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Sus prácticas 'buena onda' esconden una degradación de la política

‘La Moneda Chica’: la casa desde donde el izquierdista Boric prepara su política buenista y woke para Chile

'La Moneda Chica' se ha convertido en el sitio desde donde Boric prepara su toma del poder. Twitter

Desde que el izquierdista Gabriel Boric salió electo como presidente en el balotaje de diciembre pasado, se ha establecido junto a su equipo político en una casona perteneciente a la Universidad de Chile, conocida como «La Moneda Chica». En ella, el frenteamplista prepara su llegada al palacio presidencial oficial. No obstante, se ha transformado en un símbolo de la “nueva política” posmoderna, caracterizada por las emociones y pulsiones develando la difuminación —deconstrucción— de la política tradicional.

La Moneda Chica, ubicada en la comuna de Providencia —a cuadras de Plaza Baquedano, el epicentro de las protestas del 18-O— se ha convertido en el último simbolismo de la política izquierdista. La casona, prestada por la Universidad de Chile a Boric tras ganar la segunda vuelta presidencial, pasó de ser el lugar donde se realizan las ruedas de prensa y la definición del próximo gabinete a convertirse en una especie de santuario. Pues, es posible ver diariamente a seguidores de Boric que van a rendirle tributo al más estilo new age.

Tan extrañas como disimiles han sido las expresiones ciudadanas a la casona. Por ejemplo, a inicios de enero asistió una vidente que necesitaba entregarle un mensaje a Boric de parte de sus ancestros; también se ven niños acompañados de sus padres que van a ofrecerle dibujos de ellos junto al futuro mandatario; igualmente, se suele ver a adherentes con pancartas y regalos, además de esperar alguna selfie con el exdirigente estudiantil; y como es de esperarse, a la prensa chilena que busca captar todo movimiento del futuro mandatario o su equipo político.

Si Gabriel Boric no puede recibir a sus seguidores o a figuras políticas, Giorgio Jackson (próximo ministro de la Secretaría General de la Presidencia), Camila Vallejo (futura ministra de la Secretaría General de Gobierno) o Izkia Siches (quien asumirá como ministra del Interior), pueden recibirlos con su buenismo exacerbado.

Empero, toda esta aura de la nueva política buena onda devela una degradación de la misma. Pues, las emociones y las pulsiones se han tomado la agenda alejada de toda racionalidad. Esto se observa cuando la prensa y la opinión pública se avocan a hablar del perro de Gabriel Boric porque tuvo una videollamada con el perro del presidente argentino, Alberto Fernández;  o de la cuenta de Instagram del gato de la polola —novia, pero sin compromiso de matrimonio— de Boric, Irina Karamaos, la futura “primera dama”; o de que a Boric le gustan los videojuegos, el animé, el rock o la mayonesa casera.

La prensa —la misma que denominó con el término de “estallido social” a una revuelta insurrecta— ha instalado estos temas en vez de afirmar que en La Araucanía hay terrorismo, o cómo la delincuencia y la violencia han escalado dramáticamente desde el 18-O. Para graficar la actual situación chilena es dable mencionar que, solo durante la semana pasada, cuatro personas fueron asesinadas en la Macrozona Sur y en la capital de Santiago ocurrió un “secuestro exprés” a un niño de 14 años, algo que no sucedía en el país desde hace veinte años. Pero la prensa insiste en animar y fomentar el carnaval en torno a la figura de Boric.

Estas praxis de esta generación algorítmica, que buscan evocar todo sentimentalismo con distintos guiños millennials, también se demuestran en todo significante, por más sutil que sea. Vemos a un futuro presidente que no usa chaqueta y corbata, sino más bien jockey y polera mientras va a comprar “un bajón” —comida que se suele comer después de una fiesta con abundante alcohol—. En rigor, estaríamos asistiendo a una especie de “wake up político/cultural”

Sin embargo, es posible sostener que el buenismo —o la buena onda—, propia de toda juventud, tiene pronóstico reservado. Pues, una cosa es liderar una insurgencia estudiantil y otra muy distinta es liderar un país y administrar el exorcismo de la revuelta. No obstante, la forma cómo se ha levantado la imagen de Boric demuestra lo más crítico de la política post 18-O. Pues, no solo es una limpieza a su imagen de los casos de acoso sexual, de maltrato animal, sino también de sus innumerables coqueteos con la violencia. Así, la política ha devenido meme.

Nada importa que Boric haya recibido sonrientemente una polera con el rostro de un exsenador asesinado en plena democracia, o que se haya juntado con uno de sus asesinos materiales en Francia —quien cobardemente pidió asilo en Francia tras escaparse de la cárcel de Alta Seguridad chilena y estar fugitivo de la justicia—, pues, su “mística aura” y su nueva faceta de conciliador lo soluciona todo.

Empero, si estamos ante tiempos que todo está relativizado, en marcos donde importa más avalar a una mascota que poner freno al terrorismo en La Araucanía, es difícil que el buenismo pueda contribuir al bien común. Y debemos agregar a este ambiente el rol de la Convención Constitucional, que ha contribuido a la política carnavalesca, con pikachus y dinosaurios.

En definitiva, la ausencia de gramática común —y la profundización de esta situación— solo augura tiempos difusos y complejos. Y por más que los medios de comunicación empujen contenidos dignos de memes, será la propia gestión de Boric que hablará por él.

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