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La oposición colaboracionista espera la aprobación de Borrell para participar en el próximo fraude chavista

TODOS LOS BANDOS CALIENTAN MOTORES PARA LA CONTIENDA

Está de visita en Caracas desde hace un par de semanas y el tiempo corre. El reloj se ha puesto cuesta arriba para la misión técnica que ha enviado la Unión Europea (UE) a Venezuela para evaluar si es posible desplegar una delegación de observadores del organismo de cara a las elecciones regionales convocadas por la tiranía chavista para noviembre; eso sin que hasta ahora se hayan conocido mayores valoraciones sobre la situación del país sudamericano. 

En teoría la visita llegará a su final este sábado 24 de julio, cuando los enviados de Borrell deban partir del país. La parquedad con la que han tratado la situación mientras han estado en Venezuela podría corresponder a esa diplomacia aplicada en extremo para no revolver demasiado las aguas en un país ya suficientemente convulsionado

Lo cierto es que los encomenderos de la UE han tenido oportunidad de ver de todo un poco mientras han estado en Caracas. Apenas llegaron a tierras venezolanas estaba aún fresca la detención del abogado Javier Tarazona y de otros activistas de la ONG “Fundaredes”, quienes habían cobrado relevancia en la opinión pública por el activo papel que habían asumido en la denuncia del contubernio chavista con grupos de la guerrilla colombiana en la frontera, durante los enfrentamientos que sostuvieron grupos disidentes de las FARC con el Ejército venezolano en meses recientes. Tarazona y los suyos han terminado imputados por el régimen por cometer delitos tan graves como el de “Traición a la Patria”.  

En medio de todo esto, en Caracas estallaron escaramuzas entre grupos delincuenciales en el sector de la Cota 905 (oeste) y cuerpos de seguridad del Estado. Después de varios muertos y heridos (entre los que se cuenta población civil que transitaba por las zonas en conflicto) Maduro dio por terminada la batalla, afirmando tener control sobre esos territorios, al tiempo que indicó que todo se trataba de una conspiración urdida por el paramilitarismo colombiano y los planes subversivos de ciertos sectores de la oposición política venezolana.  

Luego, el régimen procedió a ejercer la retaliación contra el partido Voluntad Popular (al que están adscritos tanto Juan Guaidó como Leopoldo López), enfilando directamente contra dicha organización. Un partido de por sí menguado -con una dirigencia que mayoritariamente ha tenido que irse al exilio- vio nuevamente a integrantes suyos entrar en las listas negras del chavismo. Así, por ejemplo, fue detenido arbitrariamente en plena autopista caraqueña el exdiputado y número 2 del partido, Freddy Guevara; mientras que uno de los coordinadores operativos de la organización, el exalcalde Emilio Graterón, terminó refugiado en la Embajada de Chile en Caracas, arguyendo persecución gubernamental en su contra.  

Del tour hecho por la misión técnica en la capital venezolana realmente se sabe poco. Pero de lo que ha trascendido públicamente destaca una visita que realizaron los enviados de Europa a una oficina del órgano encargado de las elecciones: el Consejo Nacional Electoral (CNE), sin que luego de la misma se produjese ninguna declaración. De igual modo se supo que los enviados de la UE se reunieron con dirigentes del chavismo y de algunos grupos de la oposición en Caracas, sin que de allí derivasen mayores pronunciamientos. 

Vale recordar que el CNE es un organismo que tradicionalmente se ha visto con mucha desconfianza entre los distintos sectores de la oposición venezolana, al punto de que en los últimos 20 años la composición de su directorio siempre ha estado encabezada mayoritariamente por figuras abiertamente identificadas con el chavismo, así como por el amaño que, desde el punto de vista técnico y del ventajismo en campaña, tienen las votaciones en el país sudamericano, según distintas denuncias formuladas habitualmente por partidos políticos e individualidades de oposición.  

