba a puñetazos. De esta manera, Ferreras, Cintora, la cadena SER, El País y otros medios de agitación y propaganda, prepararon el terreno para que la extrema izquierda y el lobby LGTBI salieran a las calles. En La Coruña el padre de Samuel pidió respeto a quienes, con el cadáver aún caliente, politizaban la muerte sin rubor alguno. Aunque la investigación ni mucho menos estaba cerrada estos medios especularon con un crimen homófobo y, al introducir el asunto en las tertulias, inmediatamente se señalaba a VOX como responsable. Eduardo Madina, en la SER: “Hay personas en este país con orientaciones sexuales que a VOX no le gustan, que considera que no tienen cabida en esta sociedad”. 

En la calle los antidisturbios tuvieron que intervenir en Madrid en una marcha no autorizada por la delegación del Gobierno. “Ayuso, fascista, estás en nuestra lista” y “Abascal, puto criminal” fueron algunos de los cánticos. Días después la policía identificó en estos disturbios a los cabecillas del ataque a VOX en Vallecas. En La Coruña, por cierto, algunos de los detenidos por el asesinato desmontaban la narrativa oficial: un ultraizquierdista de los Riazor Blues, una mujer joven y un brasileño. 

Otro de los casos en los que se ha señalado a VOX como instigador de la violencia ha sido el de la revista satírica El Jueves, que valiéndose de tal condición publicó unas viñetas ofensivas contra algunos de los líderes de VOX. La más dura, por motivos evidentes, fue la de José Antonio Ortega Lara, al que caricaturizaron en una viñeta en la que aparece con quemaduras por una excesiva exposición al sol: “El pobre Ortega tiene el cuerpo lleno de quemaduras, no es sano estar cara al sol tras tanto tiempo a oscuras”. VOX contraatacó en redes sociales con un tuit señalando al responsable de la publicación: “Se llama Ricardo Rodrigo Amar y es presidente de RBA, grupo que edita El Jueves. Su revista difunde odio contra millones de españoles a diario. Es posible que muchos de ellos le empiecen a exigir responsabilidades cuando le vean salir de su despacho de la diagonal de Barcelona”. Esto último fue lo que suscitó la reacción en casi todos los medios que alertaron de que Ricardo Amar podría sufrir agresiones por culpa del tuit. Pero cuando las agresiones sí suceden -y siempre en la misma dirección- se justifican por las ideas y posiciones del partido. Por eso si al enemigo le molesta una crítica satírica se recurre al humor y a la libertad de expresión, algo que, naturalmente, no sucede cuando son ellos los afectados. 

En mitad de la polémica la nueva secretaria general de Podemos y ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra, anunció que se suscribía a la publicación. El espaldarazo de la ministra a la revista era una forma de decir a VOX que debe aguantarse. Nada de eso ocurrió cuando un juez jubilado dedicó un poema satírico a Irene Montero, Iglesias y Tania Sánchez en la revista de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria. Entonces la diputada de Podemos, piel extrafina, llevó a los tribunales al juez que escribió el poema “De monjas a diputadas”. Decía así: “Cuentan que en España un rey / de apetitos inconstantes / cuyo capricho era ley / enviaba a sus amantes / hacer de un convento grey. / Hoy los tiempos han cambiado / y el amado timonel / en cuanto las ha dejado / no van a un convento cruel / sino a un escaño elevado. / La diputada Montero / ex pareja del ‘Coleta’ / ya no está en el candelero / por una inquieta bragueta / va con Tania al gallinero”. La denuncia de Irene Montero le reportó una indemnización de 70.000 euros (50.000 para el juez y 20.000 para la revista) que revocó la Audiencia Provincial de Madrid y después el Supremo desestimando la demanda de Irene Montero. 

Se trata, desde luego, de otro caso más en que las reglas del juego no son iguales para todos. Si no, imaginemos que el Tribunal Supremo hubiera confirmado la pena de 19 meses de prisión a un diputado de VOX por agredir a policías. ¿Se hubiera usado como coartada para la ilegalización del partido? Es algo que Isabel Serra sabe que jamás sucederá con el suyo.

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