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El régimen de Daniel Ortega recrudece la persecución contra los obispos en Nicaragua

Por su apoyo al pueblo que lucha contra la tiranía
Un hombre, con una mascarilla de protección contra la enfermedad del coronavirus (COVID-19), camina junto a un mural que representa al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, en Managua, Nicaragua. 30 de marzo de 2020. REUTERS/Oswaldo Rivas

La represión en Nicaragua no cesa. Para la activista política disidente, Muñeca Fuentes, el recrudecimiento de los ataques del dictador Daniel Ortega contra los obispos en Nicaragua se debe a que la Iglesia ha permanecido al lado del pueblo durante la cruenta represión del régimen y desde el púlpito guían por el camino de la verdad y la justicia, dos cosas con las que el dictador no comulga. 

Ortega atacó nuevamente a los obispos llamándolos “terroristas” el día que arrancó oficialmente su campaña electoral para su cuarta reelección consecutiva. En agosto se refirió a los miembros de la Conferencia Episcopal como “hijos del diablo”, ataques que son respaldados por su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, sancionada por Estados Unidos por violación a los derechos humanos en el contexto de las protestas.

Desde el 2018, tras las protestas de abril, los ataques y amenazas del régimen de Ortega contra los obispos han venido escalando.

Mientras, Estados Unidos reaccionó a los nuevos ataques del tirano centroamericano contra los obispos. El subsecretario de Asuntos del hemisferio occidental del Departamento de Estado, Brian Nichols, calificó los ataques de Ortega como “peligrosos”.

“Las peligrosas críticas de Ortega a los obispos católicos muestran su miedo a las voces independientes nicaragüenses y su disposición a atacar a todos los disidentes. Apoyamos la libertad de religión y libre expresión en todas partes y permanecemos al lado a la sociedad civil de Nicaragua”, dijo el funcionario estadounidense.

Los obispos participaron como mediadores del diálogo nacional que el mismo Ortega solicitó en momentos que estaba arrinconado por las multitudinarias protestas de abril en las que los nicaragüenses demandaban su salida del poder.

El diálogo fue aceptado por la oposición en la búsqueda de una salida a la crisis sociopolítica, pero Ortega buscaba ganar tiempo para organizar a los paramilitares ante una policía desgastada, así inició el plan de operación limpieza que desmontó las protestas a sangre y fuego que dejó 325 muertos, dos mil heridos, centenares de presos políticos y más de 100 mil exiliados. El interés de Ortega es amedrentar y silenciar a los obispos.

Política de terror

Ortega hoy culpa a la Iglesia por las protestas contra su régimen. “Los verdaderos responsables del terrorismo no eran los que estaban en los tranques, esos también eran delincuentes, pero los jefes, los que organizaban todo esto, eran los [de] cuello blanco, los que no se ensucian las manos, los que no se ensucian las zapatillas, los que se sienten intocables. Esos que están procesando [presos políticos] ahora son vírgenes puras, son terroristas, los que organizaron a los terroristas, son los que llevaron el documento de los terroristas, esos obispos que son terroristas también”, dijo el dictador sandinista.

Fuentes dijo que el asunto de fondo es que “la Iglesia es la voz de Cristo que se pronuncia por la justicia, por el bien común, por una paz verdadera basada en la justicia. El dictador ataca a la iglesia porque le tiene terror a Dios”.

El caudillo sandinista ha implantado la política del terror, impide las manifestaciones, la libertad de manifestación y de expresión, la salida del país de opositores y mantiene encarcelados a más de 150 disidentes, entre ellos siete aspirantes presidenciales y enjuicia a una excandidata a la vicepresidencia por llamar al voto contra Ortega.

El dictador se postula sin competencia a las elecciones presidenciales y se impondrá por otros cinco años más respaldado por las armas del Ejército, la policía y los grupos paraestatales organizados por su régimen.

Casi 4.5 millones de nicaragüenses están aptos para votar. El régimen busca que los ciudadanos acudan a las urnas. Las elecciones se efectuarán el próximo 7 de noviembre.

Se espera un alto porcentaje de abstencionismo durante las elecciones debido a las masacres propiciadas por el gobierno y el descontento de la ciudadanía. Ortega pretende revertir la abstención para legitimar los comicios, pero algunas organizaciones desde el exilio promueven campañas llamando a los nicaragüenses a no votar y han intensificado el cabildeo para que se incremente la presión internacional contra Ortega y el Ejército de Nicaragua.

Ataques no son nuevos

Durante la primera etapa del régimen sandinista Ortega también atacó a la Iglesia Católica, persiguió y desterró obispos. En marzo de 1983 la misa que realizó el papa Juan Pablo II en una plaza pública durante una visita a Nicaragua fue saboteada por los sandinistas. Algunos periodistas afirmaron que la vida del pontífice estuvo en peligro.

En la actualidad la represión contra la iglesia ha ido escalando y ha sido objeto de actos criminales como el del 14 de julio de 2018. La parroquia Divina Misericordia fue atacada durante 15 horas con armas de guerra por la Policía y paramilitares organizados y financiados por el régimen sandinista. Ahí se refugiaron estudiantes que participaban en las protestas. El asalto dejó un muerto y varios heridos. La Iglesia medió para evitar más muertes. Las paredes del templo quedaron acribilladas por las balas.

En diciembre de 2018, una mujer lanzó ácido en el rostro del vicario de la Catedral de Managua, Mario Guevara, causándole severos daños. La autora del atentado -de nacionalidad rusa- fue liberada al poco tiempo.

En agosto del 2020, un desconocido ingresó a la Catedral de Managua y lanzó una bomba contra la imagen de la Sangre de Cristo dejándola totalmente calcinada.

Los obispos han sido perseguidos y agredidos por turbas sandinistas. Las amenazas de juicios contra los obispos han sido expresadas en los medios oficialistas por personeros de la dictadura. 

Ante el contexto en que se desarrollan las elecciones, la comunidad internacional se ha pronunciado sobre la crisis y las elecciones en Nicaragua argumentando que los comicios no son libres ni democráticos y que no serán reconocidos. Esto podría derivar en nuevas sanciones, aislamiento para la nación centroamericana y desatar aún más furia del dictador sandinista señalado de cometer crímenes de lesa humanidad.

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