Intervenciones feministas en Chile: un año de LasTesis

DISCOLAN LA HERENCIA CULTURAL OCCIDENTAL

Foto: Instagram – Colectivo Las Tesis

Justo hace un año Chile llevaba poco más de un mes inmerso en la revuelta del 18-O. Entre toda la anomia, destacaron las performances feministas que, desde un dolor real ―la violencia hacia la mujer―, demandan un cambio estructural en el sistema político.

De los colectivos feministas que participaron del proceso insurreccional, el más conocido es LasTesis, alcanzando notoriedad no solo en Chile sino en el resto del mundo. Este grupo señala que el Estado, la policía y el sistema judicial serían instituciones que perpetúan un sistema patriarcal que oprime a las mujeres, como también a las disidencias sexuales.

El primer acto performativo del colectivo LasTesis ocurrió a finales de noviembre de 2019 en el frontis de la 2ª Comisaría de Carabineros de la ciudad de Valparaíso. Con torsos desnudos, cuerpos pintados y los característicos pañuelos verdes aborteros, empezaron a cantar y bailar Un violador en tu camino. El nombre de este cántico es una transgresión al lema de Carabineros de Chile (“Un amigo en tu camino”) usado en las décadas de los 80 y 90.

La intervención fue sin duda rupturista, capturando la mirada de la opinión pública tanto en Chile como a nivel internacional. Prontamente, esta performance fue replicada en varias partes del mundo: Buenos Aires, Ciudad de México, Berlín o Londres, por nombrar algunas ciudades. También se escucharon los cánticos en numerosas ciudades de España como Barcelona, Madrid, Valencia, y Bilbao, donde incluso se interpretó en euskera. Por esto, la revista Times incluyó a LasTesis entre las “personas” más influyentes del 2020.

Ya se mencionó en columnas anteriores que el modelo de revuelta chileno es uno rizomático y molecular. Tiene como fin subvertir literalmente todo el sistema sociopolítico chileno ―como también el modelo Occidental―.

Su modus operandi acontece a nivel subjetivo: a través de las emociones y los deseos se apela a las subjetividades de las personas para generar una revuelta radicalmente distinta de las que ocurrieron en siglos pasados ―que buscaban modificar la sociedad a nivel estructural y superestructural (en lenguaje marxista, las dimensiones económicas y culturales, respectivamente)―.

Gracias a la deconstrucción de los imaginarios, simbolismos e instituciones que entendemos como buenas, verdaderas y deseables, es posible reemplazarlas con otras concepciones. Este ejercicio se hace a nivel implícito con codificaciones específicas en los medios audiovisuales, por ejemplo, pero también apelando a los sentimientos, a la experiencia sensible.

Las perfomances feministas apelan a un dolor verdadero, pues es difícil no verse conmocionado ante la violencia hacia una persona. Más aún si exponen casos dramáticamente duros como violaciones o asesinatos a una mujer, por lo que es muy probable que las mujeres se vean convocadas por estos actos.

Esto permite, siguiendo a Judith Butler, que se instale un sentimiento de lo “extático”: se genera una apertura de las subjetividades cuando las personas se involucran colectiva y espontáneamente en una intervención de protesta.

De esta manera, es posible que las subjetividades –que ya están intervenidas– sean fácilmente susceptibles a los mensajes explícitamente políticos. Esto provoca que sean acogidos como el discurso válido o la nueva norma a aceptar.

Todos los actos performativos son praxis rizomáticas y moleculares, no solo las intervenciones feministas. Estas prácticas son políticas, pues buscan refundar la sociedad, negando toda tradición, valores y naturaleza humana, dislocando poco a poco la herencia cultural occidental.

Butler, deja atrás el binario de sexos por la noción de género. Entiende que la identidad sexual “se hace” y “se performa” con otros, justamente en sociedad cuando repetimos los códigos y comportamientos del género deseado. Esto implica negar influencia alguna de nuestra propia naturaleza y trascendencia humana, pues, hasta la sexualidad sería un constructo social, que se puede hacer y deshacer constantemente.

Pero lo performático funciona también como una asamblea de los cuerpos, ya que es justamente el cuerpo el territorio donde se hace la disputa política. La performance es una práctica discursiva, donde los cuerpos resisten y quiebran la norma y las reglas de un sistema “héteronormado”. Por ello, desde los feminismos con sus actos ―algunos más abyectos que otros― buscan desplazar las nociones de sexualidad saludable, como las relaciones heterosexuales y monógamas, cuando instalan como aceptable sexualidades que en los últimos siglos han sido consideradas como marginales y desviadas ―la homosexualidad, el travestismo, el sadomasoquismo, y otras parafilias―.

Las numerosas marchas feministas desde 2018 en Chile, dan cuenta que gran cantidad de mujeres se han visto interpeladas por estas praxis políticas implícitas. No solo es develar la lamentable realidad de violencia que una mujer puede sufrir, sino que también implica modificar y trastocar nuestras nociones sociales y políticas.

Por lo mismo, es posible encontrar mujeres que se consideran de derecha –ya sean conservadoras o libertarias, cristianas y católicas que disfrutan de las bondades del libre mercado– que validan los actuales discursos feministas que justamente buscan dislocar lo que representan estas mujeres.

A un año que surgieron LasTesis, podemos constatar que la performance opera como un nuevo ritual que convoca a los ciudadanos con códigos implícitos que apelan a sus sentimientos. Así, las subjetividades se transforman como también nuestras convenciones sociales. Por eso no es extraño que den cátedra de lo que es aceptable hacer o no según la visión feminista. Como ejemplo de lo anterior, el 23 de noviembre, el portal de noticias de Chilevisión señaló que, para LasTesis, es un acto machista escuchar bandas como Metallica o Iron Maiden (noticia que prontamente fue borrada pero aún así logró un nivel de viralización relevante).

Los totalitarismos ideológicos del siglo XXI, entre ellos los feminismos, operan de una manera imperceptible, molecular y rizomática. Sus intervenciones buscan trastocar nuestras relaciones humanas, pero también las nociones clásicas de la política, a través de estos nuevos rituales sociales. Mas no debemos dejarnos seducir por ellos.

Sin duda la violencia –en este caso hacia la mujer– debe detenerse, pero solo es posible lograrlo con políticas públicas adecuadas que entiendan sus reales causas (alcoholismo, drogadicción, problemas psicológicos del entorno familiar, entre otros). 

Estos show performativos no lograrán detener el problema, pues su fin es distinto: socavar todas las bases de Occidente modificando nuestros comportamientos y relaciones humanas.

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