El erróneo augurio de Biden antes de la proclamación del Emirato Islámico de Afganistán

no es Donald Trump el único que exige su dimisión
El presidente de EEUU, Joe Biden. Reuters

Biden sigue escondido -de vacaciones- en Camp David mientras en Afganistán se regresa a la casilla de salida, veintiún años, cientos de miles de muertos y tres billones de dólares después, con los talibanes proclamando en un caótico Kabul el Emirato Islámico de Afganistán.

Pero hablará “en los próximos días”, ha anunciado la Casa Blanca.

No va a ser fácil. La última vez que habló públicamente de este asunto, hace demasiado poco, culminó la comparecencia más desastrosa de la historia de la televisión asegurando que el Gobierno afgano respaldado por Washington se impondría fácilmente sobre los talibán, teniendo como tienen muchos más efectivos, fuerza aérea, armamento y entrenamiento norteamericanos.

Llegó, incluso, a ‘mentar la bicha’ cuando rechazó con contundencia las comparaciones con la icónica caída de Saigón de 1975, la desastrosa Guerra de Vietnam que provocó un verdadero trauma nacional. Peor: hizo referencia explícita a la ominosa foto del Chinook recogiendo docenas de refugiados survietnamitas en la embajada de Saigón, asegurando que esa foto no se vería en esta ocasión. Y, con la precisión de un reloj suizo, es la foto que todos hemos visto en el aeropuerto de Kabul, Chinook incluido. Una catástrofe de comunicación tan rotunda que, por una vez, no es Donald Trump el único que exige su dimisión.

Una foto en las redes sociales desde la cuenta de la Casa Blanca nos muestra a Biden en Camp David ante un montón de pantallas, como queriendo decir que el presidente sigue con diligencia los acontecimientos. Lástima que a nadie se le haya ocurrido tapar algunas pantallas, especialmente la marcada como CIA, y ahora el mundo entero conozca la cara de los operativos norteamericanos de inteligencia ahí. Es difícil hacerlo peor.

Al cierre de este artículo no queda claro si Biden hablará desde su retiro vacacional en Camp David o si regresará a la Casa Blanca para retransmitir su esperado discurso, porque lo previsto es que permanezca en su lugar de vacaciones hasta el miércoles.

El pasado sábado, la Casa Blanca hizo pública una nota de 600 palabras presuntamente redactada por el presidente en la que defiende su decisión de abandonar Afganistán y echando la culpa de la situación, ya tardaba, al expresidente Donald Trump por empoderar a los talibán. El domingo, la Casa Blanca envió al secretario de Estado, Tony Blinken, a hablar de la crisis en diversas cadenas de televisión.

Mientras, el líder talibán Mullah Abdul Ghani Baradar, quien dijo haber sido elegido para gobernar el país, declaraba la victoria de los suyos. “Hemos obtenido una victoria inesperada. Ahora es el momento de la verdad, la hora de mostrar cómo servimos a nuestro pueblo y garantizamos su futuro del mejor modo posible”. En 2010 los paquistaníes arrestaron a Baradar, pero lo liberaron en 2018 por presiones de Estados Unidos.

Los talibán nunca desaparecieron del país, pese a la ocupación norteamericana de más de dos décadas, y ahora es previsible que su control sobre todo el territorio sea más firme que antes de la guerra, cuando importantes zonas en conflicto escapaban a su control. Las facciones que entonces operaban en esas zonas irredentas y ferozmente opuestas a los talibán han desaparecido, y el avance de estos en cuanto Biden anunció la retirada puede describirse como un paseo militar.

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