En 2017 la propia empresa que manejaba logísticamente las elecciones en Venezuela, Smartmatic, admitió que en los comicios organizados por el chavismo para escoger una Asamblea Nacional Constituyente se habían manipulado al menos 1 millón de votos en el conteo final. Con ello la figura del fraude electoral quedaba admitida por su propio perpetrador. 

No obstante, el chavismo ha hecho algunas concesiones menores en los últimos meses, dejando que dos figuras en teoría cercanas al bando de la oposición que cree posible derrotar a Maduro en unas elecciones accedan al directorio del CNE; ellos son Roberto Picón y Enrique Márquez. Esto es lo que, entre otras cosas, ha dado la excusa perfecta para que Josep Borrell haya afirmado recientemente, quizá desde el wishful thinking, que en Venezuela hay “una posible apertura política”.

Durante la estadía de la misión en Caracas, Picón ha afirmado que será vital la decisión que tome Europa sobre el venidero proceso electoral venezolano. En tanto que probablemente la determinación que asuma la UE sobre si envía o no observadores a las votaciones de noviembre sean el elemento definitorio que llevará a que ciertos sectores de la oposición se terminen de decantar por participar o no de las mismas. Esto en el entendido de que buena parte de los partidos adversos a Maduro parecen haber tomado la decisión de quedarse en stand by, señalando que si mejoran las condiciones electorales quizá ellos terminarán inscribiendo candidatos. 

Durante la estadía de la misión en Caracas, Picón ha afirmado que será vital la decisión que tome Europa sobre el venidero proceso electoral venezolano. En tanto que probablemente la determinación que asuma la UE sobre si envía o no observadores a las votaciones de noviembre sean el elemento definitorio que llevará a que ciertos sectores de la oposición se terminen de decantar por participar o no de las mismas. Esto en el entendido de que buena parte de los partidos adversos a Maduro parecen haber tomado la decisión de quedarse en stand by, señalando que si mejoran las condiciones electorales quizá ellos terminarán inscribiendo candidatos. 

La mayoría de esos partidos parecen estar metidos en la trampa-jaula: sin mayor repertorio de opciones para hacer frente a Maduro, en ausencia de un apoyo más frontal de los países del mundo para embestir a la tiranía chavista y con la necesidad típica de las nóminas partidistas (cuyos dirigentes locales y regionales han hecho carrera por años esperando poder aspirar a una Concejalía, Alcaldía o Gobernación) de presentarse a este tipo de cargos en elecciones, han configurado una tormenta perfecta.

En suma, estas organizaciones estarían ahora mismo balanceándose en una cuerda, en donde la mayor propensión es a inscribir candidatos, aun cuando se asuma que las posibilidades de que estos resulten electos es baja. Sin embargo, requerirían del visto bueno de Europa con su delegación de observadores para así decir que existen garantías mínimas para participar en noviembre. La idea sería lavarle la cara al proceso y así motivar a un electorado opositor que, a esta altura, no parece demasiado convencido de acudir a las urnas en los meses próximos, con sobradas razones. 

Así, la visita de los enviados de Borrell a Caracas trasciende lo accesorio. Aunque haya pasado quizá por debajo de la mesa y sin estridencias, la misión tiene en sus manos la decisión que podría terminar de lavarle la cara al régimen y al proceso de noviembre en sí. Esto, en tanto que su visto bueno comprometería a gruesos sectores de la oposición a presentar candidatos y, por añadidura, llevaría a la gente de a pie a pensar que hay condiciones para acudir a votar, y resolver el conflicto venezolano a través de los métodos clásicos de la democracia. 

Sin embargo, la delegación de la UE ha podido compendiar distintos matices de la tragedia venezolana en este par de semanas. Por lo que conceder su anuencia, sin más, al proceso de noviembre sería un gesto de franca complicidad con el sistema chavista y los sectores de la oposición que se prestan a hacerle comparsa en medio de irregularidades electorales reiteradas. Esto no da lugar a equívocos. Amanecerá y veremos.

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